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PERFILES

Luis Felipe Angell (‘Sofocleto’)

Fue el más grande humorista peruano de su época en lengua castellana. También diplomático, escritor y periodista deportivo, supo de todas las vivencias del ser humano: dichas y desventuras, cárcel y exilio, aplausos y reproches. En su ausencia –que ya lleva trece años– no ha vuelto a aparecer un humorista de su jerarquía. ‘Sofocleto’, tal su seudónimo, fue además el autor más leído de su tiempo.

17/9/2017


Domingo Tamariz Lúcar

Periodista

Luis Felipe Angell vio la primera luz en Paita el 12 de abril de 1926. Sus padres fueron Jorge Angell Palacios y doña Juana de Lama. Su precocidad fue notable: a los 4 años de edad leía perfectamente, y a los 7 ya escribía versos. Gracias a su propensión a la lectura, recibió como herencia las bibliotecas de sus tíos abuelos, que, juntas, sumaban la friolera de 25,000 volúmenes.

Cuentan que estudió hasta en cinco colegios: La Merced, Maristas, San Agustín, La Inmaculada y el Anglo Peruano, hoy San Andrés. Lo mismo ocurrió cuando terminó la secundaria. Ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y luego a la Pontificia Universidad Católica del Perú, para seguir Letras y Derecho. Después se quemó las cejas en la Universidad de Coimbra, Portugal, y en La Sorbona de París.

En 1947 ingresó al Ministerio de Relaciones Exteriores, donde hizo carrera. A la vuelta de doce años, ya como tercer secretario, integró la delegación peruana en la Asamblea de las Naciones Unidas, pero, por no estar de acuerdo con la política del gobierno, pidió su pase a disponibilidad el 30 de enero de 1959.

Durante esos años realizó una intensa actividad literaria, sobresaliendo como un escritor original y versátil. En 1958 escribió la novela Tierra prometida, de corte social. Por entonces ya rondaban por su mente ideas izquierdistas. Por invitación de Fidel Castro, viajó a La Habana, y a fines de la década del 50 se hizo socialprogresista. Transcurrir en el que dirigió el semanario Libertad, vocero del partido.

Lo conocí por esos días. No recuerdo cómo se contactó conmigo. Buscaba entonces mejorar la calidad del semanario cuya primera edición no pegó. Él quería “un diagramador periodista”, y seguramente alguien le habló de mí. Acepté su propuesta sin pensarlo dos veces, porque el periódico propugnaba ideales progresistas y renovadores.

Entre sus colaboradores estaban los hermanos Augusto y Sebastián Salazar Bondy, Paco Moncloa y Alberto Ruiz Eldredge. Pero el hombre iluminado en la cocina del periódico era Angell, un monstruo frente a la máquina de escribir; dada su corpulencia –dos metros de humanidad– parecía que la iba a destrozar. Era tan rápido, y sus textos salían tan limpios –sea que escribiera en broma o en serio–, que con su aporte no era problema hacer un periódico de pegada. Libertad llegó a vender 40,000 ejemplares. La circulación del semanario se interrumpió con la deportación de su director (marzo de 1962).

Por esos años, Angell integró las filas del Frente de Liberación Nacional, un movimiento de izquierda de línea más confusa que el tránsito de la avenida Abancay; allí el humorista conformó un pintoresco trío con el general César Pando Egúsquiza y el cura Salomón Hidalgo.

Unos años antes ya había incursionado en el periodismo. Debutó como humorista en El Comercio en el verano de 1955, con una columna en la que por primera vez firmó como ‘Sofocleto’ (seudónimo que adoptó en honor de Sófocles, el autor de Edipo rey). Pasó luego a la revista Caretas y, sucesivamente, a los diarios Correo, Ojo, Expreso y La República, con sus “Mentiras universales”, “Frases célebres”, “Sicología animal”, “Ángulo agudo”, “Parlamentarias” y famosos sinlogismos como “Huachafería es la distancia que hay entre el mediopelo y el terciopelo”. Buenazo.

Para las elecciones de la Asamblea Constituyente de 1978 sacó el diario político Don Sofo, de solo una hoja, el que, al precio de veinte centavos el ejemplar, vendió a raudales. Luego fundó el diario La Mañana (1992-1995). También fue especial poniendo chapas o apodos a conocidos políticos. Un par de botones: a Javier Ortiz de Zevallos lo llamó ‘Gigante roto’ (por su pequeña estatura), y ‘Tucán’ a Luis Bedoya Reyes (por narizón).

Publicó más de veinte libros, entre ellos Sinlogismos, acaso el más vendido, Mentiras universales, Sofonetos, Los cojudos, entre otros.

Luiis Felipe Angell, ‘Sofocleto’, partió a la eternidad el 18 de marzo de 2004. A propósito, recuerdo uno de sus sinlogismos: “Lo bueno de la muerte es que no se repite”. Ni vuelta que darle: genial, aunque no buen cristiano.