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DIOS ES PERUANO

Festival de Pesebres

Policromía y texturas hacen de los nacimientos elaborados por los artesanos peruanos obras de arte que merecen apreciarse más allá de las fiestas de fin de año. En el 14° Concurso Nacional de Nacimientos Navidad es Jesús, en el Centro de Lima, los puede apreciar.

1/12/2018


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

La sagrada familia envuelve su calor de hogar en cincelada piedra de Huamanga. Y tal parece que durará una eternidad, por lo menos hasta la siguiente llegada del Mesías.

San José y la Virgen María cubren sus testas con chullos para soportar mejor el frío, un cóndor se envalentona sobre el lomo de un toro en yawar fiesta mientras un dansaq acompasa sus tijeras. Hasta un puma ha venido a aguaitar entre los tunales para saludar al Niño Dios hecho hombre. Sublime.

Con el talento y talante de otro artesano, los tres personajes del Nuevo Testamento permiten hacer un deja vu a las técnicas de la Escuela Cusqueña, la del pan de oro y el arte de los templos de la Ciudad Imperial.

A propósito de préstamos de las tradiciones, otro maestro de la artesanía elaboró un retablo donde las puertas son listones arrancados de un jardín en honor a la retama, flor emblemática del cosmos entre pampas y punas. Sus reyes magos son hombres y mujeres de los Andes que vienen a ofrecer al recién nacido papas nativas y retamas para el camino de la vida. Amarillito, amarillando, flor de retama.

Un tercero hizo del nacimiento un llaqtamasi, un motivo de fiesta con música, tal como sucede en el mundo popular y salud (tanto como adjetivo como interjección). Le puso zampoñistas, quenistas y percusionistas porque aquí es el tono, carreta. Y reemplazó el bovino de rigor por la llama oriunda de estos lares. Y todo en arcilla vidriada que, como dicen los conocedores, goza de distintas texturas en su superficie y color gracias al impacto del fuego sobre la cerámica.

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Les llaman misterios, belenes, nacimientos. El pesebre humilde y su triunvirato de San José, la Virgen María y el Niño Jesús, rodeado de una vaca y un burro, y la infaltable estrella de Belén.

Le debemos a la orden franciscana esa costumbre enraizada en todo el Perú de representar el Nacimiento de Jesús para cada diciembre.

Esta solera ha superado los embates del tiempo, del terrorismo de los años de la violencia interna, de los fanatismos de algunas iglesias evangélicas que prohíben seguir las tradiciones católicas y las faltas de políticas públicas. Y sobrevive gracias a estos hombres y mujeres que trabajan en Ayacucho, Cusco, Huancavelica, Piura y otras regiones.

Ellos “se expresan primorosamente no solo por medio de los personajes centrales, sino también de variadas escenas relacionadas con el portentoso hecho”, describe Luis Repetto al respecto.

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El Concurso Nacional de Nacimientos Navidad es Jesús, que organiza el Instituto Cultural, Teatral y Social (ICTYS) ha tomado las salas del primer piso de la casa O’Higgins, en el jirón de la Unión, donde dicen mora el Perú.

Abre la curiosidad del visitante un misterio en filigrana en plata. Es un homenaje del trabajo en platería que desarrolló el Gran Maestro de la Artesanía Óscar San Miguel Álvarez, limeño de raíces ayacuchanas. Una cita del evangelio de Lucas resume el espíritu de estos pesebres: “Les anuncio una gran alegría: Hoy ha nacido el Salvador”.

Cada misterio es un intento de peruanización de la tradición universal navideña. Un nacimiento de los yaguas, por ejemplo, representa una maloca donde esta comunidad va a entregar sus presentes al Niño Dios. Y en otro magro, de piedras pintadas, todos los personajes están alegres, tienen atajo de negritos y pallas. ¡Es de Chincha, señores!

Si es de los que aprecia la argentería y lo liliputiense, le recomiendo prestar atención a una natividad hecha con piedras naturales y semipreciosas, todo en plata. Si prefiere las obras en gran formato, un tríptico cusqueño al estilo barroco querrá usted apreciarlo en su casa no solo en Navidad, sino toda la vida. Está avisado, en el O’Higgins encontrará pesebres de todas las sangres.