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Año de la Universalización de la Salud
JUEVES 27

de febrero de 2020

HOMENAJE

Gracias, Adolfo

Adolfo Zelada tenía la precisa en el momento preciso. Una chispa que hoy ya nadie la tiene.

26/1/2020


Sergio Salas

Abogado, músico criollo

Ha muerto adolfo Zelada Arteaga. Tal vez para el gran público su nombre no sea tan conocido como los de otras megaestrellas de la canción criolla, pero para los que estamos en el medio y hemos conocido de la carrera de tan magnífico guitarrista, lo valoramos en su real magnitud.

Adolfo Zelada fue el último guitarrista nacido en la década de 1920 que destacó con su toque de guitarra, su temperamento y carácter particular, que aún en los últimos años se mantenía vigente, tocando en presentaciones y enseñando a jóvenes que querían aprender de la sapiencia del último referente activo que nos quedaba de esas épocas en la canción criolla.

Nacido en Trujillo en 1923, Adolfo integró el trío Los Galanes y rápidamente pasó a formar parte de aquellos conjuntos que acompañaban a todos los cantantes que iban a interpretar sus canciones cuando las radios tenían programas en vivo. Además, hay un sinfín de grabaciones de exitosos long plays en los que Adolfo participó, aun cuando su nombre no aparecía en los créditos. Por ejemplo, muchas veces era él quien hacía la guitarra en las grabaciones de los Embajadores Criollos, sin que el gran público llegue a saberlo. Felizmente, hay testigos de lo que aquí cuento.

Mi primer encuentro con Adolfo Zelada fue en los años 90. Él ya era un guitarrista consagrado, enseñaba en la Escuela Nacional de Folklore, había tocado con los grandes de la canción criolla desde la década del 40 y yo recién estaba en el colegio. Me pasaron la voz de que daría unas clases en el Museo de Arte de Lima y mi abuelo me matriculó. Recuerdo que llegué y él estaba ahí, probando las guitarras. No duré mucho porque eran solo clases en vacaciones escolares. Sin embargo, la vida haría que me lo encuentre posteriormente.

Una tarde, en el 2003, en el Centro Musical Domingo Giuffra, estaba con don Óscar Avilés y llegó Adolfo Zelada. Esa tarde fue un jaranón, un reencuentro de amigos guitarristas y jaranistas contemporáneos increíble. Ambos agarraron las guitarras y se pusieron a cantar. Ambos dominaban las primeras y segundas voces, conocían los temas más rebuscados y recuerdo mucho cuando terminaron cantando un tondero que nunca había escuchado en mi vida. Luego se quedó Adolfo solo en el escenario y dijo: “Voy a tocar un tema muy antiguo”. Yo esperaba alguno de esos valses de la guardia vieja, pero no, comenzó a tocar ‘Yesterday’, canción mundialmente conocida en la interpretación de los Beatles. Así era él, por eso le decían con cariño el Loco Zelada.

En una de mis visitas al Centro de Música y Danza de la Universidad Católica, me enteré de que Chalena Vásquez, directora de esta institución, había decidido contratar a Adolfo Zelada para que fuera parte del staff de profesores. Sería el 2004. Adolfo se quedó enseñando hasta el 2018. Pasaron por su aula hasta dos generaciones de estudiantes con los que compartió no solo las clases, sino también reuniones y serenatas. Fui testigo de cómo lo querían esos muchachos, y cómo eso le inyectaba vida.

Las inevitables reuniones y encuentros hicieron que Adolfo y yo cultivemos una linda amistad. Siempre con respeto y admiración por todo lo que él representaba. Además, como sucedía en el caso de los criollos antiguos, Adolfo tenía la precisa en el momento preciso. Una chispa que hoy ya nadie la tiene. Poseedor de un talento innato para las armonías, y profesional responsable, ya que para mantenerse vigente hasta los 95 años tuvo que agarrar el instrumento y practicar constantemente. La guitarra es un instrumento muy ingrato. Si uno no ensaya, pierde digitación y pulsación. Adolfo nunca perdió nada. Quien a sus 95 años lo veía tocando siempre decía: ¡Que bien toca Zelada, y para la edad que tiene!

A veces los personajes parecen eternos. Pero su partida nos hace volver a la realidad: todos nos tenemos que ir. Lo importante es lo que hacemos en el paso por este mundo. Uno es recordado por lo que hizo, y la verdadera muerte es el olvido. Mientras no te olviden, no mueres. Es el caso de Adolfo. Estoy convencido de que será recordado muchísimos años porque él ya es parte de la historia de la canción criolla.

Cuando el Centro Musical Unión grabó su LP, incluyó una marinera de Lima. En el cierre de esta jarana, don Rafael Matallana, como un “arreglo” le puso la frase: “Ay, Adolfo Zelada, descansa en paz, O Rey”. Y si bien en ese momento fue una palomillada de criollos, hoy nos toca despedirlo en serio y agradecerle lo que nos enseñó. Gracias, don Adolfo.