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LUNES 17

de febrero de 2020

EDITORIAL

El Perú y la guerra comercial

“El fin de la confrontación, según especialistas, impulsaría también las exportaciones de minerales y contribuiría a mejorar los precios de los metales más importantes de la oferta peruana”.

16/1/2020


LOS gobiernos de Estados Unidos y China suscribieron ayer la primera parte del acuerdo que busca poner fin a la guerra comercial en la que se enfrascaron desde marzo del 2018.

La confrontación empezó cuando el presidente Donald Trump anunció que su administración elevaría los aranceles a más de mil productos provenientes de China en respuesta al déficit en la balanza comercial con ese país. Como era de esperarse, Beijing devolvió el golpe y también colocó aranceles a miles de productos estadounidenses.

Desde entonces, Estados Unidos y China recurrieron a los aranceles como principal herramienta de presión. Con el paso de los meses, el conflicto comenzó a afectar a la economía global debido a los inconvenientes en las operaciones de comercio exterior entre ambas potencias, que representan el 40% de la economía mundial.

Un análisis del Centro de Investigación de Economía y Negocios Globales (CIEN) de la Asociación de Exportadores del Perú (Adex) da cuenta de que el entredicho entre ambas potencias fue el hecho que más influyó en la desaceleración económica experimentada por el mundo entero el año pasado.

De acuerdo con este estudio, el ambiente de incertidumbre frenó las inversiones y afectó la actividad industrial. Asimismo, perjudicó las exportaciones mundiales, que cayeron 4.8% desde marzo del 2018 hasta el tercer trimestre del 2019.

La guerra comercial también afectó notablemente el precio de los metales en los mercados internacionales, así como los volúmenes de las exportaciones mineras.

En ese panorama, era previsible que países cuyo crecimiento económico se sustenta en buena parte en las exportaciones, como el Perú, resultaran afectados. El crecimiento sobresaliente de nuestro producto bruto interno en los últimos años se ha sustentado, en gran medida, en las exportaciones de minerales. Por consiguiente, una variación negativa del precio o una reducción de los envíos al exterior indudablemente perjudicaría a nuestro país. Un dato es clave: China y Estados Unidos concentran cerca del 40% de las exportaciones peruanas.

Sin embargo, la firma de la primera parte del acuerdo abre una perspectiva optimista para el futuro.

En primer lugar, el conflicto no se agudiza, sino que ingresa a una fase en la que es posible lograr un acuerdo final, lo cual tranquiliza a los mercados internacionales.

El fin de la confrontación, según especialistas, impulsaría también las exportaciones de minerales y contribuiría a mejorar los precios de los metales más importantes de la oferta peruana.

Además, según el CIEN, beneficiará la actividad comercial y a las empresas, desde las más grandes hasta las medianas, pequeñas y micro, las cuales podrían volver a exportar en mejores condiciones.

Por lo expuesto, el comienzo del fin del conflicto comercial representa una oportunidad para el Perú. Si a los beneficios que acarrea la desaparición de un factor exógeno negativo se suman los esfuerzos del Gobierno por optimizar la inversión pública y privada, así como por dinamizar el consumo interno, no es utópico pensar que el producto bruto interno podría expandirse a mejores tasas este y los próximos años.