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ANÉCDOTAS

La inteligencia de Marilyn Monroe

Cuentan que en 1949 la famosa actriz de cine Norma Jeane Baker, más conocida como Marilyn Monroe, mujer de sinuosas formas y afilada sensualidad cinematográfica, y Albert Einstein, un referente en el mundo de la ciencia, descubridor de la teoría de la relatividad, coincidieron en un evento social.

9/3/2019


José Vargas Sifuentes

Periodista

De acuerdo con la anécdota, Marilyn, considerada un símbolo del erotismo en las décadas de los 50 y 60 –pero que había estudiado historia y literatura en la universidad, era una amante de los libros y gran lectora–, tenía interés en hablar con Einstein, pues había leído sobre él y deseaba ser presentada ante el eminente hombre de ciencia.

Ella misma se acercó al científico, y para romper el hielo dijo lo primero que le vino a la cabeza: “Qué dice, profesor, ¿deberíamos casarnos y tener un hijo juntos? ¿Se imagina un bebé con mi belleza y con su inteligencia?

Einstein esbozó una sonrisa y le respondió con gesto bastante serio: “Desafortunadamente, temo que el experimento salga a la inversa y terminemos con un hijo con mi belleza y con su inteligencia”.

El hecho podría resultar gracioso si no fuera porque no era del todo cierto lo dicho en esa conversación. La respuesta del científico tenía un gran error: Marilyn Monroe tenía un coeficiente intelectual de 165, superando a Einstein en cinco puntos.

Es más, la inteligencia de la actriz era incluso superior al de Stephen Hawking, el físico teórico, astrofísico, cosmólogo y divulgador científico británico, conocido por sus teorías sobre los agujeros negros, quien disponía de un CI de 152.

Así, si Marilyn hubiera tenido un hijo de Einstein, no sabemos si hubiera sido agraciado físicamente o no; pero es probable que hubiera tenido la brillantez intelectual de dos genios en sus respectivas artes.

Respecto a esa faceta poco conocida de la vida de MM, la periodista venezolana Indira Carpio dice que “no era tonta, tampoco rubia” (aludiendo a la versión machista de que todas las rubias son tontas).

Carpio señala que si consideramos hacer una comparación entre los dos personajes, nos inclinamos a pensar que como Einstein era un genio de la física y Monroe una ‘simple’ artista, la inteligencia no era una característica que la mujer hubiese requerido para lograr el éxito que alcanzó en la pantalla grande.

Por cierto, nadie a priori podría suponerlo. Ello debido a los estereotipos: Einstein era un genio en física, lo que a la mayor parte de los mortales se nos hace complicado de entender. Marilyn era actriz, con unas curvas que la hicieron famosa en el mundo entero y con un trabajo que no pareciera tan complicado como el del físico.

El estereotipo es definido como opiniones o ideas preconcebidas que tenemos sobre otras personas, y se derivan de creencias populares que etiquetan la realidad.

Para la escritora española Pilar Jericó, las discriminaciones nacen de estereotipos injustos. Etiquetamos a las personas de un determinado país o pensamos que lo más importante que han de hacer las actrices está en su físico, no en su inteligencia o en su trabajo. Por eso, no es de extrañar que décadas después de la anécdota de Monroe y Einstein las actrices se hayan puesto en pie de guerra y se rebelen contra los estereotipos que siguen acosándolas.

Para Jericó, todos sufrimos un determinado estereotipo. En algunos casos, porque se es mujer y no se piensa que sea inteligente; o porque se es hombre y se tiene que actuar de una determinada manera.

“Etiquetas que a quien lo sufre no le hace la menor gracia. Pues bien, si quieres salir de un estereotipo, cuestiónalo. No lo aceptes a priori. Porque cuando se cuestiona, se avanza. Es posible que quien te rodea no lo entienda, pero no importa. Si crees que algo no es justo, dilo”, dice la escritora.

“Por eso aplaudo las iniciativas de las famosas que se resisten a los estereotipos de analizar solo su trabajo por su ropa, no por su inteligencia. O aquellos que se rebelan contra etiquetas por su lugar de origen. Y todo ello porque es injusto, porque se pierde talento, porque es miope y porque se comete errores, como le pasó al propio Einstein”.

En pocas palabras, el estereotipo sobre las chicas rubias y tontas son discriminaciones que surgen de prejuicios injustos que cometemos por error, como el que le ocurrió al sabio de Princeton con la rubia platinada.