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PUNTO DE VISTA

Mayor compromiso con el deporte

Aveces pienso que los deportistas y los artistas peruanos tenemos mucho en común. Estamos a puertas de recibir en Lima a competidores de todo el continente con ocasión de los Juegos Panamericanos, y me pregunto: ¿sabe aquí la gente lo que eso significa? Luego de los Juegos Olímpicos, la mayor fiesta deportiva en las tres Américas son los Panamericanos, que una vez concluidos darán paso a los Parapanamericanos; este último es una demostración masiva de que “quien quiere, puede”, pese a las pruebas que nos pone la vida.

10/3/2019


Sergio Salas

Abogado, Músico criollo

Desde que tengo 12 años soy un fanático acérrimo de las Olimpiadas. La cantidad de países que se congregan en determinada parte del mundo para celebrar en torno a algo tan positivo como es el deporte es algo que me emociona profundamente. Sin embargo, he aprendido con los años que no todo lo que brilla es oro, incluido el camino que nuestros deportistas deben pasar para llegar a un evento como este. A estas competencias solo llegan los mejores del mundo. Solo el hecho de alcanzar una plaza es ya una proeza en países donde el apoyo es escaso o nulo. Y claro, en cada país la figura es diferente. En Estados Unidos, las principales universidades del país compiten por tener en sus filas a deportistas calificados y permitirles estudiar becados, mientras que en Rusia el Gobierno tiene como política de Estado el desarrollo del deporte. Pero aterricemos en el Perú, y aunque la realidad nos golpee duro, los esfuerzos que se han hecho hasta la fecha aún son escasos y eso hace que cada deportista, si quiere participar en alguno de estos juegos, tenga que “arreglárselas” para costear un entrenador (porque más de uno es virtualmente imposible), indumentaria apropiada, accesorios y herramientas que son la base de sus disciplinas, suplementos deportivos, entre otros.

Adicionalmente, tienen que entrenar en doble turno sin que existan ambientes apropiados para el nivel que se busca, y también deben estudiar o trabajar, o ambas cosas.

En mi época de practicante de Derecho, un compañero practicaba remo y me contaba sobre los sacrificios que hacía para poder entrenar. En el 2016 tuve la suerte de ir a los Juegos Olímpicos de Río y al recoger las entradas conocí a los padres de un deportista peruano que participaría representándonos; me contaron lo mismo.

Me queda la sensación de que el deportista se asemeja mucho al artista porque hoy por hoy, con el talento no basta. Ellos, al igual que nosotros, tienen que ser vendedores o especialistas en marketing para lograr un espacio en los medios de comunicación y para convencer a la empresa privada que es rentable invertir en deporte y en arte. El apoyo económico de la empresa es clave. ¿Se imaginan en cuánto disminuiría la tasa de delincuencia si hubiera más deporte y más arte para los niños y jóvenes?

Hay algo más. Si ese deportista o ese artista, basado en su trabajo, su esfuerzo y el de su familia, lograra algún premio internacional, créanme que en ese momento todos se colgarían de su logro. A su regreso estaría en todos los programas de televisión, en las portadas de los diarios y recibiría premios y distinciones. La pregunta es: ¿dónde estuvieron todos ellos cuando necesitaba esa exposición para conseguir auspicios?

Tengan en cuenta que cuando un peruano está en el extranjero, con su performance representa al Perú, a cada compatriota. La indiferencia es un mal enquistado en el día a día, y solo depende de nosotros cambiar esa triste realidad.

El Perú solo tiene una medalla de oro olímpica para tiro, lograda en Londres 48 por Edwin Vásquez. Tres son de plata: Francisco Boza en Los Ángeles 84, la selección de Vóley en Seúl 1988 y Juan Ghía en Barcelona 92. Nadie más. Y esto no porque nuestros deportistas sean malos, sino porque otros fueron mejores, con más entrenamiento, con más posibilidades.

Sé que el fútbol es el deporte que más “vende” en el Perú, pero al darle solo cobertura a este se impide que niños y niñas puedan descubrir otras disciplinas, y con esto podríamos perder talentos en potencia (lo mismo que pasa con la música). Por ello, está en nuestras manos cambiar esta situación, más aún con los Panamericanos a la vuelta de la esquina. Anhelo que este evento sea el trampolín que mi país necesita para que tanto la empresa privada y los medios de comunicación se convenzan de que todos ganamos apostando por el deporte. Como decía mi abuela: Mente sana en cuerpo sano.