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REPORTAJE GRÁFICO

Mis primeras olas

En verano la tabla de surf capta nuevos adeptos. En la Costa Verde hay decenas de escuelas que enseñan a dominarla a alumnos de 3 a 68 años de edad.

La primera vez que se paró sobre la tabla, las piernas le temblaron como dos palos agelatinados. Debido al sol que achicharra a todo Lima, y no obstante estar en el agua, el sudor le bajaba por la espalda del wetsuit como el coletazo de una culebra ártica y pensó, ¿en qué demonios me he metido? ¡Blum!, el mar le dio su primer revolcón. Tragó espuma y agua de mar. Fue la primera lección.

8/2/2019


José VadilloVila

jvadillo@editoraperu.com.pe

“Vamos, de nuevo”, dijo el instructor, que le ayudó a retomar la confianza, ahí a solo 20 metros de la orilla. Recordó la lección teórica en la playa, aquello sobre la inclinación ligera de las piernas. Era hora de ponerlo en práctica. Y en un momento dado poder encontrarle diversión al asunto.

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José Guzmán ve con orgullo cómo, poco a poco, su hija Claudia y su amiga, dos quinceañeras, rompen el miedo a las olas y logran pararse sobre la tabla. Se caen y vuelven a intentarlo en la playa Makaha. Es la segunda de sus hijas que debuta en el mar y él mismo, jura, en breve tomará lecciones para correr tabla.

En las playas de la Costa Verde, la oferta de escuelas de surf se ha multiplicado. Y Makaha lleva la mayor oferta.

Willy Zárate es instructor de Olas Perú, una institución con 25 años. Dice que ni edad ni condición física son limitaciones. Por ejemplo, ofrecen clases a niños con habilidades diferentes, para quienes utilizan la técnica Tándem, en la que el profesor siempre está en la tabla junto con el alumno.

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En la playa Punta Roquitas, Gilberto Marcas, ‘El Gordo’, de la escuela Perú Surf, es una leyenda desde hace 15 años. Cada día del verano, de 6:00 a 18:00 horas, enseña a alumnos de 3 a 68 años de edad.

Dice que no es indispensable saber nadar para aprender a dominar la tabla de surf porque esa playa les ofrece una “pampa” de 120 metros. Lo más importante es que el alumno salga feliz. Y para ello, lo mejor es que sea un deseo ex profeso de los niños, nunca una imposición paterna.

El Gordo antepone la ética: “No se puede decir que en una clase el alumno saldrá dominando la tabla, eso sería mentir”. Y si el mar está movido, prefiere no enseñar a los novatos. Para él, la tabla de marea es su Biblia.

En la primera lección sí se enseña al alumno a mantenerse erguido sobre la tabla. El resto lo dará la práctica. Lo ideal es venir un par de veces a la semana para aprender, perder el miedo, ganar estabilidad, y en un mes, el alumno podrá dominar la tabla.

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Todos los alumnos que asisten a las escuelas de surf de la Costa Verde deben empezar en una tabla grande o longboard, recibir vestimenta completa (wetsuit y polo licra que los identifique). El uso de “botas” difiere, de acuerdo a los instructores. Las escuelas deben estar afiliadas a la Federación Nacional de Tabla (Fenta Perú) y contar con un seguro médico.

La mayoría de tablistas son varones, pero el número de mujeres aumenta. El mito de que los surferos son solo ‘pitucos’ quedó en el pasado: hoy los nuevos tablistas vienen de todo Lima.

Datos

120  es el precio máximo de una clase de tabla. Hay desde S/ 50.