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Año del diálogo y la reconciliación nacional
LUNES 16

de julio de 2018

ANÁLISIS

La evasión fiscal en África

Ya conocemos la historia: África es pobre y necesita ayuda de los países ricos. El hecho de que las potencias occidentales hayan explotado al continente negro por medio de esclavitud, colonialismo y extracción de recursos es ya agua pasada. Hoy se comportan de modo generoso, tratando de erradicar la pobreza y promoviendo el desarrollo sostenible.

23/12/2017


Léonce Ndikumana

Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional

Pero el problema de esta historia es que, por más que nos la hayan repetido, es falsa. Desde hace ya tiempo venimos sabiendo que África es acreedor neto del mundo entero. En las últimas décadas, la cantidad de recursos acumulados en el extranjero, provenientes de la fuga de capitales, supera con creces el movimiento de los recursos en dirección contraria, inclusive ayuda y deuda. Anualmente, entre 30 billones y 60 billones de dólares son desviados fuera del continente, según un informe publicado por la Comisión Económica para África de Naciones Unidas. En cualquier caso, esta estimación es bastante modesta.

¿Pero en qué consiste esta hemorragia que los especialistas denominan “flujos financieros ilícitos”? Por supuesto incluye los ingresos de actividades criminales de todo tipo (tráfico de drogas, armas, etcétera) y blanqueo de capitales provenientes de la corrupción. Pero las empresas multinacionales son las principales responsables de estos movimientos de capitales al exterior mediante la manipulación de transacciones comerciales. Las transacciones engañosas, en el cálculo de los precios de transferencia a la hora de formular los pagos entre empresas y subsidiarios, así como los diversos mecanismos de transferencia de activos y beneficios, son prácticas comunes de las empresas en busca del máximo beneficio. Las compañías usan la evasión de impuestos (siendo ilegal) y la evasión fiscal, aprovechándose de los vacíos legales que existen para las empresas en el cuadro del sistema tributario internacional.

La fuga de capitales es un fenómeno global. Desde hace años, los países desarrollados consideraban que el problema de las corrientes financieras ilícitas era primordialmente una cuestión de lucha en contra del terrorismo, blanqueo de capitales y otros crímenes financieros. Recientemente, sin embargo, aunque vienen siendo tiempos difíciles para los presupuestos nacionales, los gobiernos de los países avanzados han intensificado sus esfuerzos por combatir la evasión de impuestos corporativos sobre las sociedades. Esto explica la batalla que se desarrolla actualmente en Europa, donde países como Francia o Alemania están ya cansados de ver a peces gordos del sector digital, como Google, Apple, Facebook o Amazon zafándose de sus obligaciones fiscales por medio del desvío de ingresos a Irlanda o Luxemburgo.

Pero el impacto de la fuga de capitales es mucho más devastador en los países en vías de desarrollo, especialmente en el caso de África. Las recaudaciones tributarias son de por sí bajas en África: nos encontramos con un promedio del 17% del PBI, mientras que en los países ricos es de 35%.

Sufrimos un costo económico y humano gigantesco proveniente de los abusos relacionados con el manejo del impuesto sobre las sociedades. Ello hace que existan cada vez menos fondos para infraestructura, educación, sanidad, nutrición, protección de los derechos de la mujer o programas de protección medioambiental. De hecho, las Naciones Unidas declararon que estos flujos financieros ilícitos son una desventaja para la financiación del desarrollo y un obstáculo para cumplimentar los objetivos de un desarrollo sostenible.

En este contexto, la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional ha instado a las Naciones Unidas a combatir la evasión de impuestos de las multinacionales mediante la estrategia de frenar especialmente aquellos flujos financieros ilícitos.

Esta lucha en contra de los flujos financieros ilícitos involucra el compromiso tanto de los estados como de toda la comunidad global, en un esfuerzo por mejorar la transparencia global de los sistemas e intercambios financieros y de reforzar las capacidades de las distintas administraciones fiscales nacionales. Esto incluye obligar a las grandes compañías a desvelar los detalles de sus actividades en cada país en el que operan, para asegurar que todas las ganancias están siendo correctamente tasadas en el país donde ocurren esas actividades productivas y comerciales. También significa tener en el punto de mira a aquellos que hagan posible la huida de capitales, especialmente la de aquellos bancos que ayuden a encubrir los recursos financieros que son desviados ilegalmente fuera de África.