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Año de la Universalización de la Salud
MARTES 22

de setiembre de 2020

El vuelo de los humedales

Se conocen como “el último oasis de vida silvestre” en territorio chalaco. Los Humedales de Ventanilla son un área de conservación regional que trabaja, desde el 2006, en la recuperación de esta área y su biodiversidad. Se anuncia la construcción de un proyecto para potenciar el turismo.

1/2/2020


José VadilloVila

jvadillo@editoraperu.com.pe

La ruta sabe de sol y bronceador –se llama avenida La Playa– y es de ambiente –de conservación ambiental, digo– porque adyacente a la Costa Azul de tangas, cumbias y bebidas espirituosas se puede apreciar, a las ocho de la mañana y a las dos de la tarde, a las aves migratorias solazándose y llevándose al buche sus sagrados alimentos. Parafraseando a Carlos Argentino y la Sonora Matancera: entre los humedales, la vida (silvestre) es más sabrosa.

Si el balneario de la Costa Azul es la “eisha” del pueblo, el Área de Conservación Regional (ACR) Humedales de Ventanilla es su símil: hasta aquí “bajan” garzas azules, patos gargantillos, turtupilines, garzas blancas grandes, siete colores de la totora y otras 120 especies de aves, entre migrantes y residentes, para hundirse en los 13 espejos de aguas salubres, y refrescarse entre juncos y totorales.

Aves en su hábitat

Con zoom al ristre y el aliento contenido, el fotógrafo avanza por el “sendero de aves”. Registra a cuatro patilargos flamencos que parecen caminar sobre las aguas. Son “individuos” juveniles de plumaje albo; en cambio, los que inspiraron la bandera peruviana al general José de San Martín en la bahía de Paracas eran individuos adultos, de alas rojas y pecho nevado. Los investigadores del ACR sacan el pecho: su registro histórico tiene la presencia de hasta 17 flamencos frente a los 12 observados en los limeños Pantanos de Villa.



Al interior de los humedales hay dos miradores que usan los guardaparques y a donde llegan los avistadores de aves e investigadores. “Existe una proporción entre las aves migratorias y las residentes”, explica el ingeniero Fernando Gil, administrador del ACR ventanillense.

En esta área de conservación se pueden apreciar a la gaviota de Franklin o los playeros, especies en ruta migratoria desde Canadá hacia la Patagonia. “Ellos huyen del invierno, y los humedales son propicios porque necesitan de grasa corporal para hacer todo ese vuelo: vienen, se alimentan y se van”, explica el vocero.

Registros y visitantes

Los registros del ACR muestran que en los humedales el número de aves ha aumentado gracias al trabajo de protección y concienciación de los vecinos. En el 2006, cuando Sernanp creó esta ACR, se contabilizaron 76 especies de aves; y de los humedales se sacaban hasta 20 toneladas de basura anuales.

El año pasado, además de nuevos registros que identifican casi el doble de especies de pájaros, el número de visitantes superaron los 14,000; la mayoría son escolares, como parte de la política de la región Callao para que los estudiantes de su jurisdicción conozcan esta área natural protegida.



En el ACR trabajan 32 personas, entre ellas cinco guardaparques, un especialista y un coordinador de turismo. Y las universidades han iniciado aquí diversas investigaciones sobre la biodiversidad. Por ejemplo, hay 25 especies de plantas, entre ellas cinco tipos de grana y plantas medicinales. En el caso, un investigador trabaja sobre la capacidad que tendría la salicornia (Sarcocornia fruticosa) para absorber los metales pesados.

De cuevas y murciélagos

“Lo que diferencia a los Humedales de Ventanilla de los Pantanos de Villa es que el primero tiene formaciones geológicas y cuevas donde se han identificado hasta tres especies de murciélagos de costa; además, las aguas aquí son salobres, tienen conexión subterránea con la cuenca del río Chillón, mientras que los pantanos se alimentan por medio de canales y aguas subterráneas”, explica Gil.

De esas famosas cuevas en forma de ventana nace el nombre del distrito más grande del Callao: Ventanilla. Las rocas dibujan formas que han sido rebautizadas como “la cueva del lobo”, “la cueva del diablo”, y los cerros Lagarto, León y Mamut.



Más que los perros callejeros, que perturban a las aves, o los fumones que a veces “viajan” a otros mundos desde las cuevas milenarias, lo que hoy afecta al ecosistema es la basura que arrastra el río Chillón, que desemboca y ensucia todo el litoral ventanillense.

Cambio en la población

La relación con los asentamientos humanos colindantes ha ido mejorando. Las actividades de educación ambiental han permitido, por ejemplo, concienciar sobre la importancia de la limpieza de los canales de los humedales. Para ayudar a cambiar esta mentalidad, han desarrollado cursos de niños guías y miniguardaparques.

Desde el 2013, las madres de la zona, como Genoveva Aliaga o Marina Ruiz, vecinas del asentamiento humano Defensores de la Patria, han aprendido a tejer y a pintar la fibra de junco y crear pulseras, cestos, joyeros, paneras, canastas de diversos tamaños y otros objetos –inclusive escarapelas– que los visitantes compran. Si va por Ventanilla en busca del sol, dése una vuelta por sus humedales.

Complejo turístico

El gobernador regional del Callao, Dante Mandriotti, anuncia que en los próximos meses se habilitará un proyecto turístico en esta ACR. Tendrá una inversión superior a los 7 millones de soles e incluirá aulas itinerantes, salas de exhibición, un centro de interpretación de las cuevas, salas para educación ambiental dedicadas a estudiantes e investigadores, sala de proyecciones y un acuario.



“Es un proyecto ambiental que busca recuperar los espacios para la biodiversidad de las lagunas. Se está proyectando un acuario, que sería el primero dentro de las áreas naturales protegidas del país. También planteamos un centro de educación ambiental, viendo las diversas colecciones como invertebrados y aves. Queremos también llevar a los visitantes hasta la zona de cuevas de Ventanilla para que revaloren su identidad chalaca”.

Datos

275.45  HECTÁREAS integran el territorio de los Humedales de Ventanilla.