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Año del diálogo y la reconciliación nacional
MIÉRCOLES 18

de julio de 2018

ENFOQUE

Inversión privada en la niñez: decisión estratégica

Este año es el segundo de los quince en los que deben implementarse los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que plantea la nueva agenda mundial 2030. Este reto encuentra al Perú en una situación de privilegio. El país vive uno de los bonos demográficos más significativos de su historia. En las próximas décadas, la población en edad productiva superará en número a la población económicamente dependiente.

8/1/2017


Maria Luisa Fornara Representante de Unicef



¿Estarán preparados los peruanos para sortear tamaño desafío? ¿Qué podemos hacer para que así sea? Indicadores como los resultados de la prueba Pisa –aunque todavía no colocan al Perú en una situación ventajosa– hablan de progresos, producto de políticas públicas acertadas que deben acentuarse y recibir mayor inversión.



La educación de calidad es clave, pero por sí sola no garantiza que estos niños al llegar a la adultez lleven con éxito su proyecto de vida. Hay factores determinantes como la salud, la nutrición, el desarrollo de habilidades blandas y la prevención de las violencias que no pueden dejarse de lado.



En esta tarea, el Estado no es el único responsable. Los gobiernos regionales, locales y la sociedad civil deben asumir también esta responsabilidad, y la empresa privada está llamada a ser una aliada. La presencia del presidente Pedro Pablo Kuczynski en CADE 2016 evidencia esta mirada.



El reto: que en la pequeña y gran empresa exista una responsabilidad social enfocada en la niñez y la adolescencia. Esto requiere compromiso, constancia y coherencia de las empresas, indistintamente de su tamaño, facturación o sector productivo, y el enfoque de principios y derechos de la niñez puede ser una gran herramienta de apoyo.



La responsabilidad social del empresariado empieza por reconocer que en el entorno familiar de colaboradores, directivos, proveedores y clientes hay niños, niñas y adolescentes. Por tanto, sus decisiones impactan directa o indirectamente sus vidas.



Este enfoque implica identificar los efectos que la actividad empresarial genera; supone prevenir, mitigar y remediar aquello que afecta a niños y niñas. Desde la elección de proveedores de insumos o servicios que prohíban, por ejemplo, cualquier tipo de trabajo infantil hasta la creación de incentivos para que sus colaboradores dediquen tiempo de calidad a sus hijos; o que sus clientes tengan información veraz sobre los productos que consumen, si estos afectan a sus niños.



Como lo señala James Heckman, Nobel de Economía, por cada dólar invertido en la primera infancia hay un retorno social de hasta 17 dólares en la adultez. Por eso, cuando la empresa invierte en generar oportunidades para el desarrollo integral de la niñez está asumiendo una postura ética y tomando una decisión estratégica. Pero está también contribuyendo a la creación de una generación con mejores oportunidades de desarrollo humano, económico y social para el país.