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Año del diálogo y la reconciliación nacional
JUEVES 16

de agosto de 2018

APROXIMACIONES

Hace 50 primaveras en Praga

Hace medio siglo, entre enero y agosto de 1968, se inició en Checoslovaquia, en el marco de la llamada Guerra Fría, un proceso de liberalización del régimen totalitario que se vivía en ese país, controlado por la Rusia comunista. A este corto período, que tuvo esperanzadores ejemplos en varios rubros del accionar humano, se le conoce como la Primavera de Praga.

28/1/2018


Javier Alejandro Ramos

Periodista

Tomada por la Unión Soviética y las naciones que formaban el Pacto de Varsovia, Checoslovaquia (desde 1993 escindida en dos países, República Checa y Eslovaquia) vivía desde el final de la Segunda Guerra Mundial un proceso político de estalinización y se había convertido en un satélite más del Kremlin en Europa Oriental.

Entre fines de los años 50 y mediados de los 60, bajo el liderazgo de Antonín Novotný, el país fue virando lentamente hacia el socialismo, abandonando progresivamente las duras reglas soviéticas, que habían minado el desarrollo económico e industrial de la nación. Una serie de demandas por reformas políticas fueron escuchadas por los dirigentes checos, y al ir perdiendo reflejos Novotný, fue reemplazado como secretario general del Comité Central por Alexander Dubcek, y como jefe de Estado por Ludvik Svoboda, con la bendición del máximo líder soviético, Leonid Brézhnev.

Bajo el liderazgo de Dubcek se instauró lo que se llamó “un socialismo con rostro humano”, que si bien no supuso la caída total del antiguo régimen, lo suavizó bastante. Los signos de independencia mostrados durante la Primavera de Praga en Checoslovaquia, que en un principio eran vistos con simpatía por la URSS (que los consideraban un experimento para lavar su cara ante la comunidad internacional, y jactarse de que si querían podía exhibir apertura), fueron poco a poco alarmando al Kremlin, que temía que su hegemonía en Europa del Este se viera amenazada por posturas libertarias occidentales.

El programa de acciones liberalizadoras del estalinismo impulsado por Dubcek, que incluso hablaba de socialismo democrático, libertad de prensa y gobierno multipartidario, duró poco. Si bien el dirigente se abstuvo de criticar los principios marxistas leninistas que eran el norte de la política de su país, los rusos decidieron reaccionar con la fuerza. Para Brézhnev estaba en juego todo el bloque comunista de Europa Oriental, y en plena Guerra Fría no podía dejar que se debilitase.

En agosto de 1968, a instancias de la URSS se firma la declaración de Bratislava, suscrita por los rusos, el ala dura de los checoslovacos, Alemania Oriental, Polonia, Hungría y Bulgaria, en la que se reafirma la lealtad al programa marxista. Días después, más de 2,000 tanques y cerca de medio millón de soldados soviéticos invadieron Praga sin encontrar mayor resistencia. Dubcek fue sustituido y olvidado, regresando a la política en 1989, tras el glásnot y la perestroika soviética, impulsados por Mijaíl Gorbachov.