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Año de la Universalización de la Salud
VIERNES 3

de julio de 2020

ANÁLISIS

Escucharnos para entender al Perú

16/6/2020


Ricardo Montero Reyes

Periodista

Es momento de reflexionar, de escucharnos a nosotros mismos para entender por qué el Perú sigue siendo un país tan heterogéneo, profundamente desigual y raído por la corrupción. The New York Times nos ha presentado como la nación que está perdiendo el superficial barnizado del progreso económico.

El crecimiento económico que nos ofreció el nuevo siglo no nos ha llevado a encaminarnos hacia la construcción de una sociedad más justa, desde todo punto de vista. Por tanto, seguimos siendo “parte de un país premoderno que ingresa a la modernidad en la era posmoderna”, como bien nos ha caracterizado el psicoanalista Max Hernández.

No tenía que llegar una pandemia para percatarnos que andábamos transitando el camino incorrecto, que éramos incapaces de consolidar una propuesta de acercamiento, inclusión y prosperidad, porque durante 200 años de vida republicana hemos consolidado una propuesta de dominio, alejamiento y enfrentamiento, que nos ha conducido a comportarnos como una nación ideológicamente inmadura.

“Qué tenían en común en 1824 un labriego de Piura, y un labriego del Cusco (…)? Muy poco, evidentemente”, reflexionaba en 1983 Jorge Basadre en la séptima edición de Historia General de la República. Hoy, también podemos responder que son muy pocos los lugares comunes entre un campesino piurano y un campesino cusqueño, porque hemos usado el crecimiento y la posesión económica para reforzar, paradójicamente, el distanciamiento, recusar las ideas de cercanía y de igualdad, y solidificar el poder en la capital. Al final de cuentas, la provincia, como argumentaban los romanos, es el espacio geográfico donde vivían los vencidos, los ciudadanos conquistados, los desposeídos.

The New York Times ha señalado al Perú como “uno de los epicentros más críticos del coronavirus en el mundo”, y usa una escena de película hollywoodense para explicarle al mundo la situación que estamos viviendo: “Sus hospitales están abrumados y la gente huye de las ciudades”.

¿Hacía falta que los peruanos tuviéramos que leer este diario para percatarnos qué estamos viviendo? No, nosotros teníamos registrada esa escena desde antes del 15 de marzo cuando se decretó la inmovilización social. El Perú, lo sabemos, es un país desigual y con evidentes signos de corrupción, taras que se profundizaron aun teniendo de nuestro lado el crecimiento económico que nos ofreció el nuevo siglo.

Estamos viviendo los efectos de una crisis que desnuda las endebles estructuras de la nación, y cuya principal manifestación es un elemento común: un profundo desprecio por el más débil. Y porfiadamente hemos mantenido ese comportamiento, desaprovechando las oportunidades y las propuestas para reformar política y económicamente a un Estado que ha fallado desde su nacimiento, como ha sentenciado el historiador Luis G. Lumbreras.

Tenemos que recordar que estamos distantes, que debemos acercarnos para reducir la desigualdad, acrecentar la solidaridad y desterrar la corrupción. “Si nosotros queremos que lo más penoso del pasado no se empoce y se repita, tenemos que recordar (...) Porque sin memoria no tenemos sustento ni identidad”, dice a modo de recomendación médica el psicoanalista Max Hernández.

El Diario Oficial El Peruano no se solidariza necesariamente con las opiniones vertidas en esta sección. Los artículos firmados son responsabilidad de sus autores.