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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
JUEVES 25

de abril de 2019

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La ANGR y la descentralización

La semana pasada decíamos que el mayor reto que enfrentan los gobernantes regionales que acaban de asumir funciones es demostrar compromisos claros de lucha contra la corrupción en sus respectivas gestiones, a lo que agregaríamos ahora la necesidad de evaluar cambios en el proceso de descentralización que lleve a mejores niveles de gobierno.

26/1/2019


Respecto al primer punto, demás está decir que esto no es solo una exigencia del presidente de la República, Martín Vizcarra, que lo reitera en cada encuentro con las autoridades regionales y locales, sino que también responde al clamor de todos los peruanos, escandalizados por los últimos actos de corrupción que ha golpeado, como se dice, de paje a rey, al estamento político nacional.

La última vez que el Jefe del Estado reiteró su invocación para luchar contra la corrupción fue en la ceremonia de juramentación del nuevo consejo directivo de la Asamblea Nacional de Gobiernos Regionales (ANGR), que eligió como presidente al gobernador de Cajamarca, Mesías Guevara, excongresista, presidente y ex secretario general de Acción Popular, pergaminos que lo proyectan como un político de experiencia, con capacidad de generar los consensos necesarios.

Los nuevos gobernadores deben repensar el proceso de descentralización puesto en marcha a inicios de este siglo, con mayores exigencias de transparencia, buen gobierno y eficiencia en la ejecución del gasto para las 25 regiones. En ese sentido, estamos convencidos de que la ANGR puede jugar un importante papel como articulador entre las propias regiones, y entre estas con el Gobierno central, para generar una nueva cultura política a escala regional.

El buen gobierno de las regiones, con todo lo que ello implica, debe dejar de ser el compromiso de una autoridad o de una región, sino plasmarse en lineamientos concretos aplicables a todo el país, respetando la realidad y autonomía de cada departamento.

La función de la ANGR se hace aún más necesaria cuando observamos que no existe un elemento que unifique la cultura política regional, ni siquiera a nivel macro, como podría ser un partido político o una entidad académica. Salvo Acción Popular (AP), que ganó en tres regiones, y Alianza para el Progreso (APP) que gobierna dos regiones, los otros partidos brillan por su ausencia, y los movimientos regionales tienen una mirada que se agota en su circunscripción electoral.

Hay que pensar la descentralización, pero desde una mirada nacional, en función del país, que supere el cacicazgo político en que nos ha sumido la escasa presencia de los partidos nacionales en las regiones.

En esa línea, la ANGR tiene que dejar de ser solo una asociación de gobiernos regionales para pasar a convertirse en una agencia de planeamiento regional que lidere el cambio en este nivel de gobierno.

Para eso es indispensable que tenga un papel más activo en la política descentralizadora, empezando por su presidente, con propuestas y un diálogo político con el Gobierno central y el Congreso, para consensuar políticas nacionales en este tema.

Debemos aprovechar la presencia en Palacio de Gobierno de un Ejecutivo con vocación descentralizadora, que ha demostrado su compromiso de trabajar codo a codo con las regiones para materializar esos cambios y terminar el bicentenario con un nuevo modelo de descentralización para las próximas décadas.