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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
DOMINGO 22

de setiembre de 2019

HISTORIA

Los hijos de Atahualpa (I)

Es de suponer que fueron muchos los hijos que tuvo el considerado décimo tercer gobernante inca.

7/9/2019


José Luis Vargas Sifuentes

Periodista

Días antes de sufrir su infausta muerte, el inca Atahualpa mostró su preocupación por la suerte que correrían sus hijos, tenidos con sus esposas y concubinas, y así se lo hizo saber a Francisco Pizarro, quien se había hecho amigo suyo. El conquistador español se comprometió a velar por ellos.

Es de suponer que fueron muchos los hijos que tuvo el considerado décimo tercer gobernante inca, pero pocos historiadores se han ocupado sobre la suerte que corrieron sus herederos y su destino final.

Investigaciones de los historiadores ecuatorianos Federico González Suárez, Pablo Herrera y Cristóbal de Gangotena y Jijón, y el español Marco Jiménez de la Espada, y textos de los cronistas Juan de Velasco y Martín de Murúa, entre otros, han permitido reconstruir la historia, inicialmente de 14 de los hijos de Atahualpa, entre legítimos y bastardos, todos menores de edad a la fecha de su ajusticiamiento el 26 de julio de 1533.

Los datos han sido recogidos de documentos registrados en las Relaciones Geográficas de Indias; archivos del Convento de San Francisco, de la Corte Suprema y de la Academia Nacional de Historia de Quito, y en la Historia General de Quito y otros.

La vasta documentación, sin embargo, es todavía confusa y contradictoria en muchos casos, pese a lo cual se ha logrado reconstruir parte de la historia.

De acuerdo con Juan de Velasco, la primera mujer de Atahualpa fue Mama Cori Duchicela, con la que tuvo a su primogénito Huallpa Cápac, quien sucedió a su padre en el trono de Quito, siendo aún niño. Según una versión, el general inca Rumiñahui usurpó el trono y mató a algunos hijos de Atahualpa.

Otra versión afirma que el primogénito de Atahualpa fue Puca-Cisa, quien murió a tierna edad, y que fue el mismo Rumiñahui quien puso a buen recaudo a los 11 menores enviándolos con sus madres a la región de Yumbos, al oeste de Quito.

Se dice que Pizarro encargó averiguar el paradero de los niños a Sebastián de Benalcázar (o Belalcázar) y a Diego de Almagro, cuando ambos se dirigían al norte, uno para conquistar Quito y el segundo para oponerse a las pretensiones del adelantado Pedro de Alvarado, gobernador de Guatemala.

Benalcázar descubrió a los niños en Yumbos y los tomó bajo su protección; en tanto que Almagro rescató a otros tres hijos varones que estaban en manos del cacique de Chillo. El primero llevó a los niños a Riobamba, donde se los encargó a Almagro para que los llevara a Lima.

Por razones no explicadas, quizá por el largo viaje y el paso de una mano a otra, solo se conoció la llegada de ocho de los niños, tres de los cuales Pizarro los entregaría en custodia a los frailes del Convento de San Francisco de Quito, y cinco –entre ellos dos mujeres– a los del Convento de Santo Domingo del Cusco.

Los primeros tres niños, bautizados como Francisco, Carlos y Felipe fueron registrados con el apellido Túpac Atauchi (o Topatauchi), conforme a las normas establecidas en España en 1501 por el cardenal Cisneros (Francisco Jiménez de Cisneros, arzobispo de Toledo y primado de España).

Los franciscanos gestionaron y lograron rentas de las cajas reales para Francisco y Carlos, y se desconoce lo que ocurrió con Felipe.

Las trámites fueron iniciados por su guardián fray Francisco de Morales, como lo refiere una de las cartas enviada el 22 de setiembre de 1552, en la que se dirige al rey en estos términos: “En él [refiriéndose al Colegio de San Andrés] tenemos un hijo de Atabalipa, que no tiene con qué se sustentar y débele V. M. dar con que pueda casarse y casa. Llámase don Francisco Atabalipa.”

Así, los franciscanos lograron que España otorgara pensiones a los hijos de Atahualpa puestos a su cuidado en su convento. Francisco y Carlos Topatauchi empezaron a recibir de la Caja Real de Trujillo 300 patacones de renta anual cada uno, y el licenciado Pedro de la Gasca dio a Carlos una encomienda en Conocoto que le rentaba 170 patacones.

De Felipe no se habla en ninguno de los documentos que conceden las mercedes reales. Se supone que habría muerto antes.

Francisco y Carlos recibieron mayores socorros. Este tuvo algunas encomiendas más, fuera de la de Conocoto, y aquel consiguió otra renta vitalicia de 700 patacones anuales que le pagaba la Caja Real de Quito.

De todos los hijos de Atahualpa, incluidos los cinco destinados al Cusco, el más destacado o importante, considerado sucesor de Atahualpa y el único en dejar testamento, fue Francisco Topatauchi, quien llegó a ocupar altos cargos y amasar fortuna. De todos ellos nos ocuparemos más adelante.