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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
JUEVES 5

de diciembre de 2019

TRABAJO DE CAMPO

El reto:adultos mayores de zonas rurales

Con un nuevo enfoque, el Instituto de Estudios Peruanos analiza la pobreza y desigualdad que subyacen entre las personas de la tercera edad de las zonas rurales, donde los ingresos monetarios son solo una arista.

3/12/2019


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

El programa Pensión 65 se creó en el 2011. A noviembre de este año, suma 574,043 usuarios, que se benefician de la pensión bimestral.

Cada usuario contiene saberes, historias de vida, como la de Maximiliano Cuba, quien cuenta a los escolares de su pueblo en Ayacucho, la historia del caudillo Basilio Auqui, de quien desciende. Auqui encabezó la lucha de Los Morochucos durante la gesta por la independencia contra los españoles. O la del vecino de Pisac (Cusco), Fransisco Ccoyo, quien aprendió de su padre a tocar el pito y el pututo. Ahora visita los colegios enseñando melodías que toca en los “cargos” o fiestas de santos, y en matrimonios. Y, así, medio millón de historias.



¿El crecimiento económico que se dio a inicios de la década del 2000; el llamado “superciclo de materias primas”, vivido por el Perú entre el 2004 y el 2016, ha brindado bienestar y progreso a los sectores poblacionales más olvidados?

Johanna Yancari, investigadora principal del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), opina que el crecimiento económico ha traído disminución de pobreza, gracias a las políticas implementadas por el Estado. Entre ellas, la creación del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis) (2011), la promulgación de la Ley N° 28803, Ley de las Personas Adultas Mayores, el programa Juntos (2005) o el Plan Nacional de Personas Adultas Mayores 2013-2017.

Yancari es uno de los seis autores de Desigualdad y pobreza en un contexto de crecimiento económico (IEP, 2019), que analiza el crecimiento económico peruano bajo distintas e innovadoras ópticas. La investigadora centró su trabajo sobre la “abismal” subsistente entre los adultos mayores de las zonas urbanas y los de rurales, entre los años 2005 y 2015.

“No se puede negar que se ha dado cierto bienestar, pero no tanto. Ello ha dado pie a que la población sienta que no hay ‘chorreo’ (económico)”, dice.



Diversificar la producción

Otra conclusión es la necesidad urgente de generar políticas de diversificación de producción.

“Que no solo las iniciativas productivas extractivas sean las que lideren el crecimiento, sino otro tipo de industrias, porque los ingresos producto del empleo solo se han dado en zonas urbanas. En las áreas rurales, todavía no hay crecimiento significativo del empleo”, comenta.

Si bien las novedosas “economías verdes” son una alternativa interesante para el trabajo en estas zonas, la especialista en desarrollo rural comenta que hay que pensar en “cambios productivos”.

La “diversificación productiva” es uno de los puntos que también Carlos Ganoza y Andrea Stiglich mencionan en su estudio ‘El Perú está calato’ (Planeta, 2019). Sugieren que esta debe de incluirse en la agenda país, junto con las reformas laboral, tributaria y de mercado de capitales, políticas de promoción de la innovación y formalización, entre otros.

Porque, como dicen Ganoza y Stiglich, “tras la bonanza económica entre el 2003 y el 2013 crearon la ilusión de que el Perú está vestido con un ropaje de progreso, pero aún hay muchos ángulos desde los cuales se le ve impúdicamente calato”.

Volviendo al trabajo de Yancari, pone especial atención a la población rural, en especial los adultos mayores.



“Todavía subsiste la necesidad de que el Estado invierta en los territorios; de esta manera gana presencia y da bienestar a la población al bajar los índices de pobreza y mejorar la infraestructura, el transporte, el agua y saneamiento, la electrificación, entre otros temas. Todo ello afecta el bienestar de la población, en especial de los adultos mayores. Y hace que seamos dos países: el del mundo urbano y el del rural. Hay avances, claro, y mucho por hacer”.

Para la investigadora, el preocuparnos por el desarrollo humano de los peruanos que viven en el ámbito rural es uno de los retos que tenemos como país hacia el Bicentenario de la Independencia.

No solo es dinero

El estudio elaborado por Johanna Yancari, Johnatan Claussen y Ángelo Cozzubo analiza la situación de los adultos mayores en las zonas rurales entre el 2005 y el 2015. Trabaja bajo un prisma multidimensional, que permite dar con una data más fina.

“Es muy fácil hacer las diferencias verticales: el más rico y el más pobre. Pero cuando analizamos al mismo grupo las diferencias no solo se dan verticales, sino de forma horizontales”, comenta.

“Ha bajado la pobreza monetaria en el Perú, pero en una mirada multidimensional, (este dato) no es tan significativa. Hay diferencias muy claras entre los adultos mayores de zonas urbanas y los de zonas rurales. En el país, cuando uno habla de crecimiento, uno piensa primero que tenemos más ingresos para gastar, pero eso no es suficiente, este grupo en particular (los adultos mayores) tienen otros aspectos por considerar.”

Políticas de socialización

A partir de un trabajo con grupos focales con adultos mayores en costa, sierra y selva, los resultados arrojan que esta población propone que el Estado vea otros aspectos que atañen a su vida diaria:

1) Mejorar la cobertura y calidad de los servicios en salud –debido a las enfermedades crónicas o degenerativas que sufre este grupo etáreo–; 2) la conectividad social, ya que necesitan de un círculo social, de familia y amigos para no entrar en depresión; 3) la necesidad de alimentación saludable; 4) los ingresos; 5) bienestar psicológico, y 6) trabajo para las personas de la tercera edad, entre otros temas. Si en las ciudades los ancianos se quejan de la falta de geriatras, en el campo, simplemente no existen, solo los atienden los médicos generales.

Es urgente, señala el tema de los accesos a salud; a las enfermedades crónicas se le suma la demencia senil, entre otros males y degeneraciones producto de la edad avanzada.

Yancari señala que hay políticas con las que se podría hacer una real socialización de esta población. Una gran alternativa son los Centro del Adulto Mayor, CAM; sin embargo, no es una política extendida en las municipalidades de las áreas urbanas, mucho menos en el sector rural peruano.

Tanto Yancari como otros investigadores han tomado también en consideración, la relación entre pobreza y etnicidad, lo que resalta las diferencias que se dan horizontalmente entre los adultos mayores. Esto lo estudió también el Midis, mediante el análisis de la PePI.



¿Quiénes son la PEPI?

Carolina Trivelli y Carlos Urrutia, también coautores de Desigualdad y Pobreza, explican que un hogar es parte de la Población en proceso de Desarrollo e Inclusión Social (PePI) si cumple tres de estos cuatro requisitos: “ser rural, estar en el 20% más pobre, tener una lengua distinta al castellano o vivir en un hogar donde la jefa de hogar o cónyuge tuviera baja educación (primaria incompleta)”.

Señalan que la pobreza rural peruana se redujo, entre el 2004 y el 2016 en un 74%, “positivamente afectada por el crecimiento”. Sin embargo, hay otros factores, además del crecimiento, que suman, justamente, y se deben a la mejor infraestructura, mayor cobertura de servicios básicos, inversiones del sector privado en las localidades rurales, entre otros.

Datos

22.1%  DE LA POBLACIÓN SERÁ MAYOR DE 60 AÑOS hacia EL 2050 (FUENTE: CELADE).