Tipo de cambio:

Compra: 3.421

Venta: 3.422


Año de la Universalización de la Salud
MARTES 2

de junio de 2020

APROXIMACIONES

Los pequeños negocios y la pandemia

El confinamiento ha generado un sinnúmero de problemas personales y familiares, felizmente la mayoría muy domésticos, sin grandes repercusiones en nuestro desenvolvimiento diario.

12/5/2020


Ricardo Montero Reyes

Periodista

Muchos nos comenzamos a preocupar por nuestra falta de habilidades para evitar el desordenado crecimiento del cabello. No existe la posibilidad de acudir a una peluquería, salón de belleza o spa. Claro, se podría opinar que este es un tema banal, una desinteligencia, una vanidad y una tontería en medio de una crisis.

No obstante, este intrascendente capricho tiene un fondo importante: la paralización de los pequeños y medianos negocios. De acuerdo con fuentes oficiales, más de 5,000 empresas han solicitado acogerse al decreto de urgencia que permite la suspensión perfecta de labores, y de este grupo más del 60% son pequeñas. Abogados laboralistas calculan en alrededor de 25,000 el número de trabajadores que mantendrían el vínculo laboral con sus empresas, pero sin recibir remuneración porque cesarían en la obligación de prestar el servicio laboral.

Y hemos empezado hablando de los cortes de cabello porque en el país existen más de 30,000 establecimientos que se dedican a ese tipo de negocio, los cuales podrán reanudar sus actividades en la segunda fase de reactivación económica, posiblemente a partir de agosto.

Un reporte del Instituto Nacional de Estadística e Informática sobre demografía empresarial, citado en el sitio web Club Franquicia, detalla que el número de salones de belleza en el Perú creció a 35,882 (2.4%) en el primer trimestre del 2019, y agrega un dato que debe ser tomado como inmensa preocupación: el 75% de esos establecimientos son conducidos por mujeres.

De acuerdo con los entendidos, hasta el año pasado se estimaba en más de 2,000 millones de dólares la facturación de la llamada industria de belleza en el Perú, y de ese total, entre 2% y 3% corresponde a los negocios de salones de belleza. En el auge del negocio tiene mucho que ver la migración venezolana y el mayor poder de consumo de la clase media, ahora perjudicado.

Sin embargo, la informalidad es una realidad que nos golpea duramente. Se calcula en 40% la informalidad en el rubro, negocios que abren y funcionan sin autorizaciones o son atendidos por personas sin formación para este tipo de trabajo. Estudios al 2018 mostraban que solo el 20% de los estilistas se ha preparado profesionalmente y que el 70% es totalmente empírico, aprendió practicando en la cabeza y rostro de los clientes.

Insisto, la preocupación que nos genera no poder concurrir a una peluquería, salón de belleza o spa podría ser juzgado como banal; no obstante, es de tremenda importancia apuntar al sector por la cantidad de gente y dinero que involucra. Tenemos que formalizarlo, profesionalizarlo, engancharlo al engranaje de la reactivación económica.