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Año de la Universalización de la Salud
DOMINGO 27

de setiembre de 2020

PRECISIONES

El virus del racismo

El errado supuesto de la ideología racista es asumir que existen grupos que son intrínsecamente superiores a otros.

6/9/2020


Rubén Quiroz Ávila

Profesor Universitario

El virus, en su definición más básica, es un microorganismo que para reproducirse requiere de infectar células. Aunque haya atravesado todas las defensas previas, para permanecer y multiplicarse depende de que no sea eliminado por el sistema inmunológico. Algo así sucede con el racismo. Para que permanezca todavía en estos tiempos es que ha infectado muchas capas discursivas y aún se filtra entre nuestras líneas defensivas sociales. Además, se despliega como un acto reflejo en las prácticas cotidianas.

El errado supuesto de la ideología racista es asumir que existen grupos que son intrínsecamente superiores a otros. En realidad, en el caso peruano, este modelo de discriminación se inició con la conquista española y ha permanecido como una herramienta de exclusión socioeconómica. El triunfo, en 1821, de una independencia republicana constituida por criollos blancos y varones configuró un orden social. Un país había nacido, pero imbuido con una jerarquización social atroz. Las poblaciones indígenas, afroperuanas y mestizas estaban fuera del circuito de cualquier tipo de poder y apenas podían ser reconocidas como ciudadanos. Entonces el Perú, como nación emancipada, mantuvo las estructuras racistas de las que estaba compuesto como resultado de la colonización.

Este tipo de estructuración del mundo no solo se hace explícita cuando se verbaliza de manera violenta en una acción diaria, sino que también tiene una invisible telaraña que ha moldeado el país. Es decir, el racismo ha ejecutado un orden social tal que la misma distribución geográfica y cultural es resultado de ese estereotipo. Y eso sucede desde la manera como están distribuidos los accesos a los servicios básicos, segmentando a las poblaciones cuya composición pertenece a los estratos históricamente postergados, hasta los centros de gobernanza tanto política como económica, que son concertados solo por algunos segmentos sociales. En pocas palabras, el supuesto de que solo algunos grupos tienen privilegios y ventajas de accesibilidad a servicios de calidad, a sistemas de poder y decisión, lo que hace es mantener peligrosamente un sistema de exclusión. Debemos entender que el racismo no solo es declarativo, también funciona como un mecanismo que estructura la misma forma de entender el país.

Es verdad que se ha ido reduciendo los últimos años, aunque sin la velocidad requerida; de allí el valor de visibilizar esas transgresiones contra el buen vivir. Sin embargo, hay oportunidad de intensificar la lucha contra el racismo en todos los niveles. Asimismo, profundizar y ampliar las pedagogías antirracistas para que una comunidad tan heterogénea como la nuestra no se vea cercada por las deplorables conductas de discriminación racial.

El racismo es un grave problema para una comunidad saludable socialmente y que si no se elimina de nuestros pensamientos y valores, seguirá actuando como un virus letal. Esa batalla contra el racismo está también en nuestras palabras, en nuestros gestos, en nuestras acciones.




El Diario Oficial El Peruano no se solidariza necesariamente con las opiniones vertidas en esta sección. Los artículos firmados son responsabilidad de sus autores.