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DEFENSORA INCANSABLE DEL PATRIMONIO

María del desierto

Estudió por más de cuatro décadas el “calendario más grande del mundo”, ubicado entre Nasca y Palpa, y conformado por los famosos geoglifos. En mayo se conmemoran los 115 años de su nacimiento.

21/5/2018


José VadilloVila

jvadillo@editoraperu.com.pe

Una mujer otea la pampa, luego hace anotaciones, vuelve a aguzar la vista. La operación la repetirá día y noche, por décadas, en extrema soledad. Se llamaba María y su calvario o bendición fueron las Líneas de Nasca.


¿Cómo graficar una pasión? En 1980, ya sufría del pico de loro y una dolencia permanente en la columna vertebral, pero María Reiche Neumann seguía su norte.

A mediados de 1985 se iba quedando ciega producto del glaucoma, y volvió a los quirófanos del hospital Mogrovejo de Lima para tratar de recuperar la vista e insistir en el estudio de las líneas, como lo hacía en forma ininterrumpida desde 1946.

Al tiempo, se lastimó un fémur y tuvo que esperar cuatro meses para volver a caminar en su desierto.

Impacto histórico

María Reiche llegó al Perú en 1935 y se había interesado, primero, en los intihuatanas u observatorios del sol, tras leer un artículo del astrónomo Rolf Müller.

Luego, el historiador estadounidense Paul Kosok le sugirió prestar atención a las líneas en Ica. Por décadas, los interesados en esas tierras la desprestigiaban gritándole “gringa loca”, “espía alemana”, “bruja”. Ella hizo oídos sordos para continuar su labor (en los últimos años de su vida, su hermana Renata la acompañó).

Un camino difícil

En 1982, el director Gianfranco Annichini estrenó el cortometraje María del desierto, inspirado en su trabajo.

Otra alegría sucedió el 15 de mayo de 1983: Nasca se vistió de fiesta por los 80 años de la estudiosa alemana. Hubo serenata, izamiento de los pabellones de Alemania y el Perú en la plaza de la ciudad, sesión solemne en la municipalidad, a una avenida le pusieron su nombre, y en el colegio María Reiche, los estudiantes bailaron y apagaron con ella las velas de una enorme torta.

Calendario agrícola

Entre los kilómetros 419 y 465 de la Panamericana Sur, hay decenas de figuras trazadas sobre 350 kilómetros cuadrados. Pelícano, picaflor, perro, araña, lagarto, ballena, etcétera, están entrelazados con trapecios y triángulos. La pampa se llamaba de San José, pero el mundo la rebautizó como las Pampas de Nasca y Palpa.

Su teoría fue que las líneas les sirvieron a los antiguos peruanos, que tenían miedo a estos fenómenos, tanto de calendario de orientación agrícola como para predecir eclipses.

Para “dibujar” con líneas y curvas las famosas figuras, explicaba, los nasqueños utilizaron como medida el 1.60 metros, la talla promedio de estos hombres. Dijo que ellos conocieron la circunferencia, la curva, el radio y utilizaron en sus trabajos los ángulos de 15, 45 y 60 grados.

Pero, ¿por qué miraban el cielo? Reiche rechazó científicamente la idea común de que las líneas fueron hechas por alienígenas para delimitar un campo de aterrizaje interestelar o cosas por el estilo. Tampoco se trató de canales de irrigación, dijo. Defendió que eran de trazos hechos a escala para que pudieran ser vistos por los dioses en los que creían los antiguos Nasca, se apiadaran y les dieran lluvias en este desierto reseco.

Sus investigaciones sobre las posiciones de astros y constelaciones, a partir de las líneas, empezaron a confirmarse a partir del 2003 por científicos de la Universidad de Dresde, la ciudad alemana donde nació.

El nombre de la estudiosa fue casi un heterónimo de las Líneas y Figuras de Nasca, a las que cuidó como el hijo que nunca tuvo. Si César Vallejo decía en un verso famoso: “Me moriré en París con aguacero”, Reiche decía: “Mi destino es morir acá, cerca de lo que más estimo… No quiero morir en un asilo rodeada de ancianas”.

Otra revelación que hizo fue que los antiguos Nasca, durante las largas sequías, llegaron navegando hasta Ecuador y Colombia para abastecerse de alimentos, lo que se demostraba con las “figuras de peces y plantas marinas, y las de las dos manos de un mono pegadas a la cabeza, que se encuentran al borde de la carretera hacia Nasca”, en 1983.

Reconocimientos

A Reiche se le supo reconocer tras décadas de vida frugal dedicadas al estudio.

En los setenta, el gobierno le otorgó la Orden El Sol del Perú y hospedaje permanente en el Hotel de Turistas de Nasca; luego, le dieron el título de Custodia Oficial de las pampas. En 1987, el Congreso dictaminó un aumento de cuatro a 20 sueldos mínimos vitales la pensión de gracia que le otorgaba el Estado.

Fue por efecto de su labor quijotesca en el desierto que el Estado, a partir de los años ochenta, empieza a dictar normas para cuidar el patrimonio arqueológico.

En términos prácticos, para incentivar el turismo y que los peruanos conozcan las líneas, Reiche ideó construir un mirador en la zona de mayor concentración de figuras geométricas y zoomórficas (se había opuesto a la idea de funiculares y teleféricos porque iban a destruir las líneas, un “pergamino muy frágil”, y por ella se derogó un decreto supremo que permitía la instalación de estos medios en el interior de las pampas).

Reiche consiguió financiar 50 millones de soles, en la época del segundo gobierno de Fernando Belaunde, para un mirador de 30 metros de altura, pero la demora de meses para la construcción vino por la burocracia de dos ministerios y el Instituto Nacional de Cultura. El mirador es hoy una realidad.

Su mensaje es un reto para las autoridades y ciudadanos: conservar a toda costa estas líneas, únicas en el mundo. Ya en 1980 ella advertía que se estaban deteriorando, producto del descuido, la industrialización en la región Ica y el cambio climático. A estar alertas.