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Año de la Universalización de la Salud
VIERNES 3

de julio de 2020

Historias por el Día del Padre: Julio Espinoza y su pasión por la educación inicial

El Perú cuentan con 99,539 docentes de educación inicial. El 93.8% son mujeres. Julio Espinoza es uno de los pocos docentes varones que optan por educar a los más pequeños. Tiene 26 años de servicio y comparten su pasión por la enseñanza con su esposa y una de sus tres hijas.

21/6/2020


José Vadillo Vila


El joven lo detuvo en los pasillos de la Universidad Nacional Daniel Alcides Carrión, “¿profesor Julio Espinoza Herrera?” “Sí”, dijo, mirando extrañado al hombre de bigotes que sabía su nombre. “Me llamo Joel Cárdenas y usted fue mi profesor en el jardín”. 

Y Julio Espinoza recordó, inmediatamente, a aquel niño, de quien estuvo en pendiente hasta que su familia se mudó a otra ciudad, años atrás. Había vuelto a Cerro de Pasco y ya era un hombre. Le pedía que por favor esté presente el día de la sustentación de tesis como contador público. Ese día, cuando Joel recibía su grado, el profesor Espinoza lloraba emocionado y se abrazaba con la familia de su antiguo alumno de inicial.   

-Le dije, nunca pensé encontrarte en esta esfera. Me da alegría que seas un profesional. Y nos abrazamos con toda su familia. 

Otro caso, que no olvida es el de una niña de 5 años. “Ella no tenía papá, sus padres se habían separado, y un día a la hora de salida trajo a su mamá. Le dice, ‘mamá, ya encontré a mi papá, es bueno’. ¿Quién es tu papá?, preguntó la mamá confundida. ‘Ahí está mi papá, él me ayuda, él me quiere’, señalándome; y la señora se puso de colores, se disculpaba por la ocurrencia de su hijita. ‘No se preocupe, señora’, la tranquilicé cuando se puso a llora, ‘es la falta de amor paternal y si yo se lo puedo brindar a ella, no hay problema. Para la niña soy como un papá por la misma confianza que me tiene’, le expliqué”. 


De la catequesis a la universidad  
Que disculpe el Nobel colombiano Gabriel García Márquez, quien afirmaba que el mejor oficio del mundo era el periodismo. Para el profesor Julio Espinoza Herrera la profesión más hermosa del orbe es ser maestro. 

Tiene 55 años de edad y nació en el distrito cerreño de Yanacancha, en San Juan Pampa, a quince minutos de la ciudad de Cerro de Pasco. 

Pero, ¿cómo el quinto de los siete hijos de Julio Espinoza Romero y Zumilda Herrera Ordoñez decidió abrazar la educación inicial? “Yo he tenido una buena formación, el valor de las damas. Me incliné a la carrera cuando era catequista y preparaba a los niños para la primera comunión en la iglesia de San Miguel Arcángel de Chaupimarca. Y cuando terminé la secundaria, no tenía dudas: quería dedicarme a formar niños”. 

Cuando sus papás supieron de su determinación, su mamá le dio un consejo que ha cumplido a rajatabla: “Siempre enséñales a esos angelitos con la oración de la mañana; que Jesús esté al lado de ellos. Y hazlo todo con alegría”.

Julio Espinoza estudió Educación en la UNDAC. Era el único varón de su salón de clases y lo tomó a broma. “Soy el único gallo entre 40 gallinas”, decía. “Los estudiantes de otras áreas se me acercaban y me preguntaban, ‘¿No tienes miedo de andar con tantas mujeres?’ ‘¿Y ustedes no tienen miedo de andar solo rodeados de hombres?’”.

Inició sus prácticas profesionales en la institución educativa número 34033 de Cerro de Pasco. Fue ganando experiencia y fue nombrado en un colegio de la ciudad de Pozuzo, en la Selva Central. Ahí se quedó siete años. 

Sus deseos de superación lo llevaron de regreso a Cerro de Pasco: los 10 años que enseñó a Cajamarquilla, a unos 45 minutos de la capital cerreña, aprovechó para titularse y estudiar la maestría. “No podía avanzar en Pozuzo; de lo contrario, me hubiera quedado allá”.  

Durante dos años, todos los viernes, sábados y domingos, las pasó viajando de Cerro hasta la Universidad Enrique Guzmán y Valle, La Cantuta, en Chosica, para estudiar la maestría en Gestión Educativa. 


Contra los prejuicios
Somos una sociedad machista y, a la vez, una sociedad golpeada por la violencia contra mujeres, niños, niñas y adolescentes. Le pregunto sobre las desconfianzas hacia los docentes mayores, que debe de suscitar en algunos padres de familia al ver a un varón enseñando a niños de 4 y 5 años. 

“Yo no he tenido nunca problemas. Siempre he trabajado acompañado de una auxiliar. Ella se encarga de llevar a las niñas a los servicios higiénicos y yo, de los niños. De esa manera, se trabaja sanamente”, explica.

Enseñas con amor
Pero hay algo muy importante para él: el trabajo emocional. Me reitera, “el querer a los niños es no hacerles daño”. Es el principio que ha regido el norte del maestro en estas más de dos décadas dedicadas al magisterio. Y que también le ha enseñado a Janela, su hija, quien también ha estudiado educación inicial y ahora se desempeña como auxiliar de aula. 

Desde hace cinco años, el profesor Herrera vive en Lima. Decidió con su esposa Dula, también profesora de inicial como él, mudarse a la capital para darles mejores oportunidades educativas a sus tres hijas. 

Cuando en el 2015 fue contratado por la Institución Educativa Inicial 101, Aldea Infantil, de Lurigancho-Chosica, hubo madres de familia que se oponían a que un hombre sea el profesor de inicial de sus hijos. En Cerro de Pasco, nunca le había pasado eso (quizá los prejuicios son más capitalinos, citadinos, digo).
 
El director de la IEI fue sabio, escuchó a las madres y les aconsejó, ¿por qué no prueban? “Si ustedes ven alguna dificultad el profesor se irá; de lo contrario, se quedará. Todo dependerá de ustedes”. 

Julio Espinoza demostró en el aula toda su experiencia y el amor por su profesión y los niños. Y puso en práctica las lecciones de Jean Piaget y Lev Vygotsky, científicos sociales que afirmaban que la mejor forma de enseñar a los niños es con amor y en base a las experiencias prácticas y sensoriales. 

El epílogo de esa historia son las madres, que se había opuesto, dejando atrás sus prejuicios al ver los resultados de sus hijos y el trabajo ético del maestro. Y ahí estaban, en la puerta del director, solicitando que el profesor Espinoza se quede a trabajar ahí.


Enseñanza hoy y el rol de los padres
La pandemia del coronavirus ha trastocado la enseñanza tradicional. Ahora, todos los viernes, el profesor Espinoza se conecta con los 24 niños y niñas del Aula Blanca, niños de 4 años de edad y se apoya en las herramientas que brinda la estrategia Aprendo en casa, del Ministerio de Educación. 

Recuerda que, para esos primeros pasos en las aulas, es importante la educación presencial. Por eso pide a los padres de familia, acompañar a sus niños en la teleeducación. 

“Ahora los maestros no podemos observar y estar del lado de los niños, solo les mostramos las enseñanzas a través de una pantalla. No es de las mejores estrategias porque los niños necesitan un abrazo, un ‘sigue adelante’, decirles ‘tú puedes’, o, simplemente, darles una mirada buena. Para un ser humano es indispensable incentivarlo. Los padres, ahora, son los protagonistas de la enseñanza de sus hijos desde casa. 

De acuerdo al Minedu, el Perú cuenta con 99,539 docentes de educación inicial; que del total, 61,148 están en la gestión pública y 38,391 en la privada, y que el 93.8% del total son profesoras mujeres. 

Acerquemos la cifra: en la Unidad de Gestión Educativa (UGEL 6), hay alrededor de 200 profesores de educación inicial. De ese total, hay solo dos varones. Uno de ellos es el profesor Espinoza. 

“Por eso cuando tenemos reuniones en la Red Educativa de Lima Metropolitana número 13, a la que pertenezco, se ponen a mi alrededor y me preguntan sobre mi experiencia docente y comparto con ellas lo que sé”.

Y cuando jóvenes varones tienen el llamado de la vocación por la educación inicial pero les pesa aún los prejuicios cuando de la sociedad, del qué dirán, de que si no los verán raro, abrumados de ver tantas compañeras mujeres, les aconseja primero, “estar en armonía consigo mismos”, aprender a escuchar a las compañeras (“ellas tienen mejores ideas”) y trabajar con amor, profesionalismo y respeto por los niños, que es otra forma de llamar a la esperanza.