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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
JUEVES 5

de diciembre de 2019

PROPUESTAS

Institucionalizar el sistema de recursos humanos

4/11/2019


Cristian León Vilela

Docente de la Escuela de Gobierno y Políticas Públicas de la PUCP

En las democracias modernas, las burocracias meritocráticas (BM) o servicio civil meritocrático (SCM) constituyen una condición ineludible para incrementar el bienestar colectivo. Un SCM es lo opuesto a la burocracia clientelar (BC). 

En la BC, quienes desempeñan función pública sustituyen el propósito del bienestar colectivo por el mero intercambio de favores y prebendas personales. Naturalmente, la BC genera condiciones propicias para la corrupción, pues al ser personas las que integran las organizaciones, son estas quienes pueden convertirlas en “islas de integridad” o perpetuar los actuales archipiélagos clientelares.

En los últimos años se han aprobado en nuestro país un conjunto de normas orientadas a lograr un SCM destacando dos hitos importantes: la creación de la Autoridad Nacional del Servicio Civil, Servir (2008), órgano rector del Sistema Administrativo de Gestión de Recursos Humanos del Estado (SAGRH); y la aprobación de la Ley Nº 30057, Ley del Servicio Civil (2013). Sin embargo, aun cuando estas constituyen importantes cambios normativos, subsisten resistencias –algunas veces impenetrables– en quienes ejercen función pública. Se trata de costumbres, tradiciones y códigos de conducta (North, 1990) afincados en el inconsciente colectivo. Un ejemplo es el clásico: “Así se ha hecho siempre”.

Luego de aproximadamente 30 años de que la política del servicio civil ingresara a la agenda de las políticas públicas del país, resulta imprescindible establecer algunos objetivos posbicentenario con el fin de lograr un SCM. Uno de ellos: institucionalizar el SAGRH o, dicho de otro modo, que el SAGRH sea una institución. Por institución nos referimos a las reglas de juego, es decir, el marco en cuyo interior ocurre la interacción entre las personas (North). Las reglas que se aplican en los deportes permiten comprender mejor esta idea. Por ejemplo, en el fútbol, las reglas de juego han definido el número de jugadores de un equipo o cuando se anota un gol (de hecho, que la pelota ingrese al arco no siempre supone gol), entre otros.

Las reglas de juego –las instituciones– pueden ser formales o informales. Las formales son aquellas que resultan de una ley o de algún tipo de norma. Las informales son los usos, costumbres y otros códigos de origen cultural. Un ejemplo de esto último es el trueque, práctica andina que involucra valores como el respeto al intercambio, entre otros, cuya aprobación o atávica vigencia no responden a ley alguna.

Servir, como rector del SAGRH, ha logrado avances importantes respecto del marco normativo (reglas de juego formales), pero resta aún un retador camino en materia de reglas informales. Funcionarios, directivos, no directivos y la ciudadanía deben comprender e internalizar que el mérito, la capacidad, la honestidad y otros principios propios del SCM, constituyen reglas de juego y deben, por tanto, incorporarse en la cultura y traducirse en comportamientos. Servir, como rector, es el árbitro que establece las reglas de juego y, además, identifica y sanciona a quienes las infringen.

El Perú requiere cambios culturales: instituciones. La estabilidad fiscal, las finanzas públicas y tantos otros aspectos macroeconómicos son positivos e indispensables. Pero el Perú posbicentenario merece y requiere de otros componentes para convertirse en una democracia moderna. Ya se decía en El amor en los tiempos del cólera: una cosa es ser rico; y otra, un pobre con plata.




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