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SE USÓ “EVANGELIO DE LA DEMOCRACIA” PARA JUSTIFICAR DECISIÓN

Intervención militar en debate

El presidente Donald Trump utiliza la amenaza militar como una alternativa para solucionar la crisis venezolana. Hoy que los tiempos han cambiado y predominan las democracias en la región, una decisión de este tipo no es un remedio.

13/3/2019


Fabian Vallas

Editor de Internacional

Una intervención militar de Estados Unidos sería contraproducente, y una decisión del presidente Donald Trump, en este sentido, solo se explicaría por la necesidad de desviar la atención de sus múltiples escándalos en vísperas de una campaña electoral. 

La mayoría de países democráticos de la región no solo rechazan esta alternativa, sino que también temen las graves repercusiones políticas que llevaría en la región si consideramos los antecedentes de anteriores incursiones en América Latina y el Caribe.

La principal argumentación de los distintos presidentes estadounidenses para enviar a sus marines fue de tipo liberal. O sea, instalar sólidas instituciones democráticas, en las cuales cada una de ellas rindan cuentas y se realice una fiscalización mutua, sin mayor concentración de poder. En cada decisión de este tipo, se oculta la agenda de seguridad hemisférica.

En su historia, los militares estadounidenses cruzaron el río Grande en múltiples ocasiones. A veces, apoyó a terceros países para que invadan una nación enemiga. En otras ocasiones, la Casa Blanca impulsó operaciones encubiertas, inclusive contra gobiernos democráticos electos como el de Jacobo Árbenz en Guatemala, en 1954, por intentar impulsar una reforma agraria, o el del socialista chileno Salvador Allende, en 1973.

Tiempos imperiales

(1776-1914)

Estados Unidos se convirtió en potencia hemisférica desde su independencia en 1776. Desde un inicio, Washington mezcló argumentos como el “Evangelio de la democracia” con el de seguridad para lanzar cruzadas sustentadas en valores liberales.



Tropas a Cuba (1898). El entonces coronel Theodore Roosevelt encabeza el primer Regimiento de Caballería de Voluntarios de Estados Unidos que tuvo destacada acción en la batalla de la Colina de San Juan.




México (1916). El general John J. Pershing cruza el Río Grande en búsqueda de Pancho Villa. Años más tarde, Pershing encabezó al ejército estadounidense en territorio europeo durante la Primera Guerra Mundial.



Haití (1915). Soldados estadounidenses llegaron a Puerto Príncipe con la idea de enseñar las bondades de la democracia a los lugareños. Casi dos décadas más tarde, los soldados se retiraron sin lograr su propósito.

La idea de que Dios había encomendado a Estados Unidos la misión de enseñar a los países del mundo las virtudes de la democracia. Este argumento de tipo político y religioso fue la justificación de este período de intervención militar fuera de sus fronteras para extender su área de influencia.

Un buen ejemplo de este período de intervenciones sucedió en la guerra hispano-estadounidense de 1898. Estados Unidos deseaba la expulsión de todas las potencias europeas del territorio americano. Uno de los últimos bastiones de España en el hemisferio se encontraba en Cuba y Puerto Rico.

En 1904, el presidente Roosevelt (1901-1908) empleó la política del “Gran Garrote” para afirmar los derechos de las empresas estadounidenses y sus ciudadanos en el hemisferio. En este período nació la metáfora que “América Latina era su patio trasero”, cuando la creciente potencia mundial mandaba a sus “cañoneras” a las costas de los países que tenían conflictos con sus grandes capitales.



Nicaragua (1932). Los marines estadounidenses muestran una bandera capturada al líder nacionalista, el general Augusto César Sandino.



República Dominicana (1965). Un tanque estadounidense junto con partidarios de la intervención militar ingresa a las calles de Santo Domingo.

La era wilsoniana

(1914-1945)

Woodrow Wilson fue el presidente de Estados Unidos (1913-1921) que llevó a su país a la Primera Guerra Mundial y a la más grande ola de intervenciones en el hemisferio. Llevó el concepto de promocionar la democracia liberal a su máxima expresión, inclusive con el uso de la fuerza. La idea central era que “Washington debía enseñarles a los latinoamericanos a elegir el hombre correcto para dirigir el país”.

En este caso, intervino en Haití y en diversos países centroamericanos que tenían conflicto con la empresa estadounidense United Fruit Company (UFC) con el gobierno guatemalteco revolucionario de Jacobo Árbenz en 1954. El intento de impulsar una reforma agraria significó una larga guerra civil, que terminó con sus sueños de mejorar las condiciones de vida del campesinado y con el apelativo de “repúblicas bananeras”.

En esta etapa, inclusive Franklin Delano Roosevelt (1933-1945) mantuvo en la agenda el tema de seguridad por encima del de la democracia y el respeto de las libertades elementales. Se cuenta que un funcionario de Washington le comentó al presidente Roosevelt que el dictador nicaragüense, Anastasio Somoza (padre), era un hijo de puta. “Sí, es cierto”, asintió el mandatario estadounidense, “pero es nuestro hijo de puta”, sentenció.

Guerra Fría

(1945-1989)

Al aparecer la amenaza de la Unión Soviética a la propia seguridad de Estados Unidos, el tema de la democracia solo sirvió para justificar una intervención militar ante la opinión pública y el Capitolio. Washington abandonó la promoción de la democracia como su primera opción. Una de las frases que ilustran muy bien este período fue de John F. Kennedy: “Nosotros siempre vamos a preferir a un Rómulo Bentacourt (presidente de Venezuela 1959-1964), pero nunca podemos renunciar a un Rafael Trujillo (dictador dominicano 1942-152), si es que nos amenaza un Fidel Castro (presidente comunista 1959-2008).

La Guerra Fría fue la etapa de la vigencia de la Doctrina de Seguridad Nacional, que justificaba finalmente los gobiernos militares ante la amenaza de grupos izquierdistas. En la práctica, apoyó a dictaduras centroamericanas y del Cono Sur, acusadas de violar los derechos humanos.



Venezuela. Al menos en sus discursos, las milicias manifiestan que están dispuestas a luchar contra una invasión estadounidense.

El caso de Venezuela

Luego del fin de la Guerra Fría, el tema de la seguridad pasó a un segundo plano ante el fin de la amenaza comunista en la región. La comunidad de países democráticos en la región se fortaleció y, ahora toma sus decisiones en forma soberana. Ante la crisis de la democracia venezolana, los países del Grupo de Lima han sido tajante en su decisión de buscar el retorno hacia el Estado de derecho por medio de la presión diplomática y no por la vía militar.

Un segundo motivo es la pérdida del valor estratégico del petróleo a escala mundial. Hoy cerca de un tercio de la energía utilizada por Estados Unidos es energía renovable, no carbónica y muchos Estados de la primera potencia mundial han decidido tener el 100% de esta fuente en el 2045.

En tercer lugar, el interés de China y de Rusia no es ideológico, es sobre todo económico. De acuerdo a un informe de la BBC, China prestó en los últimos diez años, 67,000 millones de dólares al gobierno de Nicolás Maduro. Mientras que Rusia es acreedor de 17,000 millones de dólares.

Por último, a diferencia de otras experiencias socialistas, la revolución de Venezuela chavista ya no seduce, ni llama la atención en América Latina. Más aún, este es un ejemplo de lo que no debe hacerse en el terreno político y económico. Por tal motivo, no es peligro para la región.

Por tales motivos, una intervención militar estadounidense no se justifica y su sola mención ya causa una polarización, en el cual solo Maduro saldría beneficiado al asumir un discurso antiimperialista.