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Año de la Universalización de la Salud
VIERNES 3

de julio de 2020

Historias de padres de familia en la primera línea de fuego: El comandante que no deja de patrullar

El Día del Padre cumplirá 100 días de trabajo ininterrumpidos desde el inicio de la cuarentena nacional. El capitán de navío Paul Gonzales tiene a su cargo a más de mil hombres de la Policía Naval, quienes velan por la seguridad de la población en puestos de control en Breña y La Perla.

19/6/2020


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe


“En este buque, nadie se va a rendir”. En la metáfora del capitán de navío Paul Gonzales Abarca, jefe del Servicio de Policía Naval, el buque es el Perú en medio de la cuarentena. 

-Que sepa la población que nosotros, sus Fuerzas Armadas, su Marina de Guerra, siempre vamos a estar con ellos y juntos vamos a derrotar a este enemigo invisible, el coronavirus. 

Desde el lunes 16 de marzo, cuando se inició el estado de emergencia por la pandemia del coronavirus, el marino no ha vuelto a casa. 


Fue designado por la Marina de Guerra como comandante del Grupo de Tarea 22.6 (CGT 22.6), con la misión de ayudar a la población durante la emergencia nacional de salud en los distritos de La Perla y Breña. El Día del Padre cumplirá 100 días de labor ininterrumpida.

-Aún no regreso a mi casa. El motivo principal es la vocación de servicio -cuenta el infante de marina-. Tengo a mi cargo un grupo humano con una moral elevada y creo que mi compromiso es estar con ellos, ya habrá momento que yo salga, que todo esto termine y habrá momento para estar con mi familia.


Puestos de control

En la Policía Naval (PN), que conmemoró esta semana 45 años de fundación, el comandante Gonzales tiene a su cargo a más de mil hombres. Y lo han celebrado, cumpliendo su nueva misión durante la cuarentena nacional, trabajando en puestos de control en La Perla y Breña, para evitar el libre tránsito de personas y vehículos.  

El personal de guardia trabaja en varios turnos para cubrir en forma permanente los puestos de identificación de personas y vehículos, desplegados en zonas como la avenida Insurgentes, La Paz y Gálvez, en el Callao, y la plaza Bolognesi, avenidas Arica y Zorritos, en Lima. De esta manera “se hace cumplir todas las disposiciones emitidas por el supremo Gobierno”. 
Para el comandante Gonzales, los primeros días de la medida de fuerza fueron de aprendizaje tanto para los militares como para la población. 

-Tal vez, en un inicio, se tomaba la pandemia como pasajero, y eso generaba un exceso de confianza en la población. Lo cual ha ido cambiando. Soy testigo, en las intervenciones, que hoy, quienes están fuera de casa son quienes cuentan con su pase laboral. O son personas que estrictamente van al banco, al hospital o los mercados. 


Vida en familia 

A sus 48 años de edad, el capitán de navío Paul Gonzales Abarca ha cumplido con la promesa que se hizo cuando en 1991 ingresó a la Escuela Naval: como mínimo voy a llegar al grado con el que se retiró mi papá, coronel. 

“Cumpliste lo que te propusiste, hijo; estoy orgulloso de ti”, le dijo su padre, Jorge Gonzales, exoficial de la Guardia Civil del Perú. Esa vocación policial paterna fue el motor de Paul para postular a la Marina. 

Más allá de sus diversos estudios, de su maestría en Estrategia Marítima y sus actuales estudios de doctorado en Administración, el oficial es un hombre feliz cuando cuenta orgulloso sobre los logros de su hija Alejandra: a los 14 años, ella ya es campeona nacional de los 1,500 metros en estilo libre en piscina de 50 metros. Y representará al país en los próximos Juegos Suramericanos de la Juventud que se realizarán en el 2021, en Argentina.

Son un triunvirato junto con su esposa, Patricia. Con ella celebraron por videollamada el 1 de junio sus 18 años de matrimonio. 

-Mi esposa y mi hija saben que voy a regresar pronto a casa y vamos a estar los tres, como siempre hemos estado, disfrutando. Mis padres, Jorge y Yolanda, siempre están preocupados por mí, pero saben que la Marina nos cuida. Para mí, cumplir mi misión, apoyando a mi patria, es lo mínimo que puedo hacer por todo lo que me ha dado la Marina.  


Afinar la vocación

En marzo voy a cumplir 30 años de servicio. Todavía recuerda la primera unidad de combate en superficie donde fue destacado, la corbeta misilera BAP Larrea. 

Al año siguiente, en 1997, estaba en el crucero portahelicópteros BAP Aguirre, donde era oficial de operaciones. Esas experiencias le valieron para afinar su vocación dentro de la Marina: en 1998 se calificó como Infantería de Marina. 

“El trabajo terrestre anfibio va más con mi personalidad. Me gustan los retos”, dice. Como infante de marina hizo cursos de operativos y esa experiencia, dice, ha sido vital para esta misión frente al covid-19, porque se necesita mucho criterio y sentido común. 

Otra experiencia vital para él fue cuando permaneció, entre 2003 y 2004, como observador militar de las Naciones Unidas en la Misión de Paz en Liberia. Un peacekeeper. Trabajó con militares de una veintena de países. Debían de desplazarse para conversar con los líderes de los grupos guerrilleros, para motivarlos a unirse a la desmovilización voluntaria para que depongan sus armas e inicien el proceso de reintegración a la sociedad. 


Al comandante le resulta inolvidable la extrema pobreza, la falta de servicios básicos porque el conflicto había destruido los suministros de agua potable, de energía eléctrica. Y la malaria. Ni el campamento de la ONU estaba libre de la mortal enfermedad. 

El marino peruano conocía esos síntomas de la malaria cerebral, que transmiten los zancudos; de resfrío, malestar, fiebre alta. Un compañero filipino que vio por la mañana había fallecido al anochecer con la sangre contagiada por la malaria. La situación del covid-19 le hace recordar porque también en Liberia, al mínimo dolor de cabeza la persona debía de iniciar el tratamiento de 15 días.

-Tengo 48 años, pero mi espíritu es joven y, a Dios gracias, estoy bien de salud. Lo que permite seguir comandando este gran grupo humano de policías navales que han demostrado garra. Paso inspección, converso con ellos, los oriento, veo sus necesidades. Ahí me doy cuenta de que ellos dan la talla; dan el 100% por su patria.
-¿Algún consejo? 
-Quédense en casa. Es la mejor medicina. 


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