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MÁS QUE UN TRABAJO

Madres de corazón

Su nombre técnico es “cuidadoras”, pero para los niños y adolescentes que llegan a los CAR, ellas son las “mamás” y “tías” que se preocupan por ellos y de sus necesidades.

11/5/2018


1 “¿Cuándo llegué, mamá?”, pregunta Evelyn desde la sala. Enid Inga hace memoria: en el 2005. Era una niña de 9 años y no sabía que iba a pasarse otros 9 años aquí, en esta “casita” dentro de Aldeas Infantiles SOS en el Callao. Se trata de uno de los centros de atención residencial (CAR) de administración privada que existen en el país. 

Ahora, Evelyn Leandro tiene 22 años y está terminando de estudiar Educación Artística. Y todo por insistencia de su “mamá Enid”, la “cuidadora SOS” que estuvo a su lado cuando pasó de niña a adolescente y luego a mujer; ella la ayudó con las tareas escolares y estuvo pendiente de que empezara a prepararse para postular a una carrera ni bien terminara el colegio.

Evelyn vuelve periódicamente a la casa. Visita a su “mamá”, ve crecer a sus “hermanos” y “primos” (los menores de las otras casitas de este CAR chalaco). Y la oenegé la apoya económicamente para que siga sus estudios. Se mantiene comunicada con los de su “promoción”. Algunas de sus “hermanas” ya son casadas, así que Evelyn tiene varios “sobrinos”. “Es algo bonito que siempre vamos a tener presente. Y mi mamá siempre será mi mamá”, dice Evelyn mirando a Enid.

Llegó “por esas coincidencias de la vida”. El barrio no era tan bueno, y a su madre la asesinaron. Sus hermanas, que eran mayores, no sabían qué hacer con ella y tocaron las puertas del CAR. Así llegó. “No sé qué habría sido de mí si no hubiera entrado. Gracias a Aldeas y mi ‘mamá’, ahora tengo mi carrera y sigo para adelante”, dice.

2 Solo en el 2015, más de 5,600 niños menores de 17 años fueron “ubicados” en los CAR. La mayoría de los CAR (68%) son de administración privada; el 15% pertenece al Inabif; el resto a gobiernos regionales, locales y sociedades de beneficencia pública.

Aunque tiene muchos “hijos” y dos nietos, Enid Inga continúa siendo una señorita. Ya lleva 14 años como “cuidados SOS” y pasa seis días a la semana con los menores.

Su deber es velar por ellos: que vayan al colegio, que tengan comida, que aprendan a hacer los deberes de acuerdo con su edad. Conversa mucho con los adolescentes y se preocupar si alguno tiene problemas de aprendizaje; los fines de semana, a veces, salen de paseo.

“Todo niño tiene derecho a vivir en familia. Aldeas les brinda ese calor de hogar. Sé que soy la cuidadora, pero algunos niños me dicen ‘mamá’”.

Enid tiene su novio, y eso pone contentos a sus “hijos”, porque no quieren que se quede sola. “Queremos que tenga su familia”, dicen.

El Ministerio de la Mujer se pone de acuerdo con los CAR para asegurar que los niños se reintegren a sus familias. En caso de que el Mimp vea que no se dan las condiciones apropiadas, no hay reintegración, explica Nancy Hinostroza, responsable de la Aldea SOS.

3 Nilda Rodríguez cumplirá también 14 años como “cuidadora SOS”. Es casada y tiene dos hijos biológicos. Ahora son jóvenes de 28 y 30 años. Al principio, cuando empezó, eran adolescentes y les chocó. Después, se familiarizaron, conocieron la aldea y compartieron a su mamá con sus nuevos “hermanos”.

“¡Y ya soy abuela de corazón: tengo dos nietas hermosas! Mañana, es cumpleaños de una de ellas y nos han invitado a todos”, dice Nilda. Ahora tiene a su cargo a niños de 4, 7 y 10 años, y a Zenaida, que llegó cuando tenía 4 y en julio cumplirá 18. Este año, Zenaida terminará el colegio y deshoja margaritas: no sabe si estudiará cosmetología o Medicina Veterinaria.

Se respeta la religión que los niños profesan. Y también contándoles la verdad. Luis llegó cuando tenía siete meses; ahora, a los siete años, sabe que Nilda no es su mamá. Comprende. “Cada niño lo sabe, y les nace cómo llamarnos, ‘tía’, ‘mamá’”. Ángel tiene 4 años, llegó con sus otros dos hermanitos biológicos. Para él, Nilda es la mamá que todos los días lo viste, lo alimenta, lo educa...

“Las cuidadoras sufrimos mucho cuando ellos se van. No son nuestros niños, pero no podemos decirle al corazón ‘No los quieras’. Igual, los lazos entre ‘hermanos’ son muy fuertes y se comunican entre ellos”. El problema de Nilda es que hoy debe asistir a seis celebraciones por el Día de la Madre en los colegios de sus “hijos”.

Presupuesto en prevención

La violencia familiar es el factor más común por el cual los niños deben salir de sus hogares temporalmente a los CAR, recuerda el abogado Rafael Casas. Por ello, Aldeas Infantiles SOS Perú ha lanzado la campaña #MeImportan para crear conciencia sobre la importancia de que los menores gocen de su derecho a vivir en familia. “La presencia de los temas de protección de la familia tienen el presupuesto más bajo del Estado: menos del 1% [del presupuesto nacional]. Se necesita mayor inversión en programas de prevención para garantizar que el niño no tenga que salir de su hogar”, dice.

4.4% de niños del Perú no viven con sus padres.