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Año de la Universalización de la Salud
DOMINGO 27

de setiembre de 2020

“La captura del siglo” fue un meticuloso trabajo de inteligencia policial a cargo del Gein

Un día como hoy, 28 años después recordamos pasajes del operativo que permitió la captura del cabecilla de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán.

12/9/2020


José Antonio Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe


El calendario marcaba un sábado siamés al de hoy: sábado 12 de setiembre de 1992. Minutos después de las ocho, un cuerpo élite de la policía antisubversiva ingresó a una vivienda de dos pisos en el distrito limeño de Surquillo. En el segundo piso, capturaron a Abimael Guzmán Reinoso, alias presidente Gonzalo, el líder máximo del Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso (SL).

La captura del hombre que había teñido de sangre al país se regó rápidamente. El Perú vivió una noche eufórica, feliz. Primero, en los vecinos de la cuadra cuatro de la Calle 1, de la urbanización Los Sauces: los ciudadanos salían, aplaudían, rezaban, lloraban, al enterarse de quién había sido su vecino durante esos meses. Lo mismo sucedió en Miraflores, que en julio de ese año había sufrido el atentado de la calle Tarata. Y en todo el país.



Eran tiempos de teléfonos públicos que funcionaban con fichas rin: y la gente llamaba a sus familiares y amistades para comunicar la nueva. La televisión repetía la noticia con un flash. El lunes 14 de setiembre, los diarios de toda América Latina daban cuenta de la captura del líder terrorista, que había utilizado coches bomba, niños bomba, triciclos bomba, atentados a comunidades, locales diversos, comisarías y torres de alta tensión.

¿Por qué la euforia, pulpín? Se calculaba que entre 1980 y 1992 Sendero Luminoso había perpetrado 23,000 atentados, 25,000 muertes y 21,000 millones de dólares en pérdidas. El Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación Nacional (2003) señalaba que de las más de 69, 000 víctimas que se calculaba causó el período de violencia entre 1980 y el 2000, el 49% de las muertes fueron provocadas por SL.

Sobre la operación

Con el tiempo se conocieron detalles sobre este trabajo de relojería. Estuvo a cargo del Grupo Especial de Inteligencia (GEIN), creado en el interior de la Dirección Nacional Contra el Terrorismo (Dincote), en marzo de 1990, con el fin de capturar a la cúpula del feroz SL.

El jefe en el campo de la Operación Victoria fue el mayor Benedicto Jiménez. A Guzmán lo llamaban en clave el Cachetón.

Lo atraparon disparando solo una bala al aire. Se trató de un trabajo de inteligencia impecable. “Tranquilo, muchacho, ya perdí”, le dijo Guzmán al entonces alférez Julio Becerra, Ardilla, que lo encontró en un escritorio en el segundo piso de la vivienda (Ardilla y Gaviota, la policía Cecilia Garzón, fueron los primeros en ingresar al domicilio).

Como recuerda Carlos Paredes en su libro La hora final (2017), se creó el GEIN con la premisa de combinar “la investigación criminal policial con la inteligencia clásica”. Con este grupo de elite, la Policía se planteó conocer la estructura senderista.



El trabajo involucró a 82 agentes que a lo largo de dos años realizaron una docena de misiones de observación, vigilancia y seguimiento (Ovise); un trabajo de “marcar”, que no conocía horarios ni descanso. Una premisa, como una filosofía zen, los mantenía prestos a seguir el servicio: “El hombre de inteligencia no se cansa, tiene paciencia”. Son famosos los disfraces que utilizaron los agentes y también la revisión que hicieron a la basura, que permitió saber que había medicina para el tratamiento de la psoriasis y policitemia que sufría el autodenominado “cuarta espada del marxismo”.

Los agentes bautizaron como El Palomar a la casa desde donde hacían el reglaje a cada movimiento de la vivienda que el arquitecto Carlos Incháustegui (Lolo, para los agentes policiales) y la bailarina Maritza Garrido Lecca (Lola) habían alquilado. Era, a la vez, vivienda y academia de danza.



Un día antes de la captura, vieron las sombras en el segundo piso de un hombre “grueso y chato”. El Cachetón estaba acorralado. No como el 28 de enero de 1991, cuando, por un soplo, 72 horas antes de que lo atraparan los agentes del GEIN, Guzmán huyó.

El profesor siniestro

La llamada “guerra de guerrillas” o “lucha armada” de SL se inició en 1980, cuando se quemaron 11 ánforas para las elecciones presidenciales, en el caserío de Chuschi (Cangallo, Ayacucho).

Las primeras dos víctimas mortales que sembró SL fueron el viejo dueño del fundo y su ayudante –un joven de 19 años–, en San Agustín de Ayzarca (Ayacucho), asesinados por un grupo de más de 30 personas. Sucedió el 24 de diciembre de 1980.



En Lima, SL había realizado su primer hecho de violencia el 16 de junio de ese año cuando hizo estallar bombas molotov en la municipalidad de San Martín de Porres. El primer apagón que sufrió Lima se dio justo el 28 de julio, cuando Fernando Belaunde Terry asumía el mando de la nación y retornaba la democracia. Dos días después de la Navidad de 1980, aparecieron varios perros muertos amarrados en postes del centro de la ciudad.



La personalidad de Abimael Guzmán Reinoso, el taciturno profesor arequipeño, quien en las aulas de la Facultad de Educación de la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga inició lo que sería conocido en los ochenta como la organización subversiva más terrible que ha existido en América Latina, ha sido estudiada con profundidad. Umberto Jara señala en Abimael. El sendero del terror (2017) que el crecimiento político del sombrío docente se dio bajo la tutela del rector Efraín Morote Best (padre del cabecilla senderista Osmán Morote).

Zorba, el obscuro

El día que fue atrapado, Guzmán estaba junto a otra integrante de la cúpula senderista, Elena Iparraguirre (con quien contrajo matrimonio en el 2010, en la Base Naval del Callao, donde Guzmán purga cadena perpetua). Iparraguirre era quien, cabello corto y sosteniendo un banderín rojo de mesa, se desvelaba porque los agentes policiales no tocaran a su líder.

“El presidente-pensamiento Gonzalo era aquel alter ego divino de Guzmán. Era el creador de su fe, pero también el llamado a perpetuarla con su ejemplo. Todo merecía sacrificarse por esa religión”, escribió Toño Angulo Daneri en Llámalo amor si quieres (2004).



Tanto los investigadores como escritores han señalado como un capítulo no claro la muerte de Augusta La Torre (camarada Nora), esposa de Guzmán. Fueron justamente tres videos, el primero sobre el Primer Congreso de Sendero Luminoso (1987-1988) –que se hizo famoso por mostrar a inicios de 1991 al llamado presidente Gonzalo bailando subido de copas al estilo de Anthony Quinn en Zorba, el griego– y los otros dos son videos del velatorio y ceremonia fúnebre de La Torre. Las cintas permitieron al GEIN identificar a 19 miembros de la cúpula senderista.

Sobre La Torre: “Durante veinticinco años lo siguió a todas partes como si fuera un profeta, le permitió infidelidades con todas las mujeres de su entorno, lo ensalzó y lo admiró hasta el paroxismo. Incluso renunció a tener hijos porque sabía que Abimael odiaba a los niños”, escribió Rodrigo Núnez Carvallo en la novela Sueños bárbaros.

Los mitos hacían de Guzmán Reinoso no solo un semidiós, sino también un hombre que estaba en la primera línea de batalla. El periodista Umberto Jara desmitifica aquella chapuza: “Guzmán vivió siempre en ciudades, no realizó trabajo de campo y se dedicó al trabajo ideológico”.