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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
VIERNES 18

de enero de 2019

PANAMERICANOS

26 JUL AL 11 AGO

PARAPANAMERICANOS

21 AGO AL 01 SEP

Las democracias se defienden

La lucha de las democracias latinoamericanas contra la plaga de la corrupción marcó el año que termina. Sin duda, la principal protagonista fue la empresa constructora brasileña Odebrecht, que extendió sus tentáculos a varias naciones de la región. En su país de origen, la investigación de la operación Lava Jato trajo como consecuencia 215 condenas en delitos por 1,647 millones de dólares.

29/12/2018


El escándalo afectó en forma directa al expresidente Lula, hoy en la cárcel. En Panamá, el exmandatario Ricardo Martinelli está en prisión acusado de recibir 96 millones de dólares; y el escándalo argentino denominado ‘Cuadernos de la corrupción’ podría costarle también la libertad a la exmandataria Cristina Fernández de Kirchner.

En nuestro país, los últimos gobernantes y una excandidata presidencial enfrentan a la justicia. Mientras que altos funcionarios comienzan a ser investigados o están en prisión en México, Guatemala, República Dominicana, Colombia, Ecuador.

Solo en el caso de Venezuela, el sistema judicial se niega a investigar la confesión de Odebrecht, quien asegura que pagó 98 millones de dólares a funcionarios de Caracas, ya que son “especulaciones”.

Este caso es muy ilustrativo porque la democracia permite la mayor visibilización de los actos de corrupción en pleno gobierno, pues tiene órganos autónomos al poder político, oposición legal, prensa de investigación libre y elecciones periódicas.

En cambio, los regímenes dictatoriales esconden los casos de corrupción bajo la alfombra y, en el mejor de los casos, estos solo se conocen al concluir el mandato.

Nunca como antes, las fiscalías tienen el papel fundamental de perseguir el crimen, que hoy es más complejo. La prensa de investigación es uno de los puntales en la supervisión del poder político. Su función ha sido destacable en Argentina, Panamá, Colombia y el Perú para destapar casos. Por último, las elecciones periódicas otorgan la posibilidad de que los votantes sancionen en las urnas a la gestión que no ha tenido un comportamiento transparente.

Los gobiernos democráticos siempre serán mejores que los regímenes autoritarios para combatir el crimen. El caso venezolano vuelve a ser un buen ejemplo. Según el Departamento de Justicia de Estados Unidos, Odebrecht pagó 788 millones en sobornos en 100 proyectos de construcción de 11 países latinoamericanos y dos africanos.

En su balance anual, el fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab, reconoció que la corrupción en Petróleos de Venezuela, el blanqueo de dinero en Andorra y el manejo irregular de divisas han dejado pérdidas por 15,000 millones de dólares al país.

Comparando ambos casos, solo en Venezuela la corrupción es 20 veces mayor que la de todo Odebrecht en América Latina y África. La diferencia es que el gobierno dictatorial no permite que sea parte del debate público.

Por ello, destacamos que la democracia latinoamericana, con todas sus limitaciones, está cumpliendo su papel de desenmascarar la corrupción como en ningún período de la historia.