Tipo de cambio:

Compra: 3.515

Venta: 3.519


Año de la Universalización de la Salud
VIERNES 3

de julio de 2020

Lecciones por aprender

“[...] es un hecho que en cualquier momento el Perú será sacudido por un sismo de gran magnitud. Esa amenaza latente torna necesaria, en primer lugar, la preparación para afrontarla antes, durante y después”.

2/6/2020


El domingo 31 de mayo se conmemoró el terremoto de Áncash, uno de los más destructivos en la historia de nuestro país y que es recordado por las miles de vidas que cobró, especialmente en Yungay y en la zona del Callejón de Huaylas.

Transcurridos cincuenta años, es pertinente preguntarnos cuánto hemos avanzado en lo que se refiere a la preparación para encarar este tipo de fenómenos naturales.

Nuestro territorio es altamente vulnerable a los sismos debido a su ubicación geográfica sobre el extremo occidental de la Placa Sudamericana y frente a la Placa de Nazca, en el denominado Cinturón de Fuego del Pacífico. La convergencia de ambas masas tectónicas es la responsable de la mayoría de movimientos de tierra que nos afectan.

Por tanto, es un hecho que en cualquier momento el Perú será sacudido por un sismo de gran magnitud. Esa amenaza latente torna necesaria la preparación para afrontarla antes, durante y después.

Conscientes de este problema, en el 2011 se creó el Sistema Nacional de Gestión de Riesgo de Desastres, cuya finalidad es identificar y reducir los peligros o minimizar sus efectos, así como evitar la generación de nuevos mediante políticas públicas. La implementación de este sistema, según especialistas, implica la evolución desde un enfoque reactivo hacia una cultura de la prevención.

Como resultado de ese cambio de concepción, las autoridades de nuestro país han puesto mayor énfasis en los simulacros de sismos y tsunamis, ejercicios necesarios pues preparan a la población sobre cómo actuar en estos eventos. Lamentablemente, la emergencia causada por el coronavirus ha obligado a suspender aquellos programados para el presente año. Una vez superada la pandemia, la reanudación de estos ensayos debe ser una de las prioridades del Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci).

Aún queda mucho por trabajar en prevención. Uno de los puntos más álgidos en este tema es la situación de vulnerabilidad de grandes sectores de nuestra población debido a la construcción de viviendas en zonas pasibles de ser afectadas en caso de sismo. Los gobiernos locales tiene responsabilidad en esto, así como en no entregar licencias de construcción en estas áreas. Una solución que podría tomarse en cuenta es promover el traslado de las familias en riesgo a zonas seguras, con ciertas facilidades para adquirir un bien mobiliario.

Se calcula que solo en Lima aproximadamente el 60% de viviendas son fruto de la autoconstrucción, lo cual las hace fuertemente vulnerables ante un sismo de gran magnitud. Además, según el INEI, al menos tres millones y medio de casas están construidas con materiales poco resistentes que aumentan el peligro para las más de 14 millones de personas que las habitan. Es posible considerar que esta situación se agrava en el interior del país, sobre todo en los sectores de bajos recursos económicos.

Así, es vital y urgente que la autoridad incida, una vez vencida la pandemia, en la preparación de nuestro pueblo ante un fenómeno que tarde o temprano nos alcanzará. Es fundamental que todos aprendamos las lecciones del terremoto de 1970 y, del más reciente, el de Pisco del 2007, y apliquemos todas las recomendaciones de seguridad para evitar consecuencias fatales.