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FAUNA AMAZÓNICA

La ruta de los delfines rosados

A la reserva Pacaya Samiria de Loreto arribó la primera expedición científica. Su misión fue colocar transmisores a ocho delfines rosados de río en la selva. Al monitorearlos por satélite, se podrá conocer más sobre su comportamiento y así ayudar a conservar esta especie.

24/9/2018


Aunque su gran sonrisa cautiva, los delfines de río enfrentan un destino cada vez más incierto. Las últimas décadas, las poblaciones de delfín de agua dulce se han reducido severamente. La contaminación del agua, la construcción de represas y la captura -dirigida o incidental– son las amenazas más graves para estos animales.


“Los delfines son como los jaguares en el bosque. Al ser los máximos depredadores en los ríos, el estado de sus poblaciones es un indicador del estado de los ecosistemas y de todas las demás especies que los habitan”, explica José Luis Mena, director de ciencias de la organización World Wildlife Fund (WWF Perú).

La primera expedición

Con la intención de conocer el estado de las poblaciones de esta especie –de la que se sabe muy poco a escala mundial-, se realizó la primera expedición científica destinada a instalar transmisores satelitales en delfines rosados de río en el Perú.

Para ello, un equipo de biólogos, veterinarios y geógrafos se internó en la Reserva Nacional Pacaya Samiria, en Loreto, considerada uno de los lugares con mayor densidad de delfines de agua dulce en el mundo.

De la mano de los pobladores de la comunidad 20 de Enero, el equipo liderado por WWF y su socio local, ProDelphinus, recorrieron el río Yanayacu-Pucate en busca del delfín rosado o Inia geoffrensis. Bastaron solo un par de horas de recorrido para capturar, examinar y colocar transmisores en tres delfines machos y una hembra.

Protocolos de cuidado

Con paciencia y mucho cuidado, los pobladores, guiados por los científicos, ayudaron a rodear a los delfines con una red de pesca y luego trasladarlos en una camilla, fuera del agua, para el proceso de examinación, que incluye la obtención de muestras de sangre y tejido que servirán para conocer datos sobre su salud y dieta. Finalmente, se colocaron los transmisores y se inició la sistematización de información de manera automática.

“El protocolo es estricto para asegurar que los animales retornen rápidamente al agua y con la menor incomodidad posible”, explica Elizabeth Campbell, investigadora asociada de ProDelphinus. Sostiene la bióloga que el seguimiento satelital permitirá “ver por dónde van los delfines, qué están haciendo a diario, cómo usan su hábitat, y cómo esto cambia dependiendo del clima”.

Amenazas crecientes

Los delfines viajan largas distancias a través de los grandes ríos y sus tributarios; por ello, el estado de sus poblaciones es un excelente indicador de la salud del ecosistema y los potenciales impactos de actividades humanas.

Así, al aprender sobre su comportamiento, se obtiene, también, información de primera mano sobre las condiciones del ambiente, las amenazas que enfrenta y las opciones para conservarlo, incluso, facilitando la toma de decisiones por parte de los gobiernos.

Para los biólogos, esta información es vital hoy, cuando los ríos de la Amazonía enfrentan crecientes presiones: solo en torno a las cuencas de los ríos Huallaga y Marañón (área del trabajo en curso con delfines) existen diversos proyectos para infraestructura hidroeléctrica.

“La llamada Hidrovía Amazónica, cuya concesión ya fue otorgada, proyecta facilitar el transporte fluvial sobre cerca de 2,500 kilómetros en las cuencas mencionadas y la del río Ucayali. Se necesitan más estudios técnicos rigurosos sobre sus potenciales impactos ambientales”, opina Mena.

Monitoreo regional

El monitoreo de estos animales es parte de una estrategia integral de ciencia y conservación. “Con los cuatro delfines marcados en Pacaya Samiria y otros cuatro que marcamos después en el río Huallaga, tendremos una visión más completa de la realidad de la especie y de los ríos. Podremos comparar el comportamiento de la especie en un entorno seguro y sumamente sano, como un área protegida, con otro densamente transitado y presionado por actividades humanas”, dice.

El esfuerzo es una iniciativa regional liderada por WWF con socios locales en Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador y Perú, que apunta a marcar 50 delfines y a partir de ello, diseñar estrategias efectivas que contribuyan a mantener ríos sanos y libres a lo largo de toda la Amazonía.

Herramienta: el ADN ambiental

El monitoreo de los delfines se complementa con el “ADN ambiental”, una innovadora técnica de estudio de la biodiversidad. Durante las expediciones realizadas, los biólogos han extraído pequeñas muestras de agua de los ríos y quebradas. Gracias a técnicas moleculares, se han identificado trazas de ADN de las especies presentes en la zona. “El ‘ADN ambiental’ permite tener una buena idea de la biodiversidad presente. Tenemos más de 200 especies de vertebrados registradas en la zona estudiada”, cuenta Mena.