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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
DOMINGO 22

de setiembre de 2019

ANÁLISIS

Estados Unidos, Trump y la cultura de las armas

15/8/2019


Fabian Vallas

fvallas@editoraperu.com.pe

Siempre me llamó la atención la atracción que siente una gran cantidad de estadounidenses por las armas de fuego. En mis épocas de estudiante en Albuquerque, Nuevo México, Tom, uno de mis compañeros de clase, me contó acerca de la fascinación que sentía al disparar su fusil, heredado de su padre. 

Al preguntarle si por seguridad no era mejor vivir en una sociedad sin armas de fuego que en una donde cuatro de cada diez personas declaran tener un revólver o fusil en casa, la respuesta de Tom fue contundente: ¿Estás loco?, ¿deseas iniciar una guerra civil?

El argumento más utilizado para conservar un arma de fuego es la segunda enmienda de la Constitución de Estados Unidos: “Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas”.

Hay una larga discusión acerca de estas razones. ¿La población civil es milicia? ¿Se encuentra bien ordenada? ¿Por quiénes? ¿La seguridad del Estado libre significa que puedo hacer lo que deseo con mi fusil o pistola? La cita parece sacada de todo contexto geográfico, temporal y cultural desde que los fundadores de la patria la establecieron. Los estadounidenses no tienen que enfrentar una geografía amenazante, como sucedía en la conquista del Oeste hace dos siglos, ni corre el riesgo o el temor de un gobierno despótico, como lo observó Alexis de Tocqueville en La Democracia en América.

La matanza de 22 personas, entre las que había ocho mexicanos, en El Paso, fue “justificada” por el supremacista blanco Patrick Crusius con la tesis que solo estaba combatiendo “la invasión de extranjeros en Texas”.

Este es el mismo argumento que el presidente Donald Trump repite en cada manifestación a la que acude como parte de su campaña electoral para los comicios de noviembre del próximo año. El migrante que cruza la frontera por el sur es un sospechoso de narcotráfico, asesino o violador de mujeres. No reconoce que las principales matanzas en Estados Unidos fueron cometidas por blancos.

En su última defensa, Trump arguye que es “la enfermedad mental la que aprieta el gatillo, no el arma”.

Pero olvida que él anuló una regulación dictada por el gobierno de Barack Obama tras el asesinato de 20 niños en una escuela de Sandy Hook, que obligaba a verificar los antecedentes de quienes recibían un cheque del seguro social por alteraciones mentales. El multimillonario aseguró que esto recortaba los derechos constitucionales de portar armas ante el aplauso del auditorio conservador de la Asociación Nacional del Rifle.

Un profundo cambio de valores y una movilización masiva de la población podrán desterrar la extraña cultura de la fascinación por las armas, que parece impregnada en la sociedad estadounidense. Caso contrario, solo les queda aguardar la próxima matanza.