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EUGENIO COURRET

Los ojos de la Lima que fue

Este 2016 se cumplen 175 años del nacimiento de Eugenio Courret, el fotógrafo galo que nos legó la más hermosa y completa colección fotográfica del pasado de nuestra ciudad capital. Fotografías, miles de fotografías que, en parte, tuve la suerte de admirar, y luego elegir para ilustrar incontables notas que escribí sobre la Lima de los tiempos de Courret. Y es que el tema de Lima me ha arrobado en toda mi vida periodística.

15/5/2016


Domingo Tamariz Lúcar Periodista



A fines de la década de 1950, si mal no recuerdo, vi por primera vez las fotografías de Courret en manos de Jorge y Antonio Rengifo, hijos de un operario del Estudio Courret que se quedó con una parte de los negativos (como pago por salarios atrasados) cuando Dubreuil liquidó la firma en 1934. Por entonces, ellos suministraban las imágenes que los medios periodísticos requerían para ilustrar sus artículos sobre el pasado de la ciudad. Y años más tarde, en los noventa, tuve el privilegio de ser amigo de Andrés Herrera, director del Instituto Fotográfico Courret, quien compró a los descendientes de Juan Castañeda, otro extrabajador del estudio, treinta mil placas de las cien mil que, se calcula, registraba la Casa Courret. En esa suerte, ilustré más de cincuenta notas históricas con fotografías realmente inéditas. En la actualidad, el grueso de los negativos (placas de vidrio) se conserva en las bóvedas de la Biblioteca Nacional.



A la producción fotográfica de Eugenio Courret y sus continuadores se le llama Archivo Courret y este es, a decir de Raúl Porras Barrenechea, “el reflejo de toda la sociedad limeña de la segunda mitad del siglo XIX y los primeros lustros del siglo XX”.



En sus fotografías, retratos y postales no solo aparecen los aspectos más característicos de la ciudad –monumentos, plazas, calles–, sino también sus principales protagonistas y personajes populares, aparte de las mujeres que deslumbraron por aquellos años.



Eugenio Courret nació en Angoulême (en español, Angulema), capital del departamento de Charente, Francia, en 1841 (se ignoran el día y el mes de su natalicio). Sus padres fueron Francisco Courret y doña Calixta Chalet. Ambos estuvieron en Lima en más de una ocasión.



El arte fascinó a Courret desde muy pequeño. Tenía 14 o 15 años de edad cuando empezó a estudiar dibujo y pintura en la Ciudad Luz; coyuntura en la que se vio atraído poderosamente por el boom de la fotografía que, a mediados de siglo, se extendió por toda Europa. En ese contexto, se enroló en el mejor estudio fotográfico de París como ayudante e iluminador. Se convirtió así, en poco tiempo, en profesional de la fotografía.



La evolución de la fotografía en el Perú empezó con el daguerrotipo, introducido en 1842 por Maximiliano Danti, quien se estableció en la calle Mantas. A partir de la década de 1850 se desarrolló el arte fotográfico impulsado, principalmente, por fotógrafos franceses.



Eugenio Courret desembarcó en el Callao en 1861 como integrante de la compañía fotográfica Eugène Maunoury. Dos años después se uniría a su hermano Aquiles para abrir un estudio que fue comparado por los periódicos de la época con Las mil y una noches. Y bajo ese bendito éxito, la firma Hermanos Courret adquirió los tres estudios del francés Maunoury, que regresaba a su país.



Courret trabajó con cámaras muy modernas en un taller que en su tiempo era modelo de la mejor técnica. Usaba entonces magníficos sistemas para el aprovechamiento de la luz artificial que le dieron finalmente a sus retratos la calidad y nitidez que, un siglo después, aún sorprenden.



El estudio funcionaba en una casa de la calle Mercaderes (hoy jirón de la Unión) que, desafiando los años, aún sigue en pie con sus bellos frisos y adornos que aún llaman la atención de propios y extraños.



En febrero de 1872 Courret se casó con Emilia Baserre, parisiense de 21 años de edad, 10 años menor que él. Vivía entonces el gran fotógrafo en un rancho de Chorrillos, en el que solía reunirse los domingos con algunos compatriotas y amigos limeños.



En 1873, su hermano Aquiles decidió volver a Francia. Eugenio quedó entonces como único propietario. En esa coyuntura, la empresa vivía su mejor momento. Ofrecía todo tipo de fotografías, reproducciones al tamaño natural, venta de tarjetas de visita, productos químicos, cámaras, álbumes, marcos y autorretratos.



Courret dejó Lima en 1887, cuando transfirió su estudio a Adolfo Dubreuil, uno de sus mejores operarios. En París continuó en su faena fotográfica, acaso hasta poco antes de su partida, cuya fecha –igual que su nacimiento– se desconoce.



Trabajó con cámaras muy modernas en un taller que en su tiempo era modelo.