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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
JUEVES 5

de diciembre de 2019

Cantautor ayacuchano Manuelcha Prado se presentará en el Gran Teatro Nacional de Lima. Foto: José Vadillo

EN NOMBRE DE LOS MESTIZOS

Manuelcha Prado, cuerdas de altura

Conocido como el “Saqra de la guitarra”, Manuelcha Prado cumple medio siglo dedicado a la guitarra y el canto andino. El artista ayacuchano advierte sobre los extremismos, lanza retos musicales y da una mirada sobre el Perú. Ideas, canto y baile.

30/11/2019


José VadilloVila

jvadillo@editoraperu.com.pe

A bocinazos, el tráfico limeño golpea los vidrios del quinto piso del jirón Miró Quesada, en el centro histérico de Lima. El sol famélico bosteza sobre el salón donde las guitarras esperan a los siguientes alumnos. El perro de bronce de la antediluviana vitrola Victor para la aguja y las orejas: Manuelcha Prado está concentrado. Sobre el diapasón de su guitarra Huamaní dibuja los pasajes del valse “Melgar”, de Benigno Ballón. 

Son los ensayos finales para la noche de gala y afina las guitarras en cuatro temples distintos.

¿Qué ha sido de su vida, saqra? Lleva enredado en su melena gris el recuerdo de aplausos cosechados este año; vistiendo ponchos huamanguinos, chalinas chankas ha viajado por ciudades del norte, también por el Cusco, Huancayo, Ayacucho, Puquio. Y llegó por primera vez a El Alto, Bolivia.



–Como diría Nietzsche, me estoy mordiendo la cola –dice el autor de piezas vitales del cancionero andino contemporáneo, como “Trilce”, “Piedra”, “Trova de amor”.

Prado (Puquio, 1957) se define como un “autodidacta de lecturas”; un artista siempre atento “a las vibraciones literarias, sociales, políticas del Perú y el mundo”. Considera, como definía Verdnaski, que es parte del conjunto de los seres inteligentes con el medio en que viven, un habitante de la noósfera.

En este medio siglo de trajinar artístico, de recorrido por todos los linderos del país y extramuros, aprendió dos cosas. Una, que el Perú es más grande que sus problemas, y la segunda, que cualquier extremismo, “sea de derecha o izquierda”, es peligrosísimo.

El peso de la cultura

La vida también le ha enseñado que hay que luchar por los ideales, pero sin dejar de cantar ni bailar. “La cultura y el arte son la argamasa para unirnos; nos confluyen para construir un mejor país”. Porque como todos los peruanos, Manuelcha espera ese salto cualitativo del país, tras el marasmo de corrupción político-empresarial que nos sorprende a todos.

El año que nacía como artista, José María Arguedas optaba por descerrajarse los sesos. El Arguedas preocupado por la cultura andina es una alta escuela, un faro alto al que siempre acude.

“Yo creo que hemos dado grandes avances. Hay que saludar a TV Perú y a Hugo Coya, que han apostado por crear un telenoticiero en quechua. Es una idea excelente”.

También le pone contento el esfuerzo, en Lambayeque, para recuperar la lengua muchik. Es un país distinto.

La mirada del maestro de la guitarra andina es hoy totalmente mestiza. No le ha sido fácil y todos los días, confiesa, lucha para vencer sus propios prejuicios.

Cree que esa aceptación permitirá dar con el acorde que nos falta para construir el Perú del XXI.

“Hay que sacarle la chochoca a los prejuicios. Quememos etapas. Tomemos lo mejor de la Grecia andina y de la Grecia Occidental para que este país despegue”, nos invita.



Su primer disco se llamó ‘Guitarra indígena’, una colección de 12 canciones que registró rápidamente en un par de días de 1981.

La propuesta para grabar el álbum llegó en un momento personal muy difícil: acababa de casarse con Josefina Díaz (su compañera y madre de 3 de sus 4 hijos, quien falleció en el 2015). Estaban “alojados” en la casa de un familiar, y ahí, contra viento y marea, perfeccionó ese repertorio. Con el álbum en mano, se dio cuenta de que aquel esfuerzo valió la pena.

Discos en camino

Ahora, para el 2020, el músico ayacuchano tiene preparadas tres nuevas producciones.

La primera, ‘Pachacuteq’, es un trabajo de fusión realizado con su banda Saqra, una propuesta prima-hermana de Kavilando, la banda con la que a fines de los años noventa conquistó nuevos públicos.



Sabe que marcó y mucho. La semana pasada visitaba la feria del libro Ricardo Palma y el poeta Jorge Najar lo saludó de lejos: “¡Hola, Kavilando!”. Y un mocosito acaba de matricularse en su escuela solo porque Manuelcha es autor de una de sus canciones favoritas, “Síndrome colonial”.

Al artista puquiano también lo sigue buscando otro público, por el repertorio tradicional en quechua, que habla del “Torovelay”, de “Saksaywamampi”, de “Expreso Puquio”, de “Koka quintucha”.

Recuperar la escuela

Manuelcha se reconoce parte de una generación de cultores de la guitarra andina que peinan canas, con Víctor Angulo y Julio Humala Lema. “Somos los sobrevivientes”, dice. Otro miembro de esa “promoción” fue el innovador Daniel Kirwayo, fallecido en el 2012. Ve con aprecio a la siguiente generación que está consagrándose en las seis cuerdas, el cusqueño Ronald Contreras y su paisano, Chente Mansilla.

Pese a ello, a Manuelcha le preocupan la pérdida de ciertos estilos musicales o trabajos colectivos tras los 20 años del conflicto armado interno, que dio pie a la diáspora de artistas ayacuchanos.

“Hay que recuperar la escuela guitarrística ayacuchana, no solo los solos de guitarra, sino también los dúos, tríos, cuartetos. Quiero hacer una orquesta de cámara de guitarras”, propone Manuelcha.

Otro proyecto que tiene es un álbum de yaravíes que ya registró con su guitarra y su voz, vehículo de apus y wamanis. Un tercer proyecto es ‘Tusuy’, que grabó con arpa y violín. A diferencia del disco ‘Madre andina’ (2007), que grabó en el mismo formato, aquí no hay espacio para nostalgias: es un trabajo de música festiva del sur de Ayacucho. Llevará el nombre de ‘El Ccarhuarazo’, en honor al nevado eterno que bendice todo Lucanas, Puquio, el valle de Sondondo.

En el 2020, continuarán los conciertos, las conferencias. Su compañera será una “chola caderona” de seis cuerdas.

14 son las producciones musicales en que ha participado desde 1981.