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Año de la Universalización de la Salud
MARTES 2

de junio de 2020

Las huellas de Juan Pablo II en el Perú

Hoy se conmemora el centenario de Karol Wojtyla, el papa número 264 de la Iglesia Católica, quien visitó dos veces nuestro país. Llegó cuando la violencia terrorista de Sendero Luminoso asolaba el Perú y fue rebautizado como "el papa charapa".

18/5/2020


José Vadillo Vila

FOTOS: ARCHIVO HISTÓRICO DEL DIARIO OFICIAL EL PERUANO 

1.
En 1978, el año más largo hasta la fecha según la información que dieron a conocer entonces los astrónomos del Hayden Planetarium, los obispos visitaron Roma como Pedro en su casa; primero,l para honrar la muerte de Paulo VI; acto seguido, para elegir a Juan Pablo I, dejaría este mundo pasados solo 33 días de iniciado su mandato; y de vuelta para elegir al polaco Karol Wojtyla como Juan Pablo II (1920-2005), el llamado “papa peregrino”. 


2.
Aquellos cinco días que duró la primera visita de Juan Pablo II al Perú, en el verano de 1985, reafirmaron la fe católica en el Perú: el vicario de Cristo visitó ocho ciudades del país. 

Eran los últimos meses del segundo mandato del presidente Fernando Belaunde Terry, el Perú vivía a diario la escalada de las acciones violentas de Sendero Luminoso y los fotógrafos ya utilizaban los rollos a colores. 

Entonces 1 de febrero de hace 35 años, la máxima cabeza de la iglesia católica bajó por las escalerillas de un avión Alitalia y lo primero que hizo fue besar el suelo peruano. Y se metió en el bolsillo a los peruanos. 


Desde ese momento, una legión de periodistas se encargó de mantenernos al pendiente, por radio, televisión y periódicos, de los pormenores de su visita las 24 horas del día (quiénes lo acompañaban, cuál sería su menú, quiénes integraban su cuerpo de seguridad, el itinerario, etc.). Algo similar sucedería, cuando 33 años después, en el 2018, Francisco I se convertiría en el segundo papa en visitar el Perú. 

Las banderitas saludando al papa polaco con la frase “Totus Tuus”, lema mariano utilizado por el pontificado del religioso, se agitaron y extendieron a lo largo de las avenidas Faucett y La Marina, por donde se desplazó el santo padre en su “papamóvil”. Él llegaba para hablarle sobre todo a los jóvenes, con un mensaje de paz y contra la violencia de Sendero Luminoso.  

Las primeras cuadras de la avenida Salaverry, frente al arzobispado de Lima, donde pernoctaría el hombre alguna vez bautizado como Karol Wojtyla, fue hermoseadas con mosaicos por cientos de jóvenes con motivos de todas las regiones del país (usted los podrá apreciar cuando salgamos de la cuarentena, frente al Campo de Marte de Jesús María). Luego de cumplir diversas actividades en Lima, al día siguiente, 2 de febrero, el papa y su gran comitiva enrumbaron a Arequipa. 


Miles de feligreses fueron testigos cuando esa mañana, en un acto multitudinario en el campus de la UNSA, el sumo pontífice, secundado de todos los obispos del Perú, coronó canónicamente la efigie de la virgen del Chapi y la proclamó “Reina y Señora de Arequipa”. 

Al pie del Misti, el religioso polaco más famoso del orbe pidió a la sagrada imagen characata “que no deje de llevar a Jesús a los corazones de todos los que en esta tierra confían amorosamente en ella”. En la misma ceremonia, declararía beata a sor Ana Ángeles Monteagudo. 

La homilía fue seguida “en vivo”, con velas encendidas, por cientos de arequipeños residentes en Lima, en la iglesia de San Francisco de Asís, donde se venera también a esa imagen. 

Era un viaje predestinado para las multitudes. A su retorno a Lima, esa misma tarde, Juan Pablo II convocaría a dos millones de jóvenes en el Hipódromo de Monterrico.


3.
Al día siguiente, el pájaro de acero lo llevaría más al sur, al Cusco, donde coronaría a la Virgen del Carmen de Paucartambo ante miles de feligreses en la fortaleza de Sacsayhuamán: 

En un nuevo capítulo del sincretismo religioso, el inti inca cedía por unas horas su pedestal al dios de los cristianos. Ese mismo día, y bajo las más extremas medidas de seguridad, llegó a Ayacucho, una ciudad en medio de las paradojas: la ciudad más católica del país, la de las 33 iglesias, era el corazón de la violencia senderista. 

Entonces, dijo: “Sé que hay mucho sufrimiento a causa de la espiral de violencia, que ha puesto su centro entre vosotros. ¡Convertíos a la causa de la reconciliación de la paz, aún estáis a tiempo! Muchas lágrimas de víctimas inocente esperan vuestra respuesta”, dijo.  

El 4 de febrero celebraría una cena eucarística en el Callao, rendiría sus respetos a las dos imágenes sagradas del primer puerto, el Señor del Mar y la Virgen del Carmen de La Legua. Fue tal vez el día de visitas más recargadas, porque también visitó las capitales de Piura y La Libertad (Trujillo). 


4.
La nueva Lima, Villa El Salvador (VES), nació dos veces del desierto, una del coraje y otra de la fe. 

La primera el 11 de mayo de 1971, cuando el gobierno del general Juan Velasco Alvarado mandó trasladar a 30,000 familias invasoras de tierras en Pamplona a los arenales de La Hoyada de Lurín. 

VES se convertiría en una organización social autogestionaria ejemplar, cuya base le permitiría que el mundo entero voltee a mirarlos: en 1982 crearon el Parque Industrial de Villa El Salvador y un año después 1983, nacería como distrito. 

Su segundo nacimiento, sería secular y multitudinario: el 5 de febrero de 1985, cuando dos millones de fieles llegaron de todos los rincones de Perusalen hasta el Parque Industrial de VES para la misa multitudinaria que celebraría el sumo pontífice, que llegó en el “papamóvil”, famoso vehículo blindado en el que se desplazó el primer santo padre que llegó al país. 


Era el último día del sumo pontífice en el país. “El último momento de mi visita al Perú está aquí en este pueblo joven que se llama Villa El Salvador”, dijo el polaco bueno, mientras la multitud gritaba una y otra vez, “¡Juan Pablo amigo, Villa está contigo!”. 

Nuevamente subiría a un avión de la desaparecida línea Aeroperú para viajar a Iquitos, la capital loretana, el último punto de su recorrido en el Perú. Allá, en medio de su homilía, mientras la multitud lo coreaba, diría esa frase que ha quedado inmortalizada para la historiografía de la fe popular en el Perú: “quiero deciros, también, que el papa se siente charapa”. Luego partiría a las 13:00 horas, rumbo a Trinidad y Tobago.

En el Perú se recuerda más el primer viaje de Juan Pablo II, pues el segundo solo duró 40 horas y se limitó a los linderos de Lima: llegó a las seis de la tarde del 14 de mayo de 1988 y dos días después, partía en el vuelo de las ocho de la mañana. Entonces el sumo pontífice vino exclusivamente para el Congreso Eucarístico y Mariano de los países bolivarianos, que se realizó en la explanada (que ya no existe) del Centro Comercial Plaza San Miguel y un par de eventos protocolares. 


5.
Juan Pablo II –beatificado en el 2011 por Benedicto XIV, y canonizado en el 2014 por Francisco I- tenía cara bonachona, de joven escribió poemas y piezas teatrales, y representaba al ala conservadora de la iglesia católica. 

El sumo pontífice en 1983 había jalado las orejas públicamente al bardo y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal (1925-2000) por apoyar la revolución sandinista e integrarse como ministro. Fue en 1985 justamente suspendido por El Vaticano “a divinis”, prohibido de celebrar misas y otras obligaciones sacramentales; medida que fue levantada recién en el 2019 según se lo informó por misiva, el papa Francisco I.


El desaparecido monseñor huanuqueño adoptado chalaco, Ricardo Durand (1971-2004), era acriollado y ferviente adversario de la Teología de la Liberación. En 1984, Durand publicó sus Observaciones a la teología de la liberación y la fuerza histórica de los pobres, y en la misma línea del conservadurismo, otros tres libros más, que fueron traducidos a otras lenguas y reconocidas por el propio santo padre, quien lo invitaría aquel 4 de febrero de 1985, a oficiar junto a él la misa en el Callao.