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APROXIMACIONES

Francisco Pizarro y los Trece del Gallo

En el libro Historia Cronológica del Perú, dirigido por el gran historiador José Antonio del Busto, se señala que fue en agosto de 1527 cuando se produjo el episodio de la Isla del Gallo, donde Francisco Pizarro trazó, con la punta de su espada, una línea en la arena frente a unos ochenta extenuados y confundidos soldados que deseaban abandonar la expedición que conquistaría un legendario país construido de oro.

15/8/2018


Luis Enrique Cam

Documentalista

Según el cronista, sus palabras fueron: “Al Norte queda Panamá, que es deshonra y pobreza; al Sur, una tierra por descubrir que promete honra y riqueza; el que sea buen castellano, que escoja lo mejor.” La codiciosa expedición duraba ya varios meses y solo había encontrado hambre, enfermedades, calor, mosquitos, culebras venenosas y miseria. Sin contar con la resistencia que le hacían los indios a lo largo del camino. Descontenta, la soldadesca murmuraba contra el capitán trujillano, pero no se atrevía a contradecirlo y le obedecía a regañadientes.

Sin embargo, cuando un día le escucharon decir a su jefe que mientras él estuviera con vida nadie regresaría a Panamá, se consumó la defección. Pizarro envió a Diego de Almagro a Panamá por más hombres y vituallas, pero los soldados descontentos se dieron maña para enviar al gobernador del norte un pedazo de papel que decía: “A Señor Gobernador, / miradlo bien por entero, / allá va el recogedor / y acá queda el carnicero”.

A fines de septiembre de 1527, un navío se acercó al tenso campamento en la Isla del Gallo (actual Colombia). Pizarro pensó que venían los refuerzos de Almagro. Sin embargo, la algarabía de la tropa le hizo entender que la traición se había consumado. En efecto, llegó a la playa el capitán de la nave, Juan Tafur, quien le comunicó que traía la orden de llevarse a todos a Panamá. Pizarro, que había jurado morir antes de volver sin descubrir aquel país de ensueño, miró a los ojos a aquellos desmoralizados hombres y pronunció la famosa arenga que pasó a la historia.

En la primera capilla lateral derecha de la Catedral de Lima reposan los restos de Francisco Pizarro, hallados recién en 1977. También se puede apreciar en dicho recinto un mosaico con la lista de los compañeros que cruzaron la raya para conquistar el Perú, los llamados Trece de la Fama de la Isla del Gallo que, según el cronista, “…estando más para esperar la muerte que las riquezas que se les prometían, todo lo pospusieron a la honra y siguieron a su Capitán y caudillo para ejemplo de lealtad en lo futuro”. Sus nombres son: Cristóbal de Peralta, Nicolás de Rivera, Domingo de Soraluce, Francisco de Cuéllar, Pedro de Candia, Alonso de Molina, Pedro de Alcón, García de Jarén, Antonio de Carrión, Alonso Briceño, Martín de Paz, Juan de la Torre y Francisco Rodríguez de Villafuerte.

Pizarro no tuvo que aplicar la antigua estrategia del “divide y vencerás”; él tuvo la fortuna de encontrarla ya realizada. Huáscar y Atahualpa se enfrentaban en una sangrienta y cruel guerra fratricida. Eso explica cómo un puñado de hombres iniciaron la conquista del Imperio incaico.