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Año de la Universalización de la Salud
DOMINGO 26

de enero de 2020

Jurista& demócrata: José Luis Bustamante y Rivero

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Se conmemoran 31 años de la desaparición física del impulsor de la tesis de las 200 millas. El Salvador y Honduras reconocieron su trabajo, pero él se negó a recibir pago alguno.

12/1/2020


“La paz no tiene precio” ponderaba nuestro jurista, diplomático, defensor de los DD. HH. y presidente constitucional de la República. Fue una figura destacada dentro y fuera del país. Se conmemoran 31 años de la desaparición física del impulsor de la tesis de las 200 millas

Hablemos de un hombre decente. José Luis Bustamante y Rivero fue el primer y único peruano elegido juez de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), máximo tribunal de justicia del mundo, y llegó incluso a presidirlo, de 1967 a 1970. 

Además de ser impulsor de la tesis de las 200 Millas Peruanas (1947), fue el mediador que consiguió la paz entre Honduras y El Salvador en 1980. A 31 años de su partida y estando próximos al bicentenario, su rectitud política y legado están vigentes.

Arequipa de sus amores

Nació en Arequipa el 15 de enero de 1894. Se graduó de doctor en Derecho en la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa y en la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco como doctor en Letras. Obtuvo después el grado de doctor en Ciencias Políticas y Económicas. En 1923, contrajo matrimonio con María Jesús Rivera, con quien tuvo dos hijos, Beatriz y José Luis.



Al ser depuesto el gobierno de Augusto B. Leguía por Luis Miguel Sánchez Cerro en 1930, Bustamante fue llamado a colaborar en el cargo de ministro de Justicia. Desempeñó dicha tarea hasta febrero de 1931.

Presidente constitucional

El 28 de julio de 1945, asumió el cargo de presidente del Perú. Ganó ampliamente (66.97% de los votos) a su competidor, el general Eloy Ureta, héroe del conflicto con el Ecuador de 1941.

Bustamante fue candidato del Frente Democrático Nacional (FDN), una alianza atípica en la política peruana: incluía a sectores de derecha, centro e izquierda, y organizaciones proscritas, como el Partido Aprista Peruano.

Meditó mucho y en su Memorándum de La Paz (1945), planteó sus condiciones para aceptar tal candidatura.



Pero la fragilidad de su alianza política, así como las disidencias y postura opositora de los miembros más importantes, como el PAP, dieron inestabilidad a su gobierno. Él se negó a asumir funciones que no eran competencia del Poder Ejecutivo y a renunciar a su cargo. Fue derrocado el 27 de octubre de 1948 por el general Manuel A. Odría, su ministro de Gobierno y Policía.

200 millas y más

El gobierno de Bustamante y Rivero se caracterizó por el respeto irrestricto a los derechos humanos: promulgó una amnistía política en busca de la convivencia pacífica de los peruanos.

Mención especial merece su Declaración de las 200 Millas Peruanas (1947), que precisaba la extensión de la jurisdicción del Estado Peruano hasta las 200 millas, con el fin de proteger, conservar y utilizar los recursos naturales existentes en el mar adyacente a las costas nacionales.



Fue convocado por el presidente Óscar Benavides para servir como embajador del Perú en Bolivia (1934-1938). Al año siguiente, fue nombrado embajador en Uruguay. En 1940 lo ratificaron en el cargo. Volvió a ser embajador ante Bolivia entre 1942 y 1945.

Con el golpe del general Odría (1948), Bustamante inició un largo exilio por Buenos Aires, Nueva York, Madrid y Ginebra. A pesar de las limitaciones económicas, su producción intelectual no amainó: produjo trabajos en distintos ámbitos del conocimiento.

Cuando se reintegró a su vida profesional en el Perú, fue elegido magistrado de la CIJ de La Haya. Entre 1961 y 1970, este tribunal internacional recibiría sus aportes.

Desempeñó una importante labor de mediación en el conflicto fronterizo entre El Salvador y Honduras. Su intervención condujo a la suscripción de un tratado de paz, que se firmó en Lima (1980). Por este trabajo, recibió el reconocimiento de ambas naciones. Sin embargo, se negó a recibir pago alguno. “La paz no tiene precio”, sentenció.

Últimos años

Durante sus últimos años, recibió el homenaje y cariño de una larga lista de instituciones peruanas e internacionales.

Recibió las Palmas Magisteriales en el grado de Amauta y la Medalla de Honor del Congreso de la República en el Grado de Gran Cruz. Ocupó el asiento de senador vitalicio en el Congreso. Sin embargo, renunció a cualquier remuneración por dicha función.



Recuerdo mucho el tributo del 2 de abril de 1983 que le rindió el Colegio de Abogados de Lima, del que también fuera decano.

Fue candidato al Premio Nobel de la Paz, en reconocimiento a sus comprobados aportes a la paz mundial, tanto como magistrado y presidente de la CIJ, como por la mediación de la paz de El Salvador y Honduras.

Despedida de un patricio

No obstante su avanzada edad, el jurista mantenía intacta su lucidez intelectual y preocupación por el futuro del país. En Invocación al Perú (1984), resume su pensamiento y servicio a la patria.

En esta, su testamento político, resume las virtudes que debe tener cualquiera que aspire a representar a los ciudadanos: “[Que] convoque a la ciudadanía y le ofrezca una opción nueva con objetivos claros: funcionamiento pleno de la institucionalidad democrática, exclusión de toda forma de violencia; respeto a la opinión de las minorías; firmeza en las convicciones y transparencia en los actos”.

Todas estas virtudes son las que Bustamante y Rivero imprimió tanto en su vida personal como en su labor pública.

Falleció el 11 de enero de 1989. Debido a su condición de exjefe de Estado, se dispuso duelo nacional y el ceremonial que le correspondía a su alta investidura.

El jurista, el maestro, el más insigne de los patriotas y demócratas habita en el Panteón de los peruanos ilustres. (Elvis Tuesta Cuadros, consejero del servicio diplomático)