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SALUD PÚBLICA

La vida con el VIH

El hospital Loayza es uno de los nosocomios del país que atienden a la mayor cantidad de pacientes diagnosticados con VIH. El tratamiento de los antirretrovirales gratuitos del Estado permite darles calidad de vida. Falta trabajar sobre el rechazo social.

29/11/2018


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

“Nos tocó infectarnos como la mayoría de mujeres”. A ellas las contagiaron sus esposos. María se enteró que tenía el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) al sexto mes de embarazo. A Paola también le pasó algo similar: se hizo los chequeos rutinarios de gestante y dio positivo. Como ellas, Beto también se enteró hace 20 años de su nueva situación. 

Con el diagnóstico, María también se enteró que su pareja le era infiel y que era bisexual. Él falleció por el VIH. Más le dolió que sus vecinos le contaran a su hijo del caso, cuando ella estaba esperando la mejor edad para decírselo. Como todas las mujeres con VIH, ha soportado estoicamente los insultos, los clichés. Por suerte, su hijo aceptó su condición. Para ella es lo más importante.

María, Paola y Beto son “consejeros pares” del hospital Loayza. Su presencia permite disminuir el impacto de la noticia, que cae como un baldazo de agua fría, cuando a una persona le diagnostican VIH.

Es cuando más se necesita de una mano amiga. Después le informan sobre las “adherencias”: que la toma de medicamento es de por vida, y que habrá un cambio de estilo de vida y dejar atrás las conductas de riesgo.

De acuerdo al Ministerio de Salud, alrededor de 72,000 personas viven con VIH en el Perú, de ellas el 79% ya conoce su diagnóstico gracias al incremento entre 2013 y 2017 de las pruebas rápidas.

Hace dos décadas, el panorama para una persona con VIH era más negativo. “La ciencia ha avanzado tanto que estamos mejor que otras personas con enfermedades crónicas. Yo tengo amigos con diabetes y cáncer, saben de mi diagnóstico, antes sentían pena por mí, pero ahora vivo mejor que ellos”, cuenta Beto.

Un poco de historia

En 1991, el médico infectólogo Carlos Benites cursaba el primer año de medicina cuando una noticia conmocionó al mundo: la muerte del cantante Freddie Mercury, líder de la banda Queen. Sufría del VIH-sida. El primer caso de VIH se detectó en 1981, el primer medicamento apareció en 1987. Seis años después, el segundo medicamento.

“A partir de 1995 recién se puede hablar del tratamiento antirretroviral altamente efectivo, gracias a una combinación de tres fármacos. Las curvas de muertes por complicaciones del VIH caen también en el país”, dice el hoy jefe de medicina preventiva y salud pública del Loayza.

Desde hace dos años en este nosocomio se redujo el coctel a una sola pastilla que contiene los antirretrovirales Tenofovir Disoproxil Fumarate, Efavirenz y Emtricitabina. Los pacientes toman una cápsula cada noche. Es de por vida. Más del 98% de los pacientes han mejorado con este tratamiento.

Estigmas

La medicina ha avanzado, pero los estigmas de la sociedad no lo hacen a la misma velocidad. “Hasta ahora existe el rechazo”, dicen los tres consejeros. Las familias continúan tratando como parias a los enfermos. Se sigue pensando que con un simple abrazo o un beso los contagiarán. Por ello, cuando lo solicitan, los consejeros informan a las familias o parejas. Tras la información, en la mayoría de los casos disminuye el maltrato.

La otra discriminación es la de los propios médicos. Todavía algunos son renuentes cuando se enteran que operarán a un paciente con VIH, sean mujeres embarazadas o simples casos de cálculos o apéndice. Los pacientes deben hacer que se cumplan sus derechos.

El acceso al tratamiento gratuito por antirretrovirales se logró la década pasada en el Perú debido a la acción de cientos de activistas. “El tratamiento se da sin necesidad de que la persona tenga el Seguro Integral de Salud (SIS). Es un derecho ganado”, explican.

En las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional del Perú tener VIH es tabú. El esposo de Paola era policía, pero ella no tiene derecho a la pensión de viudez, porque en el supuesto legal de la policía él se contagió fuera de la institución.

En el servicio de Infectología del Loayza atienden ocho médicos infectólogos. Cada mes, ellos reciben entre 30 y 50 nuevos pacientes diagnosticados de VIH. De ellos, más del 90% recibirá el tratamiento de antirretrovirales en el hospital.

Perfil de la enfermedad

Por cada mujer con VIH en el Perú, hay entre 3 o 4 varones. El 97% de los casos de contagio fueron por transmisión sexual y son jóvenes, entre 15 y 45 años. La frecuencia de la presencia del virus en la población peruana es baja (0.23%) comparada con los países vecinos.

“Pero esta aparente prevalencia baja de la población en general, cambia cuando hablamos de subpoblaciones, con mayor riesgo y vulnerabilidad: Los hombres con sexo con hombre (12% de prevalencia); las mujeres transgénero (20%); las trabajadoras sexuales (3%)”, explica el doctor Benites.

Este año el mayor número de pacientes extranjeros con VIH en el Loayza son venezolanos. Suman 250. En el Perú, a diferencia de Colombia y Ecuador, es más fácil ingresar al tratamiento.

Benites explica: “Una persona con tratamiento tiene muy pocas posibilidades de transmitir la enfermedad. La responsabilidad del Minsa es tratar a esa persona, sea de la nacionalidad que sea, para que la posibilidad de que transmita a otra persona sea mucho menor”.

Los awajún en riesgo

El otro escenario es lo que sucede en la selva con las poblaciones nativas. En Condorcanqui (región Amazonas) se investigó a 21,289 personas que accedieron al tamizaje para VIH/Sida. El estudio, realizado entre 2016 y este año, arrojó que la población awajún es la más afectada con una prevalencia de más de 1% de VIH. Es decir, en el 40% de las más de 200 comunidades dispersas se encontró por lo menos un caso. El trabajo fue posible gracias al Minsa, el Fondo Mundial de la Lucha contra el Sida y la organización no gubernamental Pathfinder International. El tratamiento es un reto que debe tomar el Estado y la red regional de salud.

Dato

5,049 Pacientes reciben tratamiento antirretroviral desde el 2004 en el Loayza.