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CRÓNICA DE VIAJE

La ciudad de las dos piedades

En la ciudad rosada de Lampa, en la región Puno, la fe católica se traduce en el orgullo de tener las únicas dos copias de La Piedad, de Miguel Ángel. Una se ubica en la iglesia de Santiago Apóstol, donde reina una virgen que había llegado de paso a este pueblo altoandino.

9/11/2018


José VadilloVila

jvadillo@editoraperu.com.pe

Al final del pasadizo que discurre debajo de la nave central de la iglesia de Santiago Apóstol, “alguien” –si cabe el término– te sonreirá. Se llama “Richard”, igual que el guía que nos acompaña. Es una calavera, platuda ella, que tiene los cuencos de los ojos llenos de monedas. La gente le pide deseos y deja su sencillo. De algunos corazones dibujados en las paredes se infiere que también le solicitan una ayudadita en los vericuetos del amor.

Se cuenta que, en el siglo XVIII, Túpac Amaru y sus hombres llegaron hasta Lampa para ajusticiar a los españoles. El sacerdote los había escondido en estas catacumbas donde, sin metáforas, encontraron su sepultura.

Como la antesala de una cinta gore, sobre la pequeña bóveda hay nombres garabateados con premura. Antes era costumbre de los lugareños bajar a estos sótanos alumbrados únicamente con velas. Y de paso, usaban la luz para practicar su caligrafía. Una palomillada. Ahora unas tenues bombillas eléctricas nos iluminan por el pasadizo desigual y con graderías, que parte de la urna de vidrio de “Luz” –la calavera de una señora que pidió que cuando muera la traigan acá, y que también tiene sus devotos– hasta un centenar de metros más allá encontrar a “Richard”. Fin del recorrido.

Las historias de canales secretos o “chincanas” han acompañado a las iglesias coloniales del sur andino. Debajo de la Santiago Apóstol, por ejemplo, subsisten añejos ramales ya tapiados. Aseguran que uno de ellos desembocaba en la plaza Grau, la principal de Lampa, donde años después, en el siglo XIX, construirían una pileta de zinc. El enigma se guarece bajo las sombras de los “keñuas” y el busto al héroe de Angamos.

La de Santiago Apóstol tiene los muros porosos, por el frío, las heladas y el sol seco. Unos confesionarios aguardan los tiempos de fiesta para escuchar a los pecadores. En las paredes blancas del templo los cuadros de la escuela cusqueña que representan pasajes de la vida de Jesucristo y la de Santiago Apóstol.

Al fondo, en el coro, reina un órgano belga restaurado. En el sotocoro hay dos capillas. En la del lado derecho hay una versión de La última cena, de Da Vinci, en tamaño real y con personajes de yeso. En la capilla de la izquierda, el apóstol Santiago está en actitud combativa sobre un caballo de yeso que, se asegura, fue trabajado sobre un perisodáctilo disecado.

Este es el templo que ampara a la virgen que no quería irse. Me explico: la imagen sagrada se llamó primero Virgen del Pilar y vino desde España. Se trasladaba a lomo de llamas rumbo al Cusco cuando pernoctó en Lampa. Algo pasó con la gravedad, porque se hizo tan pesada que nadie la podía moverla. Entonces le cambiaron de nombre por el de Virgen Inmaculada Concepción. Y Santiago Apóstol, la primera advocación, fue reubicado para dejar el altar mayor a la nueva inquilina.

En 1924, un rayo ingresó sin permiso al altar mayor y dañó parte del rostro y el busto de la virgen. Se le mandó a restaurar y, tras dos años, fue recibida con una gran fiesta. Desde ese momento, la Inmaculada y Santiago comparten el título de patrones de Lampa. Y para que no tengan celos, a la primera se la celebra el 8 de diciembre y al apóstol, el 25 de junio, con sikuris, morenadas, caporales y huaca-huaca. Cosas de la fe.

La iglesia tiene forma de cruz latina, con sus naves laterales. El JHS (Jesus Hominum Salvator) advierte que perteneció a la congregación jesuita, aunque también hay símbolos posteriores de los dominicos.

Y estaba predestinada a convertirse en olvido, si no fuera por la intervención del político e ingeniero Enrique Torres Belón (1887-1969), “el hijo predilecto de Lampa”, quien mandó a realizar la última restauración importante del templo.

Richard –el guía– nos lleva ante un Cristo orgánico, elaborado en cuero (solo hay uno en el Perú y otro en Pamplona, España); las venas y articulaciones son reales, pues fueron elaboradas a partir una vaca.

En el siguiente ambiente, una réplica en negro de La Piedad, de Miguel Ángel, desde la cúpula nos compadece.

Sí, Lampa es la ciudad con dos Piedades. Una negra y otra blanca. Una de aluminio y la otra de yeso. La negra reposa en el domo que salvaguarda cráneos, huesos y esqueletos (no hay mayor temor a nuestra dimensión finita que vernos en los restos de otro). Al fondo, descansan los restos de Torres Belón. La Piedad de yeso, en cambio, se salvaguarda en la municipalidad. El resto es historia y orgullo lampeño.