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PERFILES

Manuel Pardo y Lavalle

Desde los primeros años de la República, paradójicamente, una aplastante mayoría de los gobernantes del país fueron militares que llegaron a Palacio de Gobierno con la fuerza de las armas. Durante ese período, los civiles solo gobernaron por delegación o interinamente. En 1871, las grandes mayorías pensaban que era ya hora de que un civil manejara la nave del Estado.

11/6/2017


DOMINGO TAMARIZ LÚCAR

Periodista

Fue así como en la contienda electoral de ese año surgió la candidatura de Manuel Pardo, un joven de 38 años que había realizado una meteórica carrera política. Para afianzar su candidatura se organizó la Sociedad Independencia Electoral, la cual pronto cambió su nombre por el de Partido Civil, el primero de la historia del país. Pardo ganó sin sombra de duda y se convirtió así en el primer presidente civil que llegó a la Casa de Pizarro.

Al imponerle la banda presidencial, José Simeón Tejada, presidente de la Cámara de Diputados, dijo: “Ciudadano presidente: en los cincuenta años que lleva el Perú como nación independiente y soberana, sois el único a quien los pueblos han elevado el mando supremo sin el apoyo de las bayonetas. Estáis colocado, señor, a la cabeza de una época”. En su respuesta, Pardo pronunció un discurso no menos vibrante.

Manuel Pardo y Lavalle nació en Lima el 9 de agosto de 1834. Sus padres fueron Felipe Pardo y Aliaga, escritor costumbrista, y doña Petronila de Lavalle y Cabero. Inició sus estudios en Chile en 1840, año en que su padre fue deportado por segunda vez. De vuelta al país fue matriculado en el flamante Colegio de Nuestra Señora de Guadalupe, que acababa de ser fundado y de cuyas aulas pasó, en 1849, al Convictorio de San Carlos.

Con solo 16 años de edad, se embarcó a Europa para estudiar Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona, y Literatura y Economía Política en el Colegio de París. En el Viejo Mundo asimiló las ideas que propician el fortalecimiento del Estado y su rol articulador de la economía.

Nuevamente bajo el sol de la patria (1853), se dedicó a la agricultura y luego al comercio. Hizo fortuna comercializando guano, y luego dirigió la Compañía Nacional de Guano.

Su habilidad para los negocios y las finanzas lo llevó pronto a la dirección del Banco del Perú, a la presidencia de la Compañía de Seguros La Paternal y la dirección de la Compañía de Seguros Marítimos e Incendios. Y en ese impresionante rush, compró la hacienda Tumán de Lambayeque.

A comienzos de la década de 1860 apareció entre los fundadores de la Revista de Lima, donde lanzó una campaña para “convertir el guano en ferrocarriles”; es decir, “aprovechar las ganancias guaneras para construir grandes vías férreas que conecten los puertos con los centros agrícolas y mineros de la Sierra”.

En 1964 viajó a Londres comisionado con el fin de negociar un empréstito para defender al país de la agresiva presencia en aguas territoriales de la Escuadra Española del Pacífico, gestión que tuvo que acelerar al verse afectado por un mal –acaso pulmonar–, que lo llevó a restablecerse en Jauja.

Apoyó la revolución del coronel Mariano Ignacio Prado contra el régimen de Pezet y la firma del Tratado Vivanco-Pareja. Durante la dictadura formó parte del ‘Gabinete de los Talentos’ como titular del Ministerio de Hacienda, en el que impulsó una agresiva reforma del sistema tributario.

Fue presidente de la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima, y desde ese cargo combatió los estragos de la fiebre amarilla. En 1869, como alcalde de Lima, transformó la ciudad canalizando y empedrando sus calles. Su candidatura a la primera magistratura estaba cantada.

Al asumir la presidencia afrontó una acentuada crisis económica que contrarrestó con duras medidas de austeridad, como la paralización de obras públicas y el aumento de los impuestos. Su prioridad fue la educación. La dividió en tres secciones: primaria, secundaria y universitaria. Decretó asimismo la gratuidad y obligatoriedad de la enseñanza primaria, y fundó la Escuela de Ingenieros (hoy UNI).

Y en otros campos, realizó un censo de población como mandan los cánones, nacionalizó las salitreras de Tarapacá y suscribió un tratado de defensa con Bolivia, lo que constituyó un craso error. En suma, hizo un gobierno para el recuerdo.

En 1878, en su ausencia, fue elegido senador, y a su retorno de Chile –donde estaba exiliado– se le designó presidente de la Cámara. Unos meses después, la tarde del 16 de noviembre de 1878, Pardo fue vilmente asesinado a balazos por el sargento Melchor Montoya. Pensar que solo contaba 44 años de edad.