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Año de la Universalización de la Salud
MARTES 2

de junio de 2020

TESTIMONIO DEL JOVEN QUE AYUDO A ORGANIZAR SU VUELO

"El trabajo en equipo y la ayuda de las autoridades nos permitió retornar al país"

Cerca de 400 peruanos quedaron varados en Cancún, México. El joven Javier Sánchez fue uno de los que se encargó de organizarlos. Confinado en un hotel miraflorino, nos cuenta su historia.

23/4/2020


José VadilloVila

jvadillo@editoraperu.com.pe


1.
Si todo sale bien, el sábado 25, Javier Sánchez Chaipi abrazará nuevamente a su mamá y a su hermana. 

El abrazo con su padre todavía tardará unos meses más: el señor es policía y está comisionado en un pueblo del Cusco. 

Desde el sábado 11 de abril, Javier y su novia, Liliana Apfata, están confinados en la habitación de un hotel miraflorino, al igual que otras 200 personas que llegaron en un vuelo desde Cancún, México. 

En estas cuatro paredes de su habitación, Javier ve las noticias, realiza funciones de teletrabajo, revisa su grupo de WhastApp y también ha recibido el saludo de cumpleaños de sus familiares y del grupo de personas que, en estos días, se ha convertido en una segunda familia.

No pueden salir al pasillo a hacer vida social. Tampoco pueden fumar. Tienen horarios para sacar los platos sucios, la basura. Cada persona se hace responsable de la limpieza de su ropa. Todo está estipulado en la declaración jurada que cada uno firmó cuando ingresó al hotel. 

Su único contacto con el mundo exterior son los empleados del hotel. Les dejan en la entrada de las habitaciones las tres comidas. Y todo manteniendo la distancia social. 

La recepcionista se encarga de organizar la estadía de los confinados huéspedes. Si desean escoba y recogedor, o el cambio de sábanas o toallas, coordinan con ella. También el delivery, hasta cierta hora, del supermercado y la farmacia.  


2.
Javier y Liliana estaban disfrutando unos días en Cancún, cuando el gobierno peruano dispuso el cierre sus fronteras: desde el domingo 22 de marzo, el aeropuerto internacional Jorge Chávez quedó cerrado a los vuelos, como parte de las medidas por el aislamiento social obligatorio, que había empezado a regir una semana antes. “Vimos el mensaje y nos quedamos fríos”, recuerda Javier.

Aunque su retorno era para dos días después en la aerolínea mexicana Interjet, al día siguiente del anuncio presidencial, se acercaron al terminal 2 del aeropuerto de Cancún, de donde salen las líneas internacionales: la normativa peruana aún no estaba clara y se podía volver al país de los incas hasta el día siguiente. 

Ambos jóvenes quisieron comprar boletos de retorno, pero Latam y Copa los ofertaban a precios exorbitantes, ¡entre 1,500 y 2,000 dólares cada uno! Fue cuando empezó su travesía. 

Cuando llegaron el lunes de 23 de marzo al aeropuerto de Cancún, ya había un grupo de compatriotas que pernoctaba en los pasillos del terminal aéreo mexicano.

“Había personas que consideraban que insultando a los empleados de una aerolínea, lograrían una solución”, recuerda. 

Entonces fue cuando se decidió a ayudar. Él trabaja en el área de Selección de la empresa Atento, donde hace su internado en Psicología Organizacional, sabe manejar grupos de personas y, sobre todo, tiene vocación de servicio. 

“Me empecé a involucrarme con ellos; a llevarlos a la calma; a decirles que no ganábamos nada exponiéndonos o haciendo desmadres en el aeropuerto; que, más bien, podían pasar cosas mayores si permanecíamos todos muy juntos en el aeropuerto”, recuerda. 

Javier se apoyó en el trabajo de un grupo de cinco jóvenes y un adulto mayor. Juntos convencieron al resto para vayan a dormir a sus casas, a sus hoteles. Todos se mantendrían informados, a través de un grupo de WhastApp. Se quedó es que los primeros que partirían serían embarazadas, personas con niños o ancianos. Los de la aerolínea también creyeron en la palabra del joven Chávez. Cada aerolínea comenzó a nombrar a un pasajero como coordinador de grupos. 

“Mi novia estaba preocupada por mi involucramiento con las demás personas, pero siempre lo hice guardando la distancia social, con la mascarilla. Ayudar es algo que me apasiona, y la salud mental es muy importante no solo para el país, es importante que las personas estén bien”, dice.

A los dos días, llegaron los representantes de la embajada y del consulado del Perú en México, Daniel Quintana, Julio Reinoso y Gianina Torres, quienes hicieron todo lo posible para dar una estadía adecuada a los compatriotas en esos días de zozobra en Cancún. 

Javier ya contaba con la lista completa de Interjet, por edades, estado de salud y fechas de vuelo de cada uno. Toda la lista luego la subió a un archivo Excel y se la dio a las autoridades peruanas. A los pasajeros de Interjet se sumaron otras centenas de las aerolíneas Latam, Avianca y Copa.

El gobierno peruano ayudó en los hospedajes y vales de alimentos; las reuniones se hacían en el centro de Cancún. Un representante de la empresa AJE también les ayudó con hospedajes y productos diversos. Hubo ayuda de la secretaria de Turismo de la ciudad mexicana; y peruanos residentes que les trajeron también alimentos y productos de aseo. 


Finalmente, los grupos arribaron a Lima en dos vuelos, el sábado 11 y el lunes 13 de abril. Casi todos de Cancún, más algunos peruanos que llegaron desde el DF. 

Aunque Javier llegó en el primer grupo estuvo al tanto que todos viajen y quedó una coordinadora en Cancún. La gran mayoría de su vuelo de Interjet logró viajar, solo menos de diez personas se quedaron en México. 

“La verdad uno está más tranquilo aquí, porque estás en tu país, aunque la situación es complicada. Pero sí estábamos todos estábamos molestos, cuando subimos al avión y el aeromozo dijo que el vuelo era humanitario, y la gente se indignó porque cada uno pagó 450 dólares, y habían familias de cuatro o cinco personas”, dice el joven de 27 años. 

3.
El sábado 11 de abril, el avión aterrizó en el Grupo Aéreo Número 8, donde están haciendo escala todos los vuelos humanitarios que llegan al Perú. Ahí, el personal del Ministerio de Salud les hizo una revisión rápida para ver si algunos presentaban síntomas del covid-19; les midieron la temperatura. Alguien de Migraciones les hizo firmar una declaración jurada y fueron trasladados en buses para ser trasladados en cuatro hoteles, entre Miraflores y San Isidro. También llegaron vuelos con peruanos repatriados, procedentes de Punta Canas.

Desde entonces no han tenido contacto con las autoridades, hasta ayer, cuando a los del hotel de Javier les tocó la prueba de descarte del coronavirus para poder darles la luz verde de que vuelvan a sus casas. 

En cambio el contacto con el grupo es permanente: muchos preocupados por lo que sucedió a la decena de peruanos que se quedó en Cancún o cómo pasando el día a día. O comentan los resultados de las pruebas de sangre que está practicando el personal del Minsa. Si hay luz verde, las personas en un par de días pueden finalmente irse a casa. 
 
El miércoles, el joven psicólogo y su novia dieron negativo a las pruebas. En cambio, cinco personas del grupo, a pesar de que no presentan síntomas, dieron positivo. A Javier y a todo el grupo les apena la noticia, porque entre ellos hay amigos cercanos, amigos que había hecho en estos días varados en otro país. 

La historia de estas semanas, siempre la recordará como psicólogo y persona.