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GAMARRA, DÍA 1

Emporio sin ambulantes

El emporio comercial de La Victoria volvió a abrir sus puertas (solo 5 de sus 19 accesos) después de tres días de cierre temporal. Bajo fuertes medidas de seguridad y fiscalización, así como con un acceso restringido de personas y mercadería se busca que el ordenamiento sea permanente. (Foto: Nathalie Sayago)

15/3/2019


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

A las 8 de la mañana de ayer, el “colón” en Humboldt con la avenida Aviación parecía el del concierto de Luis Miguel tras su exitosa miniserie en Netflix. Trabajadores, empresarios y curiosos trataban de ingresar. Junto a los ordenados no faltaban los y las malcriadas que se quejaban, ponían el cuerpo, gritaban; la consigna de la Policía Nacional era “DNI en mano”; los extranjeros –venezolanos en su mayoría– mostraban el permiso temporal de permanencia (PTP) y los bultos eran revisados por el personal de fiscalización de la municipalidad de La Victoria. 

Afuera, en la avenida Aviación, quedaba el caos que hasta el domingo pasado, por ósmosis, también formó parte de la geografía del emporio textil. Desde ayer, al traspasar las rejas, el sueño de un damero de Gamarra distinto, sin ambulantes, limpio, con los sardineles pintados se hizo realidad.



Colas. Desde temprano, trabajadores, empresarios y curiosos trataban de ingresar a Gamarra. La consigna de la Policía Nacional era “DNI en mano”. (Foto: Jhony Laurente)

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“Los ambulantes ocasionaban mucho desorden, inseguridad, suciedad y temor porque siempre se peleaban; era gente sin cultura que se insultaba y lanzaba groserías”, cuenta la empresaria María Luisa Canales.

Desde 1994 trabaja en “mi Gamarrita” y ha tenido clientes de todo el Perú y de seis países, pero en los últimos años no solo el negocio bajó enormemente por la presencia de los ambulantes, sino que también tenía miedo de caminar por Gamarra debido a la inseguridad que se vivía: la mayoría de los empresarios han sufrido asaltos. Hace dos semanas, a María Luisa no solo le robaron el celular, sino también el fruto de las ventas de tres días de trabajo. El ladrón se escabulló entre los ambulantes. Por eso dice que todas las empresarias gamarristas están felices por la recuperación del espacio, con mayor seguridad para clientes y empresarios.



Logro. Más de 1,500 agentes policiales brindan seguridad en emporio textil, junto con serenos y fiscalizadores. (Foto: Daniel Bracamonte)

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A las seis de la mañana de ayer, la estación Gamarra de la Línea 1 del tren de Lima también volvió a abrir sus puertas.

Muy temprano, el alcalde de La Victoria, George Forsyth, llegó para coordinar las acciones desde la comisaría móvil instalada en una esquina del parque Cánepa. A los micrófonos, Forsyth les decía que no permitirá que Gamarra se vuelva a perder y que todo era fruto de un gran esfuerzo.

“Aquí había una mafia muy grande”, cuenta Florencio Sabino, empresario con 45 años en Gamarra. Mafias familiares, dice, que tomaron como propiedad privada varias cuadras y las alquilaban a los ambulantes, que pagaban una “matrícula” y una cuota diaria de 5 soles. “Si el vendedor ambulante no pagaba, venía el camión de la municipalidad y se llevaba sus cosas. Sí, era una mafia. La intervención del alcalde Forsyth es una medida necesaria”, opina.

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Tiempo nuevo. Visitantes y comerciantes formales se sienten satisfechos con la recuperación. (Foto: Nathalie Sayago)

A la medida contra el comercio informal se sumaron otras para recuperar la vía pública: cerca de 80 fiscalizadores recorrían, junto con policías, las calles para decomisar la mercadería y los letreros que se exhibían fuera de los locales. Había letreros que incluso estaban encadenados a la vía pública. Los que se resisten a estas medidas asumen una multa de 4,200 soles. También se han retirado las tranqueras que ilegalmente bloqueaban los estacionamientos, que eran usados por los ambulantes.

Solo 5 de los 19 accesos están habilitados. El ingreso vehicular está restringido a la entrada de Bausate y Meza. “Nosotros apoyamos este ordenamiento y trabajamos respetando las disposiciones de las autoridades en Gamarra”, dice José Paredes en nombre de los 358 estibadores de la Asociación del Servicio de Transporte Manual Complejo Gamarra (Asitram).

Respetan el ordenamiento y piden a sus clientes que tengan a la mano las boletas de venta o facturas para trasladar sin problemas su mercadería (los fiscalizadores de Sunat y Sunafil también recorren el emporio).

La presencia de ambulantes llegó a niveles insostenibles en los últimos cuatro años, dice Paredes, y eso perjudicaba tremendamente a los estibadores porque el tiempo de un punto a otro se cuadruplicaba, eran empujados por los ambulantes y sus clientes corrían mayores riesgos. Lo que les gustaría es que se habilite otro acceso para los carretilleros, tal vez por Isabel la Católica o Sebastián Barranca, dice el vocero.



Reto. Si bien se ha recuperado el damero de Gamarra, los ambulantes se han trasladado a la avenida Aviación. (Foto: Daniel Bracamonte)

Miguel Morales es empresario gamarrino desde 1985. Recuerda que los dueños de los locales de los pisos superiores propiciaron el caos al enviar a sus empleados a vender en las calles, como ambulantes.

Sostiene que la restricción debería ser solo para el acceso de vehículos y el transporte de carga, y no para los peatones porque Gamarra es un centro industrial y comercial que recibe cada día a más de 150,000 visitantes. Por algo es considerado el emporio textil más importante de América.