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PERFILES

Magda Portal

Acabo de leer su primera y única novela, La trampa, cuyas páginas, ya maltratadas por el tiempo –apareció en 1956–, se han tornado amarillas; también las letras están desapareciendo, pero no ocurre lo mismo con la fuerza de su mensaje. La novela tiene por escenario el Perú y por protagonistas a conocidos personajes de la política de los años 50 del siglo pasado, terreno en el que también destacó. Pero ella sobresalió, sobre todo, como poeta y ensayista.

21/5/2017


Domingo Tamariz Lúcar

Periodista

Magda Portal es una de las mujeres que más intensamente ha vivido el Perú. El domingo 28 de mayo se conmemoran 114 años de su nacimiento. La fecha es propicia para recordar a esta singular poeta, hoy un tanto olvidada.

María Magdalena Julia del Portal Moreno nació en Barranco, frente al mar, el 27 de mayo de 1903. El océano, que vio por primera vez cuando era una niña de 3 años, le impresionó tanto que será recurrente en su poesía hasta el final de sus días. Fueron sus padres Pedro Pablo Portal Ortega, corredor de fincas, y doña Rosa Moreno del Risco. Magda –así le gustaba que la llamaran– era la segunda de cuatro hermanos.

Sus primeros años fueron felices en un hogar acomodado que de pronto sufrió la pérdida del autor de sus días. Desdicha que la envolvió cuando ella apenas contaba 5 años de edad. Supo así, por primera vez, lo que era el dolor.

Carente de medios económicos y agobiada por las deudas, la familia no tardó en ser desalojada de su casa. Años después, Magda recordaría que cuando la policía se fue, ella tomó una piedra y rompió la chapa de la puerta y, con la ayuda de los vecinos, volvió a introducir los muebles en la casa.

De formación autodidacta, Magda siempre estuvo comprometida con la creación. En sus años de colegiala en Bellavista (Callao) –donde se había mudado con su mamá y sus hermanos– ya escribía poemas y novelitas que entregaba a leer a sus compañeras de clase.

Empezó a trabajar desde temprana edad y fue así como, siendo empleada de comercio, se acercó a la universidad de San Marcos. “Apenas salía de mi trabajo –recuerda en una entrevista– me iba a la Casona de San Marcos. Los muchachos me aceptaban como si fuera una alumna”.

Fue en esas circunstancias que ganó los Juegos Florales promovidos por la Decana de América con una serie de tres poemas llamada Nocturnos, pero se negó a recibir el premio durante la ceremonia en el Teatro Municipal cuando se enteró de que se lo entregaría el presidente Leguía (1923), frescamente reelecto.

En 1924 escribió dieciocho poemas –que conforman su libro Vidrios de amor–, y al año siguiente viajó a Bolivia, acompañando a Serafín del Mar (seudónimo de Reynaldo Bolaños), su flamante esposo, político y poeta como ella.

A su retorno al país, la editorial Minerva editó su libro de poemas Una esperanza y el mar, que motivó un ensayo especial de José Carlos Mariátegui, al punto que luego los incluyó en sus 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana.

Al año siguiente, su esposo fue acusado de conspirar contra el gobierno de Leguía, y poco después salió desterrado a Cuba, donde llegó acompañado por Magda Portal. Luego pasó a México; allí se encontró con algunos compatriotas igualmente exiliados.

En 1928 se inscribió en el Partido Aprista Peruano, del que fue fundadora. Luego sería detenida, deportada y encarcelada por, se calcula, quinientos días, y sufrió persecución muchas veces.

En su época fue la principal voz femenina de la literatura peruana. Además, según cuenta la literata e historiadora Diana Miloslavich en su ensayo Feminismo y sufragio, Portal fue una impulsora del voto y la participación política de la mujer, tanto en conferencias como en artículos periodísticos y libros.

En 1945, al retornar a su patria después de una larga permanencia en Chile, se alejó definitivamente de la militancia aprista (1948) y se consagró a su vocación literaria.

Como periodista escribió en la revista Amauta y en diarios y revistas culturales del extranjero y, ya retirada de la política, en el diario Expreso, donde firmó la columna ‘Vidrios de amor’, título de uno de sus poemarios.

Por entonces tuvo a su cargo la representación del Fondo de Cultura Económica de México durante doce años. Además, fue elegida presidenta de la Asociación de Escritores y Artistas (1981-1984), que lamentablemente ya no existe.

El 11 de julio de 1989 murió en el Hospital Obrero. A su pedido, sus cenizas fueron echadas al mar de Barranco, allí donde, muy pequeña, prendada por sus olas e inmensidad, buscó siempre volver. Contaba 86 años de edad.