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PRECISIONES

La fuerza de la diplomacia es el camino

En la reciente reunión del Grupo de Lima, en Bogotá, los países de la región zanjaron el camino por el que se orientará la presión para que el desgastado líder chavista Nicolás Maduro salga del Palacio de Miraflores. La mayoritaria posición, encabezada por Brasil y Perú, acordó que se insista en la presión diplomática y económica para conseguir este propósito y se descartó, por el momento, cualquier opción militar.

3/3/2019


Fabian Vallas

Internacionalista

Esta decisión no fue bien vista por el presidente encargado Juan Guaidó, quien afirmó días antes que “todas las opciones están abiertas” al comentar el fallido intento de ingreso de ayuda humanitaria para el pueblo venezolano.

Pero tal vez los más decepcionados fueron el presidente Donald Trump y su enviado, el vicepresidente Mike Pence, quien reiteró la trillada frase de que para Estados Unidos “todas las opciones están abiertas”, no obstante la posición del Grupo de Lima.

A estas alturas de la crisis venezolana, insistir en una opción armada solo sirve para alimentar la maquinaria propagandista chavista que insiste en convencer al mundo de que el verdadero problema es “el imperialismo estadounidense que desea apropiarse del petróleo venezolano”. Es decir, el eje del conflicto es entre los nacionalistas chavistas y el imperialismo. No es una lucha entre dictadura y democracia y vigencia de los derechos humanos. Este es el discurso que le conviene a Maduro al compararse, incluso, con Nelson Mandela para una desinformada opinión pública. Este es el discurso que llevó el canciller chavista Jorge Arreaza al seno de las Naciones Unidas. Para el hombre de Maduro, las sanciones de Estados Unidos y otros países de la región son la causa y no la consecuencia de la crisis venezolana. Olvida intencionalmente que las sanciones económicas apenas tienen meses de vigencia, mientras la crisis económica, democrática y humanitaria tiene más de una década.

Intenta ir más allá al pedir una reunión entre el presidente Donald Trump y Maduro “para resolver la crisis”, cita que de darse sería el peor error de la diplomacia de Washington hacia Venezuela.

Primero, porque Maduro quedaría legitimado en el poder al ser reconocido por el mandatario estadounidense como la voz autorizada de Caracas. No tendría sentido, además, porque su principal crítica es que Maduro usurpa el cargo de jefe de Estado, ya que su designación ocurrió en elecciones fraudulentas.

En segundo lugar, borraría de un plumazo a la oposición democrática dentro de Venezuela y la lucha que ejercen los países latinoamericanos si EE. UU. se considera el único interlocutor válido. Felizmente, el vicepresidente Pence ha sido enfático al decir que “la única negociación posible” es la referida al día y la hora que Maduro debe salir del poder.

La diplomacia y las sanciones económicas, aunque más lentas e intrincadas, son el camino más seguro para derrotar a la dictadura, con el menor costo humano y político.