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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
LUNES 16

de setiembre de 2019

IDENTIDAD

Mi patria es el Perú

7/9/2019


Luis Enrique Cam

Documentalista

Hace pocos días hemos celebrado los 90 años de la reincorporación de la heroica Tacna al seno patrio después de un largo y oscuro cautiverio. Este anhelado retorno no hubiera sido posible sin la denodada y homérica lucha de la mujer tacneña.

El Tratado de Ancón, firmado en 1883, puso fin a la guerra iniciada por Chile contra el Perú en 1879, pero el tratado no trajo la paz a todo el territorio peruano. El acuerdo estipulaba que además de la pérdida perpetua de Tarapacá, nuestro país cedía a Chile las provincias de Tacna y Arica con la promesa de un posible retorno después de 10 años por medio de un plebiscito.

Empezó entonces una tenaz resistencia pacífica en las provincias irredentas a la campaña de chilenización. Esta resistencia cultural se hizo mediante las escuelas peruanas, los círculos de arte dramático y literario, la prensa, las sociedades de beneficencia, etcétera.

La administración chilena, al darse cuenta de lo infructuoso de sus esfuerzos por granjearse la simpatía de los pobladores de las provincias rehenes, dilataron la celebración del plebiscito a más no poder. Empezó así una campaña de chilenización violenta en los territorios cautivos. Todo lo que tuviera origen peruano era prohibido, clausurado o perseguido.

Pero estas inicuas represiones no hicieron más que avivar el sentimiento patriótico del pueblo cautivo, en el que tuvo un papel fundamental la mujer tacneña.

En el hogar, las madres infundieron el patriotismo a sus hijos en la intimidad familiar reemplazando las canciones de cuna por el himno tacneño, que reza: “Mantengamos el fuego sagrado del amor a la patria inmortal”.

Ante la clausura de las escuelas peruanas, las maestras organizaron la educación de los niños en casas de familia con el currículo de Lima. En estas escuelas clandestinas destacaron por su valentía Zoila Sabel Cáceres, Manuela Quijano y Carlota Pinto de Gamallo. Las primeras palabras que aprendían los niños en estas catacumbas de peruanidad eran “Mi patria es el Perú”.

El amor al Perú se transmitió de generación en generación, resultando imposible que los tacneños aceptasen otra nacionalidad que no fuera la peruana. Ese ardiente deseo esperado por cerca de 50 años se convirtió en realidad el 28 de agosto de 1929, cuando las autoridades peruanas asumieron nuevamente la administración de la provincia. A partir de ese día se realiza todos los años la solemne procesión de la bandera peruana por las principales calles de la ciudad llevada solo por las damas tacneñas, herederas de sus indómitas antecesoras.