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CREATIVIDAD EN LOS COLEGIOS

Escolares en acción

Un lavavajillas producido a partir de la ceniza o la venta de macetas para crear una biblioteca son algunos de los proyectos que demuestran que los alumnos de secundaria quieren desarrollar emprendimientos sociales para dar soluciones a los problemas de su comunidad.

28/11/2018


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

La duda fue el primer motor. Motivó al hombre a dejar las cavernas y dar el salto a la agricultura o a la rueda. Ahora, en el siglo XXI, los adolescentes se preguntan: ¿qué utilidad le damos a lo que aprendemos a diario en el colegio?

A los vecinos de Puente Piedra –pujante distrito de Lima Norte– les agobia la presencia del cochambre y la polvareda. A ello se suman las pollerías, que se multiplican como los panes de Cristo y dejan sacos de cenizas después de hacer sudar a los capones en las brasas.

Eso escuchaban a menudo en sus casas los alumnos de la Institución Educativa 3071 Manuel T. García Cerrón. Por eso, un grupo de ellos decidió hacer un emprendimiento social dándole un valor agregado a la pavesa y, de paso, cuidar el medioambiente puentepedrino.

Idea de negocio

Junto con su profesora de Educación por el Trabajo, Beatriz Caycho, hicieron un sondeo entre las madres de familia. Ellas tenían un común denominador: se quejaban de que los lavavajillas convencionales les producían “grietas” en las manos. Entonces se encendió la chispa de la creatividad y convirtieron la abundante materia prima de la zona –cenizas– en insumo para un lavavajillas ecológico.

Agregaron a su fórmula la sábila, otro recurso abundante en las casas del distrito, y la bautizaron como A. N., Ashes Natural –en inglés, para darle más caché: cenizas al natural–. Explican: “La sábila es buena para la salud de la piel y se ha demostrado que la ceniza tiene alto potasio, lo que permite una mayor limpieza”.

Comer rico y sano

Pollo, chocho y quinua es el secreto del sabor y, de paso, el aporte nutricional que ofrecen las hamburguesas K’umara a los estudiantes de los colegios de la provincia de Leoncio Prado (Huánuco).

Sus creadores, un grupo de alumnos de la Institución Educativa Gómez Arias Dávila, de Tingo María, buscaron la asesoría de profesionales de la Universidad Nacional Agraria de la Selva. Al chocho, rico en vitaminas A, C, D y E, yodo y fósforo, se le suman los micronutrientes de la quinua y las proteínas del pichón de gallo. Por eso están seguros de que ayudará en la batalla contra la anemia. Ergo, ayuda a las defensas y, de paso, a la memoria, a la buena salud física y mental. ¡Dos para llevar!

En modo lectura

Para los indígenas norteamericanos, Ayiana significa “el eterno florecer”. Las chicas del tercer año del colegio Mater Purissima de Miraflores se plantearon hacer un proyecto de la ayuda social directa que permitiera paliar uno de los problemas nacionales: la baja comprensión lectora. Así nació Ayiana, Cultiva una planta, cultiva cultura.

La empresa escolar vende las macetas con las liliputienses suculentas, plantas crasas con capacidad para almacenar agua, ideal para una ciudad con polidipsia (necesidad de beber con frecuencia) como Lima. Cada día, a la salida del colegio, las escolares ofertan sus suculentas; también utilizan las redes sociales internas para comunicarles su oferta a padres y compañeros.

Las suculentas cuestan 7 soles. En un papelógrafo, las chicas demuestran que ganan el 100%: invierten 3.50 soles. Entre el precio de la planta, el macetero y el compost que ellas producen en la institución educativa.

Las ganancias sirven para comprar libros y dar soplo de vida a una biblioteca “en un colegio necesitado” (que todavía no definen) del distrito de San Juan de Lurigancho. A la par, reciben donaciones de los libros de los niños de primaria para desarrollar ese sueño.

Margot Sánchez, profesora de Ciencias Sociales, explica que sus alumnas piensan en Ayiana en el largo plazo. “Ellas ponen en evidencia lo aprendido en el colegio, que no solo es conocimiento, sino también capacidades y habilidades que desarrollan”.

Educación es cambio

En el mundo de los millenials, las “habilidades blandas” o soft skills, como las conocen los cazatalentos, se han vuelto importantes a la hora de ver un potencial trabajador.

“El gran reto de la educación de hoy está en darse cuenta de que sus formas tradicionales de enseñar tienen que cambiar. Y eso significa relacionar mejor”, opina el presidente de Escuela de Carácter y Ciudadanía, Jorge Márquez. Es decir, se rompe la dependencia tecnológica y se les vincula con lo que sucede a su alrededor, con sus problemas cercanos.

La organización (www.profevip.com) promueve el Concurso Anual de Emprendimiento Social Escolar. En la primera edición participaron 80 profesores; para el 2018 ya se han registrado 630 profesores de 20 regiones del país (el plazo de inscripción vence el viernes 30).

Lo que busca el concurso es “motivar a los alumnos para que resuelvan problemas cercanos a su comunidad, que logren creativamente que ese emprendimiento social sea sostenible”, explica Márquez. La idea es que los colegios lo tomen como una herramienta útil para todo el año.