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ENFOQUE

Erradicación del trabajo infantil

En el Perú, uno de cada cuatro niños deja de disfrutar de su infancia y de asistir a la escuela para trabajar.

3/4/2016


Pilar Marín Bravo Periodista



Esta realidad social, tan antigua como permanente, no encuentra en el actual proceso electoral propuestas políticas claras para abordar el problema.



Hace unos días, el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo informó que en el país el 23.4% de niños, niñas y adolescentes, entre 6 y 17 años de edad, realiza alguna actividad laboral en el país. Esta información, tomada del Instituto Nacional de Estadística, data del 2011, y al parecer el panorama no ha cambiado mucho hasta la fecha.



De estas cifras oficiales, se sabe que alrededor de 832,000 (18.4%) corresponden a niños de entre 6 y 13 años que trabajan. Es decir, con edades por debajo de la mínima legal de admisión al empleo.



Asimismo, 826,000 (32%) son adolescentes de 14 a 17 años que cuentan con la edad permitida para trabajar, y de esta última cifra, un preocupante 33.9% se dedica a trabajos considerados como peligrosos.



El trabajo infantil constituye un factor determinante en el círculo de la pobreza porque vulnera sus derechos fundamentales y les impide desarrollarse plenamente, limitando sus posibilidades de acceder a una educación y adquirir las herramientas necesarias para mejorar sus condiciones de vida en la etapa adulta.



Sin embargo, la niñez trabajadora también representa un elemento fundamental de la economía cuando el menor debe trabajar para ayudar a la economía familiar.



Este factor, no obstante, no es tomado en cuenta como prioridad, y menos aún como problema social cuando se trata del riesgo que representa la explotación laboral en la niñez.



Hace unas semanas, el Instituto de Formación para Niños y Adolescentes Trabajadores (Infant) lamentó que la niñez trabajadora no haya sido tomada en cuenta en las propuestas electorales, a pesar de que los niños trabajan para contribuir a la canasta familiar. Esto, ha sostenido la institución, los convierte en un sector desprotegido.



No se trata solo de tomar conciencia de esta realidad y de plantear políticas concretas que apunten a erradicar el trabajo infantil.



Si consideramos que cambiar la realidad de la niñez y la adolescencia que trabaja es un proceso de largo plazo que se relaciona con mejorar las condiciones sociales de pobreza de las familias, es necesario mejorar la situación y las condiciones en las que trabajan para impedir que esa labor en específico afecte su desarrollo pleno.



Debe valorarse el aporte a la economía familiar que hace la niñez que trabaja, regular las condiciones en que labora, para que sea en forma digna, y acabar con el trabajo en situación de riesgo.



Temas pendientes que la sociedad espera ver reflejados en políticas públicas como parte de la agenda de los futuros gobernantes.