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Año de la Universalización de la Salud
VIERNES 3

de julio de 2020

Jofre, en busca de una vida tranquila (Historias de refugiados 2 en el Perú)

Hoy es el #DiaMundialDelRefugiado. Son 1,600 refugiados reconocidos por el Perú. El país ha recibido más de 480 mil solicitudes, de personas de más de 70 nacionalidades. El venezolano Jofre Rodríguez cuenta las circunstancias que lo obligaron a salir de su país.

20/6/2020


José Vadillo Vila


Foto referencial. Fuente: ACNUR

UNO 
El hombre salió de la camioneta y disparó a matar. El balazo ingresó por el lado izquierdo de su rostro y se alojó en la cervical. El proyectil chocó con el hueso maxilar; de lo contrario, hubiera llegado al cerebro y le hubiera arrancado la vida en menos de un chasquido. 

Pero la bala se desvió y se fue hacia la garganta. A sus 17 años, el adolescente Jofre Rodríguez era un veterano activista político de la oposición y lo querían asesinar. 

Tal vez jugó a su favor el significado de su nombre: Jofre, una versión catalana de Godofredo, nombre vikingo que significa “protegido de los dioses”.

Sucedió aquella mañana del lunes 26 de junio del 2017, en medio del “trancazo”, las protestas contra el gobierno de Nicolás Maduro. Los médicos le practicaron una larga operación que duró seis horas en el policlínico de la ciudad de Turmero, estado de Aragua, Venezuela. 

Esa misma noche, mientras un pulmón se le llenaba de sangre, y su vida colgaba de un hilo por las complicaciones, sus amigos del bachillerato hacían una vigilia en las puertas del policlínico. Uno de los carteles, en medio del llanto de las velas y el sonido de los violines, decía “No balas”.  

DOS
“La razón principal porque me tocó huir de mi país fue porque más que buscar una vida mejor, como muchos compatriotas, como refugiado simplemente busco una vida tranquila”, dice el joven venezolano de 21 años de edad, que ahora vive en Lima. Todavía tiene secuelas del intento de asesinato. 

“Por ahora, estoy bien, gracias Dios”, dice, estoico. Nació en Maracay, capital del estado de Aragua. Ese 2017 es vital para contar su historia, porque ya era un dirigente estudiantil, “poco a poco había construido un liderazgo, llevando un mensaje de cambio y esperanza, hacia los venezolanos, y empezaron las persecuciones, las arremetidas hacia mi persona”. 

Hay testigos que señalan que quien atentó contra su vida era una persona “perteneciente a los grupos violentos financiados por la dictadura en Venezuela”. 

Una fotografía que dio la vuelta al mundo semanas después, lo muestra extremadamente delgado y pálido, como la sombra de un alma, con los ojos ausente, llevando la dignidad sobre un bastón y usando collarín. 

Jofre estuvo un mes hospitalizado y luego medio año en terapias físicas. Pero en todo momento, desde la sala de operaciones, los suyos sabían que Jofre era vigilado por el temido Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin). Inclusive cuando salió de la clínica se tuvo que ocultar en la casa de un amigo. Por ello, los primeros meses del 2018 tomaron la decisión de salir de su país. 

El 5 de julio, Jofre dejó su país en autobús. Cinco días después ingresaba al Perú por Tumbes. 

TRES
“Fue un largo proceso. Gracias a Dios logré recuperarme… Logré sobrevivir”. A Jofre aún le queda una operación pendiente para reconstruirle el hueso y la mandíbula (que salvó su vida), la bala en la cervical le dejó secuelas a nivel del sistema nervioso. 

Jofre ingresó al Perú presentando su cédula de identidad y la carta andina migratoria. Hasta hoy, por toda la situación que pasó, no puede obtener su pasaporte. 

Ya en Lima, en setiembre del 2018, redactó su solicitud de refugio, la presentó a la Secretaría Ejecutiva de la Comisión Especial para los Refugiados, cuyas oficinas quedaban en el distrito de San Isidro (ahora están habilitando un nuevo local, anunció la Cancillería). Presentó los informes sobre su condición médica, los reportes en la prensa venezolana e internacional sobre su caso. 

En enero del 2019 llegó la respuesta aprobatoria de la Cancillería peruana y la resolución para que recoja su carné de extranjería. Fue así que el 2019, Jofre regularizó sus papeles, ahora en calidad de refugiado. 

Ahora vive en Lima junto a su mamá, su padrastro y varios tíos.  

“La calidad de refugiado te permite estar como un ciudadano extranjero pero con residencia en el Perú, lo cual hace ciertamente atractiva esa opción; es la oportunidad de ser residente de forma legal y poder acceder a los derechos”. 

A inicios de año, Jofre inició el proceso de renovación de sus carné de extranjería pero debido a la emergencia nacional por la pandemia del coronavirus comprende que hay muchos casos que ve la comisión especial y espera que regularizar el proceso con calma.

CUATRO 
Jofre solía ganarse la vida trabajando hasta que llegó la pandemia. “Hoy me encuentro como muchas personas, en ese limbo donde no se sabe qué va ser uno, hay que estar consciente de los riesgos de contagio que existen”. 

Uno de sus sueños que aún está “medio frustrado” es volver a Venezuela. Tiene la esperanza de regresar “a casa” y continuar con el proyecto que construye desde que era un quinceañero, por “rescatar los valores principales de la libertad, la democracia”. 

Ni la bala que casi le quita la vida le harán marcha atrás a su sueño: condiciones en la que no se sienta miedo. 

Cuando estuvo recuperándose en la clínica, allá en Turmero, fueron sus compañeros para entregarle el título de bachiller. Se había graduado recostado en una camilla. Jofre no tuvo acto de graduación. 

Se quedó con los deseos de estudiar Derecho. Estaba haciendo las averiguaciones cuando le cambiaron la vida con un disparo. Tiempos difíciles en Venezuela donde se tenía que decidir o estudiar o sobrevivir. 

Ha pensado muchas veces estudiar en el Perú; sin embargo, me dice que no es tan fácil cuando uno tiene “cierta responsabilidad” y hay que trabajar. 

“Uno tiene que construir esa cierta estabilidad económica, trabajar por los suyos, no solo acá, en Lima, sino por los que están en casa, en Venezuela, enviarles algo, porque allá el sueldo mínimo es de dos dólares. Debemos de ayudar con algo, aunque sea para que consigan comida, insumos para la casa, medicinas”. 

Compromisos. Luego, estudiar. 

-¿Y hallaste ese vivir en paz que buscabas?
-Lo he tenido de cierta forma, porque en el Perú no me siento perseguido por mis ideales como me sucedió en Venezuela. No he tenido tantos problemas, por así decirlo, por mi forma de pensar. 

Sin embargo, hay temas que le inquietan, como la mala imagen que se ha dado sobre los migrantes venezolanos. Le preocupa que eso pueda repercutir un día en la seguridad e integridad de él o de su familia. Gente que viene a buscar la paz.