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MARTES 18

de febrero de 2020

APROXIMACIONES

Limeños, hijos del desierto

11/2/2020


Ricardo Montero Reyes

Periodista

¿Es apropiado señalar a Lima como la segunda ciudad más grande en el mundo asentada sobre un desierto, después de El Cairo? La respuesta no puede ser un contundente sí, más aún al comprobar, de acuerdo con un estudio del arquitecto José Manuel del Castillo, que el 19% del territorio de Lima Metropolitana es arenal, con características de desierto de la costa sur del Pacífico sudamericano. 

Este territorio se extiende desde el distrito de Chorrillos hacia el sur, y en el norte ocupa casi todo el distrito de Ancón. El investigador, que cita otros trabajos científicos, precisa que el 53% del suelo limeño es de cordillera, y el 28% son valles.

De hecho, los cronistas españoles describieron a Lima como una rica y bella tierra, el mayor valle avistado desde Tumbes, condiciones que llevaron a Francisco Pizarro a asentarse en este territorio. El cronista Cieza de León escribió en 1550 que en Lima se criaba ganado en viñas y huertas, donde se cosechaban higos, plátanos, granadas, caña, melones, naranjas, limas, cidras, toronjas y legumbres.

¿Por qué cambió Lima? Mucho tiene que ver el crecimiento demográfico, urbanístico e industrial de la ciudad y sus alrededores, acentuado en la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX, período en el que se intensificó la depredación del territorio. “No debe sorprendernos que las lomas costeras fueran el blanco perfecto de leñadores que buscaban abastecer las locomotoras de la ruta Lima-Lurín, deforestándolas por completo, mientras que más tarde empresas cementeras terminaran por exterminar su biodiversidad. Sin árboles ni otros elementos bióticos, los riachuelos y puquiales pronto acabaron por extinguirse”, comenta con evidente amargura Del Castillo.

Frente a la interrogante de si Lima es la segunda ciudad más grande del mundo sobre un desierto, el investigador pregunta si vale la pena hablar de una Lima-desierto, o si es más exacto hablar de la desertificación del territorio de Lima.

Lo cierto es que a pulso podemos elevar a Lima a la categoría de ciudad invivible. Un dato para demostrarlo, muy apropiado en este caluroso febrero: Sedapal ha advertido que llenar una piscina portátil de 7,000 litros, de esas que se instalan en el Callao y otros distritos, equivale al consumo de agua potable de una familia durante 15 días. También ha indicado que en el 2015 se desperdiciaron en carnavales 120,000 litros de agua potable, casi el consumo de una familia durante un año. Una persona que juega con agua usa en promedio 10 baldes al día. Si cada balde tiene capacidad de cuatro litros, lanza 40 litros diarios que, multiplicados por cuatro domingos, dan 160 litros. Según Naciones Unidas, una persona puede vivir tranquilamente con el consumo de 50 litros diarios.

Ojo, todo esto ocurre en Lima, una ciudad que a pulso la podemos convertir en la ciudad más grande del mundo asentada sobre un desierto.




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