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Año de la Universalización de la Salud
MIÉRCOLES 21

de octubre de 2020

La nueva normalidad

EL 2020 nos ha convertido en una generación excepcional. Experimentar una pandemia que ha puesto en jaque a grandes potencias militares, poderosas corporaciones económicas y extensas regiones geográficas nos ha brindado el privilegio histórico de ver cómo el orden mundial se ha trastrocado y amenaza con cambiar el estilo de vida que habíamos adecuado en los últimos años a ese otro gran proceso llamado globalización, obligándonos a asumir una nueva normalidad.

10/5/2020


Sin duda, estamos frente a una realidad absolutamente diferente, a un escenario solo comparable con las grandes ficciones cinematográficas, pero sin ese final feliz que esperamos ver sentados ante la pantalla. Y por ese panorama poco halagüeño, el ser humano debe asumir nuevas responsabilidades en los distintos escenarios en que se desenvuelve, todo con el objetivo de detener la propagación del covid-19 en el futuro inmediato y evitar una segunda ola de contagios que pueda ser mucho más mortal, en el mediano y largo plazo.

El primer escenario es el hogar, donde la prioridad es la protección de las personas mayores, de aquellas con enfermedades preexistentes y de las que tienen el sistema inmunológico débil por diversos factores. Por ellos debe limitarse la salida al exterior al máximo para no contraer la cepa viral e infectarlos por más que permanezcan en aislamiento voluntario. Si bien el coronavirus ataca a todos por igual, son estas personas las más expuestas a consecuencias fatales, más aún si en el Perú se sufre de un sistema de salud con una precariedad estructural que no puede absorber un número mayor de emergencias.

Otro plano lo constituyen la escuela, la universidad y los centros de trabajo, ámbitos en los que la cercanía entre personas era inevitable en nuestra vida pasada. Hoy, por más que el ser humano sea de naturaleza gregaria, tiene la obligación de mantener una distancia prudencial para impedir el contagio del virus, todo ello acompañado por las más estrictas medidas sanitarias, que incluyen mascarillas, lavado constante de manos, uso de desinfectantes para vestimenta y calzado. Todo un protocolo individual para respetar los lineamientos internos de cada institución en la que nos desenvolvemos diariamente.

Y el último escenario es la calle, ese espacio público que comprende tal variedad de lugares que van desde estadios deportivos hasta restaurantes y parques vecinales. Hablamos de todos los sitios que servían de fondo para nuestro desarrollo social, pero que ahora, con el riesgo de ese enemigo de toque invisible, debemos evitar en lo posible –o mejor, en lo absoluto– hasta que aparezca una vacuna efectiva o el ser humano genere su propia inmunidad.

Esta pandemia es un hecho extraordinario, inusual, de una potencia inimaginable, y ante ella los gobiernos brindan su apoyo, pero solo depende de nosotros asumir la nueva normalidad para luchar contra la afección viral. Nadie estaba preparado, es cierto, pero ya es hora de asumir nuestra responsabilidad con el porvenir.