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FRANCO BENZA. DIRECTOR

“Hay que atreverse a brillar en escena”

Director de Mandrágora anuncia lo que se viene en materia artística, como Brujas y Microteatro Miami, con talento peruano hacia el mundo.

16/9/2018


Cecilia Fernández Siivori

mfernandez@editoraperu.com.pe

Solo tiene 36 años, pero la historia de vida de Franco Benza parece resumir muchas vidas en una, ya que hace una década abandonó su trabajo formal y se atrevió a brillar. Se puso las alas para volar, amparado en sus sueños; en los que la magia es su insumo principal.

Franco es la carne y el hueso de Mandrágora, y viceversa. Este sello lo ha llevado a presentar en nuestro país las más alucinantes propuestas de arte, en las que la actuación, la danza y el canto confluyen con tal naturalidad que pueden incursionar sin atropellarse en el teatro Municipal como en el pasillo de un centro comercial.

Hadas, su más reciente trabajo, da fe de ello y del impacto que causó en la audiencia. “Ya viene Brujas, que será lo opuesto, pero siempre dejando el mensaje de que no importa cómo te veas por fuera, sino cómo eres por dentro”, se apura en explicarnos.No todo fue fácil para él. En sus inicios soñaba con ser bailarín. Empacó sus esperanzas y se fue a Nueva York para cumplir su sueño en el Manhattan Dance Project, una de las mejores escuelas de danza. “Mis padres han sido un motor. En ellos encontré amor para no rendirme”, recalca.

Ya en la Gran Manzana, su anhelo se despintó. “No pasé la audición para bailarín, pero sí para puestista. Una integrante del jurado me dijo: ‘Tú no eres eso, te veo en otro lugar’. Confieso que de mala gana fui y me pasé dos semanas estudiando; así entendí que eso era lo que yo quería hacer el resto de mi vida. Me gradué y fui contratado por Coca-Cola Argentina, y ahí viví en el mundo de hacer fantasía. Cuando regresé al Perú, me dediqué a generar formatos únicos, y ese ha sido el éxito de Mandrágora”.

–¿Lo pensaste mucho para lanzarte solo?

–Te mentiría si te dijera que lo analicé. No fue así. Yo sentía que no era algo tan complicado, solo necesitaba talento y mucha gente que creyera en sus sueños. Mi primer trabajo en el Perú fue la casa de Papá Noel; le puse el elemento artístico y nadie se lo esperaba. Eso me colocó en una posición privilegiada y las puertas se abrieron solas.

–Y seguro te endeudaste hasta el sombrero...

–Sí. Me pagaron diez e invertí 20, pero lo volvería hacer.

–Tus propuestas son de gran nivel estético.

–Es el cuidado de detalles y un gran casting. Nos caracterizamos por descubrir talentos inéditos para lanzarlos al mundo; no nos interesa representarlos, solo queremos que cada talento formado en nuestra casa brille solo y hable de lo que es nuestra mística con su trabajo. Luis Guillermo Ocampo acaba de ganar la distinción al mejor talento en Microteatro Miami, y yo, como mejor director; ese es el mejor aliciente.

–¿Por qué le tenemos miedo a brillar?

–Creo que al peruano le encanta, pero también es real que a veces estamos tristes, y me incluyo. Mandrágora es mi inyección de fuerza y energía.

–Tú creaste Ciudad Fantasía, ¿cómo crees que este tipo de arte se integre a la educación formal?

–Ciudad Fantasía te dice que es un espacio limpio en el que priman la educación y los valores, pero, sobre todo, mucha luz. Basándome en eso, creé los talleres Mandrágora, en los que acopio talentos para las propuestas. Pasan un casting y ahí vemos el potencial para filtrarlos, pero no para ver si entran o no, sino para saber en qué nivel están. Este año vamos a llegar a Pucallpa, Piura, Trujillo y Arequipa.

Franco también aspira a formar en el teatro musical con talento nuevo. “No apuntamos a figuras conocidas, prefiero formarlas. Tenemos un convenio con Telemundo y ya hemos enviado talentos para series y novelas”.

“La meta es estandarizar y profesionalizar el arte, y eso hago en los talleres por un mínimo de tres meses”.

–Con tanta puesta de fantasía, ¿algún día podrías ser el Disney peruano?

–Sería lindo, pero mientras tanto nos dedicamos a intervenir espacios como el Teatro Municipal, por ejemplo. No tengo límites. ¿Por qué no hacer un parque de diversiones en mi país?