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Año del diálogo y la reconciliación nacional
DOMINGO 19

de agosto de 2018

PERFILES

María Jesús Alvarado

Su aporte fue fundamental en la lucha por la igualdad de géneros en el Perú. Sin embargo, hasta hace unos años era prácticamente ignorada. Estudió hasta el tercer año de primaria porque en esa época a la mujer solo se le permitía llegar hasta ese grado educativo. Pero ella perseveró en su educación y se convirtió en autodidacta. Su lucha no se limitó a la mujer: también alcanzó al niño, al obrero, al indígena. Y en ese azar conoció la cárcel y el exilio. Su historia es fascinante.

3/6/2018


Domingo Tamariz

Periodista

María Jesús Alvarado Rivera nació el 27 de mayo de 1878 en la hacienda Chacrabajo, Chincha Baja, Ica, un año antes de que estallara la Guerra del Pacífico. Sus padres fueron Cayetano Alvarado Arciniega, hacendado, y doña Jesús Rivera Martínez. Fue la décima de trece hermanos.

El conflicto con el país vecino embarulló la paz del hogar, al punto que a sus padres no les quedó otra salida que vender la hacienda debido a que Chincha Baja se convirtió en cuartel de las fuerzas invasoras.

Tiempo después vendría la separación de sus padres. Don Cayetano partió a Pacasmayo, donde trabajó como administrador de una hacienda, y doña Jesús viajó a Lima con la protagonista de nuestra historia, que a la sazón contaba con 7 años.

Ya en Lima, madre e hija subsistieron con la ayuda que les brindaba uno de los hermanos mayores. En ese discurrir, doña Jesús se dedicó a la costura y a preparar a su hija para el futuro. Le inculcó el amor a la lectura, que le permitió descubrir un mundo de cosas. Y como también gustaba de eventos culturales, la llevaba a exposiciones, conciertos, museos.

Al cumplir los catorce años, la niña ingresó en el colegio Rodó (1893-1895). Allí se educó hasta el tercer año de primaria, que era entonces el grado máximo de estudio para las mujeres. Esta restricción, que atentaba contra la igualdad de género, inspiró en ella una de sus principales banderas de lucha: el derecho de la mujer a la educación.

Al no poder igualarse con los hombres en términos educativos, se empeñó en instruirse ella misma. Y en ese anhelo no tardó en convertirse en autodidacta.

A los 20 años ya enseñaba en una escuelita fiscal; a los 30, gracias a la ayuda de su hermano Lorenzo, catedrático en Geografía en la Universidad de San Marcos, debutó como periodista firmando una columna nada menos que en El Comercio.

En 1910 envió un trabajo sobre la problemática de la mujer peruana al Congreso Femenino Internacional, realizado en Dinamarca. En 1911 ofreció su primera conferencia en la Sociedad Geográfica de Lima. El tema no pudo ser otro que el feminismo, en el que planteó la necesidad de otorgar a la mujer la igualdad de derechos civiles y políticos. Esta conferencia marcó un hito en la historia del feminismo en el Perú.

Tras esos logros, en 1914 fundó el Movimiento Feminista y, meses después, la Escuela Taller Moral-Trabajo.

Su época más activa fue la del gobierno de Leguía. Supo entonces lo que eran la cárcel y el destierro, so pretexto de la impresión en la imprenta de su escuela de un memorial de un grupo de obreros despedidos que no habían encontrado un taller que se atreviera a imprimir sus volantes. Por negarse María a entregar los originales a las autoridades, o a decir quiénes eran los obreros, la llevaron a la cárcel de Santo Tomás. Fue excarcelada solo después de tres meses, en los que se le mantuvo incomunicada.

Se le dio la libertad con la condición de que saliera del país lo más pronto posible. “Cuando las mujeres se meten en cosas de hombres, se exponen a tener que someterse a las consecuencias de actos viriles”, diría La Crónica en su editorial del 25 de enero de 1925.

Se exilió en Argentina, donde trabajó como profesora y escribió la primera parte de su obra La Perricholi.

Volvió al Perú en 1936. Terminó de escribir La Perricholi y empezó a escribir el libro Amor y gloria, que trata del apasionado romance de Manuela Sáenz y el Libertador Bolívar. Fundó la Academia de Arte Dramático Ollantay y presentó al Ministerio de Educación un proyecto para la creación de la Dirección Cultural y Artística, que no tardó en plasmarse.

Fue regidora de la Municipalidad de Lima en 1941, y en 1945 solicitó al Congreso de la República, por medio de Evolución Femenina, la aprobación del proyecto de ley que otorgaba el voto a las mujeres. La iniciativa fue aprobada y promulgada en 1955 por el gobierno de Manuel A. Odría.

María Jesús Alvarado Rivera falleció el 6 de mayo de 1971, en vísperas de cumplir 93 años y luego de concretar una fructífera labor que hoy se le reconoce más que nunca.