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Año del diálogo y la reconciliación nacional
JUEVES 16

de agosto de 2018

APROXIMACIONES

La luna llena ya no llega a las aldeas

Pacaritambo, la mítica capital arqueológica de América, según la Unesco, donde se originó el Imperio inca y que se extendió a casi todo el continente, en el 2018 solo es habitada por ancianos y niños. El resto de su población huye al Cusco, Arequipa o Lima.

12/1/2018


Jorge Zavaleta

Periodista

Esto tiene una explicación: una economía más distorsionada no es una economía saludable. El Fondo Monetario Internacional ha enfatizado que una sociedad más desigual empeora el desempeño económico y la nueva legislación fiscal conducirá inexorablemente a una sociedad más desigual.

La Universidad Federal de Ceará (Brasil) señala que, a mayor desigualdad en un país, menos eficaz resultará el crecimiento económico para reducir la pobreza. “En líneas generales, los resultados indican que, para erradicar la pobreza en Brasil, las políticas más exitosas serán aquellas que apunten a reducir la desigualdad”.

Veamos el caso de Ecuador. En el artículo de Cepal ‘Impuesto sobre la renta de las personas físicas y desigualdad de los ingresos en el Ecuador entre 2007 y 2011’ se corrobora que los tipos impositivos efectivos pagados por las personas de muy altos ingresos, disminuían entre estos grupos de ingresos elevados.

Y en el caso de las realidades migratorias se encuentran diversas manifestaciones siempre débiles para atender a los recién llegados a la capital, como revela el análisis presupuestal en las municipalidades distritales del Perú, por el permanente cambio de perspectiva local.

Joseph E. Stiglitz, nobel de economía, ha señalado en sus estudios sobre la economía americana, por ejemplo, que si bien en Estados Unidos pueden estar en desacuerdo sobre cómo clasificar los principales problemas del país –por ejemplo, la desigualdad, el crecimiento lento, la baja productividad, la adicción a los opioides, las escuelas pobres y el deterioro de las infraestructuras– la solución que ofrecen siempre es la misma: bajar los impuestos y desregular, para “incentivar” a los inversores y “liberar” la economía.

La mayoría de los economistas estaría de acuerdo en que la actual estructura tributaria de Estados Unidos es desbalanceada porque algunas empresas pagan una tasa mucho más alta que otras. Quizás las innovadoras que crean empleos deberían ser recompensadas, en parte, mediante un recorte de impuestos, aunque la rebaja fiscal a las empresas ricas no resolverá ningún problema y tendrá efectos colaterales para muchas otras.

Pero ese no es el caso. Los países de América Latina, en su gran mayoría, impulsan el libre mercado para la inversión extranjera y el caos de la informalidad local, donde la evasión tributaria distorsiona cualquier expectativa de mejor futuro para los pequeños productores. Así las cosas, los pobladores de las aldeas ya no pueden soñar con una luna llena.