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LUNES 30

de marzo de 2020

Las rutas mágicas a Machu picchu

La ciudadela inca, enclavada entre montañas verdes, tiene el encanto de su paisaje natural circundante y de la monumentalidad de sus construcciones.

17/2/2020


Luis Salinas Pérez

lsalinas@editoraperu.com.pe

Pablo Neruda, extasiado y sensible,  capturó esa magia escondida, los latidos de la piedra, la perfecta arquitectura que da vida a la montaña más bella del mundo: Machu Picchu.

El empedrado en los callejones estrechos y largos, el cielo de ensueño, la atmósfera y la fuerza del sol con el espíritu de los antepasados invade a los visitantes, transportándolos al mundo de los imponentes incas.

Decidí conocer el maravilloso Machu Picchu, y me fui a Ollantaytambo, saqué los pasajes para Aguas Calientes. El tren sale a las cinco de la mañana en punto y hay dos tipos de servicios, el super vip o coches inca pulman (su costo es de 200 dólares) y el servicio para los cusqueños, el precio es de 10 soles. Utiliza la misma ruta con un aviso que dice: “Cómodos asientos y velocidad controlada”. Viajaban ambulantes que vendían chicharrón, choclo, papa y queso, ¡una delicia! También viajaban con nosotros carneritos, gallinitas, cuyes. Fueron dos horas de viaje, zigzagueando los olores y sabores, y el hermoso paisaje que tenía al frente complementaba el viaje en aquel vagón del pueblo.



“Camino se hace al andar”. Así entendieron los incas y construyeron miles de kilómetros de caminos de piedra, escalinatas, puentes, tambos cada 20 kilómetros.

Para llegar a Machu Picchu hay tres caminos: por la ruta del tren, desde el kilómetro 88 una caminata de cuatro días y tres noches; desde el kilómetro 104, un día de caminata; y el directo a Aguas Calientes, a media hora en bus.

Sin duda, una de las aventuras inolvidables que se puede vivir es haciendo el Camino Inca, kilómetro 88 de la vía férrea. La partida es en el paradero Corihuayrachina. Se cruza el impresionante puente incaico sobre el Vilcanota, desde donde se sigue una ruta paralela al río Cusichaca hasta la montaña abierta de Warmiwañusca.

El Instituto Nacional de Cultura ha instalado cuatro zonas con servicios básicos para los caminantes y son aptas para hacer campamentos.



El camino va en ascenso hasta la quebrada del río Paqaymayo y una abertura ancha y despejada entre dos montañas ubicada a 3,800 de altura, desde donde se contempla la impresionante arquitectura inca de Runquracay, siguiendo por los caminos empedrados hasta las ruinas de Sayacmarca, con una edificación inca parecida a Machu Picchu.

La vista espectacular de los apus y sus nevados acompaña a los caminantes hasta los abismos del cañón del Vilcanota. El cambio del paisaje es brusco. Las montañas andinas cubiertas de ichu se transforman en precipicios cubiertos de bosques y neblina propia de la selva tropical. Una vez repuestos de la emoción, se inicia el descenso por las escaleras esculpidas en la roca en forma de caracol hasta la ciudadela Phuyupatamarca. Dos horas más abajo encontramos el albergue del Instituto Nacional de Cultura, cerca del sitio arqueológico de Wiñay Huayna. Después de un pequeño descanso, recuperamos fuerzas y continuamos el último tramo que nos llevará a Machu Picchu. Fueron cuatro días en los que recorrimos cuarenta kilómetros. Cruzamos la sierra y selva en una ruta espectacular para después conocer el maravilloso Santuario Nacional de Machu Picchu.



En un solo día

Por otro lado, el Instituto Nacional de Cultura ha ejecutado una fascinante ruta que parte del kilómetro 104 de la vía férrea y que permite llegar a Machu Picchu caminando en un solo día. A pocos pasos de cruzar el puente colgante sobre el Vilcanota se puede visitar el sitio arqueológico de Chachabamba, que rodea una antiquísima piedra ceremonial.

Al fondo del cañón del Vilcanota, entre 400 y 500 metros de profundidad, se oye el retumbar del río que nos acompaña durante el ascenso hacia la montaña donde repentinamente surge, a lo lejos, el nevado Verónica. El cambio de los pisos ecológicos, montañas cubiertas de cactus y juncos al paisaje húmedo y tropical con lianas, árboles frondosos que cuelgan en el abismo, filtraciones de agua que brotan de las paredes, van acompañando nuestros pasos mientras cruzamos puentes de madera y escaleras de piedra que parecen suspendidas sobre el precipicio.

Una cuesta más y aparece como una joya de piedra colgada del abismo los andenes, escalinatas, acueductos y centros ceremoniales de Wiñaywayna. Al lado hay una cascada en la que se puede descansar y refrescar, pues el calor agobia en el lugar.

El imponente Machu Picchu es suficiente para olvidar la fatiga del camino. Desde las puertas de piedra del Intipuncu se distinguie a los cientos de turistas que recorren la ciudadela ante la imponente vigilancia del Huayna Picchu.



Tras recorrer las habitaciones, pasadizos, andenes, el gran patio ceremonial, el Intihuatana, el Templo del Sol, la residencia real, la plaza sagrada, el grupo de las tres portadas, grupo de los morteros o acllahuasi, el grupo del cóndor y la escalinata de las fuentes nos fuimos al puente colgante inca, que está detrás de la ciudadela. Agotados por el trajín, descendimos en los buses hasta Aguas Calientes, un lugar pintoresco, con mucho comercio.

Cansados pero satisfechos, y con muchas ganas de quedarnos a seguir explorando, nos despedimos de los buenos amigos que se hacen al andar y nos dirigimos a la estación del tren de Aguas Calientes para regresar a Ollantaytambo, porque de ahí se escribirá otra historia.

Datos

10 soles es el costo del tren para los nacionales que llegan hasta el santuario inca.